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| Fabio J. Guzmán Ariza Académico de la Lengua Academia Dominicana de la Lengua

La coma

La humilde coma es el signo de puntuación más frecuente y más difícil de usar en nuestro idioma. Denota la pausa más corta dentro de la expresión escrita, más breve que el punto y coma, que el punto y que los dos puntos. Sus reglas de uso, caóticas por largo tiempo, comenzaron a metodizarse a partir de la publicación en 1742 de la Orthographía de la Real Academia. Las normas vigentes datan, en su mayor parte, de mediados del siglo XIX.

 

Por su extensión y complejidad, resulta imposible explicar en una sola columna el tema completo del empleo de la coma. Esto nos obliga a limitar nuestro estudio, a resumir sus normas más importantes y a anotar los errores más comunes que al respecto se cometen en el mundo jurídico dominicano. Quienes tengan interés en adentrarse en el tema pueden consultar, en grado ascendente de profundidad, a la Ortografía de la lengua española (Real Academia Española, Editorial Espasa Calpe, S. A., Madrid, 1999), al Diccionario panhispánico de dudas (Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española, Santillana, Bogotá, 2005), y a la monografía Dónde va la coma (Fernando Ávila, Editorial Norma, S. A., Bogotá, 2004). Este último autor ha elaborado un sistema integral interesantísimo de cómo emplear la coma, que recomiendo a todos mis lectores que sientan la necesidad de ahondar en la materia.

Los principales usos de la coma son los siguientes:

1. Enumeraciones. La coma separa los componentes de una enumeración, ya sea de palabras, frases u oraciones. Ahora bien, si el último componente se une al anterior mediante una conjunción (y, e, o, u, ni), no se pone coma. Ejemplos:

«El juicio se ajusta a los principios de oralidad, publicidad, contradicción, inmediación, celeridad y concentración» (Art. 3 del Código Procesal Penal).

«Los jueces de los tribunales superiores de tierras y los de los tribunales de jurisdicción original deben reunir las condiciones requeridas por la ley, cumplir con los deberes y gozar de los derechos establecidos por la Constitución de la República Dominicana, la ley de Organización Judicial, la ley de Carrera Judicial, la presente ley y sus reglamentos» (Art. 5, Párrafo I, de la Ley 108-05 de Registro Inmobiliario).

2. Incisos: Se le llama «inciso» a la expresión que se intercala en otra con autonomía gramatical para explicar algo relacionado con esta. Son frases incidentales «que cortan o interrumpen momentáneamente la oración», nos dice Manuel Seco en su Diccionario de dudas de la lengua española. En caso de incisos, se utilizan dos comas, denominadas comas explicativas o comas circunstanciales por Fernando Ávila, una delante del comienzo del inciso y otra al final, excepto si el inciso se encuentra al final de la oración. Ejemplos:

«Los bienes inmuebles, aunque sean poseídos por extranjeros, están regidos por la ley dominicana» (Art. 3 del Código Civil).

«La presente ley de Registro Inmobiliario… se complementa de reglamentos y normas complementarias, que son aquellos que la Suprema Corte de Justicia dicte de acuerdo a las características y necesidades particulares del medio en el cual se aplica» (Principio VI de la Ley 105-08 de Registro Inmobiliario).

3. Vocativos. El vocativo va seguido de una coma, si está al principio; precedido de una coma, si está al final; y entre comas, si se encuentra en medio de una oración. Ejemplos:

«Quisqueyanos valientes, alcemos…» (Himno Nacional).

«Sí, señor».

«Marchemos, hijos de la patria, que ha llegado el día de la gloria» (La Marsellesa).

4. Subordinadas que anteceden una oración principal. Se pone coma al final de la subordinada. Ejemplo:

«En caso de que se ordene un peritaje dentro de un proceso judicial ante esta jurisdicción, el juez designará un perito oficial y las partes podrán nombrar… los peritos que estimen convenientes…» (Art. 65 de la Ley 108-05 de Registro Inmobiliario).

5. Enlaces. Los enlaces como además, en tal caso, por tanto, en cambio, en primer lugar, es decir, esto es, o sea, no obstante, sin embargo, etc., se separan con comas. Por igual, ciertos adverbios o locuciones como generalmente, por lo general, en definitiva, cuando desempeñan la función de modificadores oracionales.

Hay otros usos de la coma que son menos comunes, tales como la «coma elíptica», que reemplaza el verbo en la oración del mismo nombre; la «coma bibliográfica», utilizada para separar los distintos elementos de una bibliografía, y la «coma decimal», que separa los números enteros de los decimales en casi todo el mundo, menos en la República Dominicana donde utilizamos el punto por influjo de los Estados Unidos.

En cuanto a los errores en el uso de la coma, el primero que hay que evitar es la llamada «coma respiratoria». La coma es un signo de ortografía o puntuación, no una guía de respiración para los lectores, entre quienes, por demás, pueden existir formas muy disímiles de leer un texto en voz alta. En otras palabras, la presencia de una coma en un escrito no responde siempre a la necesidad de hacer una pausa en la lectura (verbigracia: «No, señor»; «Sí, señor»); y viceversa, en la lectura de un texto, hay pausas breves que no deben marcarse mediante comas.

