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| Luis Silva-Villar
impre.com, EE. UU.
Lunes, 26 de julio del 2010

LA JUEZ/LA JUEZA

Toda educación pasa por la comprensión juiciosa de cómo funciona la lengua, y no de cómo creemos que funciona.


Lo dicho se apoya en que el funcionamiento de la lengua es estudiable en forma seria y rigurosa al margen de especulaciones viscerales. Incluso el feminismo, en este caso, puede dejarse al margen sin alterar sustancialmente las conclusiones.

La adopción de «la jueza» por algunos o muchos hablantes demuestra que tras siglos de evolución el género biológico —macho/hembra— tiende a imponerse progresivamente a la morfología del género gramatical —masculino/femenino—. No es nada nuevo. Ya ocurrió en el pasado con las palabras terminadas en or. «Mi señor» se utilizaba para dirigirse a una dama; posteriormente, ya en el Medievo, se impuso el género explícito: señora. Desde una perspectiva histórica, la lengua ha ido marcando más y más dicho género; nunca ha ido de más a menos.

El uso de «la juez», defendido por el DPD (Diccionario panhispánico de dudas), se justifica así: «Por su terminación, es común en cuanto al género (el/la juez)». No se entiende el razonamiento dado porque en español hay palabras terminas en ez tanto masculinas como femeninas: «el ajedrez» y «la desnudez» lo atestiguan. En otra parte (El estilo del periodista), Álex Grijelmo ha escrito sobre esto mismo: «¿por qué [decir] "la jueza" cuando a nadie se le ocurriría decir "la esbelteza",[… ],"la peza", "la nueza"[…]?». El autor, poco esmerado, confunde al lector, pues ocurre que las palabras que menciona son incompatibles con el género biológico. Y aún peor, mezcla palabras terminadas en ez de distinta procedencia y condición: si esbeltez es una palabra derivada de esbeltojuez no lo es—, tanto pez como nuez son evoluciones particulares de nombres latinos: PISCEM, NUCEM. Ninguna de estas palabras, por ello, está relacionada con el problema estudiado, que no es sino la interacción del género biológico con el gramatical en la sociedad moderna. Y es que, además, se pasa por alto que en español sí hay palabras femeninas terminadas en eza: belleza, pureza, simpleza. Incluso nueza, que es una planta.

En consonancia con lo anterior, se ha pretendido colar por los que tratan de estas cosas, que casi nunca son lingüistas, que cuando un nombre (susceptible de tener género biológico) carece de la realización de una terminación en o, este no desarrollará la forma femenina en a. Lo inadecuado de juezo, alguacilo, concejalo, cancillero se pretende hacer pasar como prueba de ello. Lo acertado de médico/médica, de lo contrario. Sin embargo, esta lógica, expresada tal cual: sin más, conllevaría la inexistencia de doncella, reina o profesora por falta, como fácil es de comprobar, de doncello, reino y profesoro—que suena a "mock Spanish"— en hipotética sustitución de los familiares doncel, rey, y profesor.

Por otro lado, si a alguien le suena bien la concejala, una alguacila o esa cancillera, que no se sienta iletrado: es tendencia natural de la lengua española. No queremos dejar de comentar que a veces se rechaza una forma más por quien la dice que por otra cosa; así cancillera se criticó especialmente, hace un tiempo, cuando el presidente Chávez se refirió de esta guisa al cargo de la política alemana Ángela Mérkel. Si se quiere argumentar a favor de la juez, por ello, recomendamos buscar oro en otra parte. Un vistazo a la NGLE (Nueva gramática de la lengua española) no vendría tampoco mal.

Es fácil hablar en una charla de salón sobre esto; también equivocarse. Seamos más responsables a la hora de expresarnos que luego hay quien utiliza lo que lee de forma canalla e insensata.

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