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Agencia Efe

Lunes, 17 de octubre del 2011

La Academia incluirá en el diccionario el término ‘helada negra’


El término helada negra, como homenaje al mundo rural que traspasa la obra narrativa de Miguel Delibes (1920-2010), formará parte de la próxima edición del Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), según ha anunciado en Valladolid el director de esa institución, José Manuel Blecua.


«Prometo incluir la helada negra en la nueva edición del DRAE para que acompañe así a la helada blanca que sí figura», ha anunciado Blecua durante su intervención, delante de los Príncipes de Asturias, en el acto de presentación oficial de la Fundación Miguel Delibes, constituida administrativamente en marzo pasado.

El director de la Academia de la lengua ha ponderado el habla coloquial, en distintos registros y niveles de locución, al glosar durante una breve intervención la dimensión literaria del autor vallisoletano.

También ha referido la utilización de vocablos en desuso, caso de helada negra, como una de las consecuencias de esa cualidad de «observación léxica» que en muchas ocasiones, con éxito y sin él, Miguel Delibes trasladó a la Docta Casa como inquilino del sillón letra e minúscula, que ocupó entre el 25 de mayo de 1975, fecha de su discurso de ingreso, hasta el 12 de marzo de 2011, de su óbito.

La helada negra, citada en varios pasajes de novelas de Delibes, se refiere al fenómeno atmosférico consistente en la repentina bajada nocturna de la temperatura del aire por debajo de los cero grados centígrados, con ausencia de humedad pero sin llegar a la formación de hielo que caracteriza a la helada blanca.

Acontece en épocas no necesariamente invernales, ataca a las plantas hasta producirles quemaduras de aspecto negruzco, y era muy temida como describió Delibes en un capítulo de Las ratas (1962) donde los aldeanos, recluidos en la taberna durante la madrugada, se aferraban como una tabla de salvación a la espera de un súbito viento que disolviera el fenómeno que barruntaban y que, de no mediar un milagro, acabaría con la cosecha de cereal.

«En el pueblo, las gentes maldecían de la soledad y ante los nublados, la sequía o la helada negra, blasfemaban y decían: No se puede vivir en este desierto», escribió Delibes en un pasaje de Las ratas

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