Los gramáticos modernos prefieren usar la coma con frugalidad. La nueva norma, según Álex Grijelmo (La gramática descomplicada, Taurus, Madrid, 2006), válida tanto para la dietética como para la gramática, es: «cuanto menos comas, mejor». «La coma», continúa diciendo Grijelmo, «debe usarse sólo cuando es imprescindible para delimitar el significado exacto que deseamos transmitir. Siempre que consideremos opinable una coma escribiremos mejor omitiéndola». En igual sentido ha escrito José Antonio Millán (Perdón, imposible, RBA Libros, Barcelona, 2005): «En general, y en caso de duda, es mejor un texto con pocas comas que otro con abundancia de ellas». Y luego: «Cuando una persona poco culta quiere hacer alarde de puntuación, las comas suelen ser las primeras en sufrir… por exceso».

La prosa jurídica está sujeta a las mismas normas de puntuación y de uso de la coma que la prosa en general, aunque se admite la necesidad de puntuar con rigor y cuidado a fin de evitar ambigüedades en el texto. Por lo general, sin embargo, la sobreutilización de la coma en los textos jurídicos dominicanos —o «comiosis», como la hemos llamado— no encuentra justificación en pruritos de precisión idiomática, sino que se debe al desconocimiento de las normas básicas de la puntuación. La legislación dominicana de los últimos años es un muestrario del uso incorrecto de la coma, como ilustramos a continuación:

1. Coma que divide el sujeto del predicado. Nos indica el Diccionario panhispánico de dudas: «Es incorrecto escribir coma entre el sujeto y el verbo de una oración, incluso cuando el sujeto está compuesto de varios elementos separados por comas… Cuando el sujeto es largo, suele hacerse oralmente una pausa antes del comienzo del predicado, pero esta pausa no debe marcarse gráficamente mediante coma». Por consiguiente, sobran las comas en los tres ejemplos que siguen:

«Los expedientes observados, serán retirados por el profesional actuante para ser corregidos…» (Art. 31, Párrafo II, Reglamento General de Mensuras Catastrales).

«El recurso jurisdiccional contra las decisiones del Tribunal Superior de Tierras, se interpone por ante el Pleno del Tribunal Superior de Tierras competente» (Art. 184 del Reglamento de los Tribunales Superiores y de Jurisdicción Original de la Jurisdicción Inmobiliaria).

«El hijo concebido durante el matrimonio, se reputa hijo del marido…» (Art. 312 del Código Civil. Este ejemplo revela que la «comiosis» comenzó a afectar a la legislación dominicana desde sus inicios en el siglo XIX. El texto original francés no lleva coma: L’enfant conçu pendant le mariage a pour père le mari).

2. Uso con las conjunciones copulativas y disyuntivas. Agrega el Diccionario panhispánico de dudas: «El uso de la coma es incompatible con las conjunciones y, e, ni, o, u cuando este signo se utiliza para separar elementos de una misma serie o miembros gramaticalmente equivalentes dentro de un mismo enunciado». Por tanto, están de más las comas antes de las conjunciones en los textos siguientes:

«Los embargos inmobiliarios, y los mandamientos de pagos tendentes a esos fines son de la competencia exclusiva de los tribunales ordinarios…» (Art. 3, Párrafo I, Ley 108-05).

«Ejecuta las sentencias penales dictadas por la Jurisdicción Inmobiliaria, y las demás decisiones que sean susceptibles de ejecución forzosa…» (Art. 12.3 de la Ley 108-05).

«El sorteo se realizará en un plazo no mayor de cinco (5) días a partir del depósito de la demanda introductiva de instancia, o del escrito que da inicio al proceso» (Art. 10, Párrafo I, del Reglamento de los Tribunales Superiores de Tierras y de Jurisdicción Original de la Jurisdicción Inmobiliaria).

Es correcto poner coma antes de y en algunos casos, por ejemplo, cuando abre o cierra un inciso: «Ejecuta las sentencias penales dictadas por la Jurisdicción Inmobiliaria, en atribuciones contenciosas, y las demás decisiones…».

3. Comas respiratorias. Ejemplo:

«El diagnóstico catastral es el acto administrativo por el cual, la Dirección Regional de Mensuras Catastrales, determina si un inmueble ya registrado reúne los requisitos indispensables para cumplir con el principio de especialidad…» (Art. 148 del Reglamento General de Mensuras Catastrales).

Fuera del ámbito legislativo, cabe agregar otro error:

4. Coma en las fórmulas de saludo en cartas. Es un anglicismo ortográfico que debe evitarse; en español se emplean los dos puntos. Es incorrecto escribir «Querido amigo,» en lugar de «Querido amigo:».

Para terminar, vale la pena repetir una vieja anécdota que resalta la importancia de la coma y del lugar donde se coloca. Cuenta José Antonio Millán, en su obra citada, que una vez al emperador Carlos V del Sacro Imperio Romano, Carlos I de España, se le pasó una sentencia para la firma cuyo dispositivo expresaba: «Perdón imposible, que cumpla su condena». El monarca, en un arrebato de generosidad, movió la coma una palabra hacia la izquierda y la frase quedó así: «Perdón, imposible que cumpla su condena». Y el simple desplazamiento por unos centímetros de la coma salvó a un pobre hombre de años de cárcel. ¿Valorarán nuestros legisladores algún día la trascendencia de la humilde coma?

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