Noticias del español

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| María Amelia Mansilla
Diario de Cuyo, Argentina
Miércoles, 23 de abril del 2008

LA LENGUA DE CERVANTES

El idioma es uno de los elementos simbólicos y culturales que diferencia al hombre de los demás seres vivos, es una de las herramientas esenciales para el logro de la comunicación humana, mediante su uso como código social establecido.


Toda la trasmisión de ideas y los contactos intelectuales, la interpretación de textos y medios de comunicación orales y escritos, así como la conversación e intercambio cotidiano de pareceres, tienen una base común: el idioma, que tiene raíces hondas que descienden a lo más recóndito del alma de los pueblos.

El idioma castellano, nació en la región de Castilla, y se extendió a toda la península ibérica, luego por América, con un destino más espiritual y más ecuménico que las lenguas greco-latinas. El idioma español, como se lo denomina actualmente, es una de las lenguas más expandidas en el mundo, la segunda lengua más importante del planeta, y la tercera más hablada. Es muy rica en expresiones, sinónimos, y adjetivación. Posee numerosísimos vocablos, muchos han ingresado desde distintos aportes: algunos provenientes del árabes; otros de origen indígena; también palabras usadas por los gauchos; y las provenientes del lunfardo rioplatense.

El español es fruto de un proceso transformador de siglos. Al sistematizar Nebrija la primera gramática, estaba conformando el instrumento que catequizaría a América. Con el idioma español surgió la primera escuela americana, la primera imprenta, el primer libro. Según Martín Alonso, el idioma español habría de fundir el estilo de Cervantes en la armoniosa lengua de Montalvo; la plática familiar de Santa Teresa, en la elevación misma de Sor Juana Inés de la Cruz; Mío Cid en Martín Fierro; la octava real de Ercilla, en la entonación épica de Zorrilla de San Martín; el equilibrio ponderado de Nebrija, en la solidez filológica de Andrés Bello; la intuición crítica de Quevedo y Gracian, en la frase culta de Rodó. Se podría continuar con estas comparaciones, pero es Miguel de Cervantes Saavedra, con su obra El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, quien contribuyó al engrandecimiento de la lengua española, lengua que gracias a él, avanza con empuje civilizador no igualado en la literatura española, que lleva un programa de vida y una voluntad de ser.

Con justicia, en honor a Cervantes se celebra el 23 de Abril el Día del Idioma Español, en recordación de aquel 23 de abril de 1616 cuando él moría en Madrid.

Ante tan valiosa herencia, debemos cuidar y jerarquizar nuestro idioma. No olvidar que a una disposición de pensar corresponde una determinada manera de hablar. En el idioma quedan estereotipadas las huellas del progreso, las aspiraciones y la cultura de los pueblos, es un instrumento valioso de unión, única moneda en el intercambio social. Hay que dignificar el idioma, y especialmente la lengua oral, la lengua familiar, el idioma cotidiano, muchas veces menospreciado. Quien sabe si la significación de la lengua oral, no llegaría a tener trascendencia social y al servir para mejorar la palabra, mejorará también el pensamiento y las acciones individuales. De nada vale una élite intelectual frente a una gran masa desnivelada, existen en la actualidad y en la historia, pruebas irrefutables de los peligros que entrañan las grandes masas analfabetas. Quien sabe si la dignificación de la lengua en la que ese pueblo se expresa, no traería, por lógica gravitación, la dignificación del individuo hablante y la del ambiente en el que tal individuo actúa. A nadie puede parecer extraña esta influencia de la expresión verbal sobre el hombre y su ambiente, desde el momento que la reciprocidad pensamiento-palabra está sentada científicamente: al mejorar la expresión mejora la mentalidad y viceversa. No debe ser exclusivamente a causa de la desigualdad material que surgen y estallan las emociones sociales. Ha de influir también el dolor inexpresado de sentirse hundido en la escala social, en la escala intelectual. Una frase, una inflexión de la voz, bastan para clasificar a los individuos. Dignifiquemos, pues, el idioma, la lengua oral, hagámosla segura, general, bien afirmada en el uso y habremos dado un gran paso hacia la reforma social a la cual todos aspiramos. No olvidar, que así como la imperfección de un sistema de calcular obstaculizaría el arte de las operaciones, así la imperfección de la lengua obstaculiza el arte de pensar. En el mundo de hoy se hablan numerosos idiomas y dialectos. A los hispanohablantes nos corresponde velar por el nuestro y por su pureza, para entregárselo entero y vital a las generaciones que nos sucedan.

Miguel de Unamuno dijo «La sangre de mi espíritu es mi lengua y mi patria es allí donde resuene soberano su verbo, que no amengua su voz por mucho que ambos mundos llene».

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