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Agencia Efe

Miércoles, 16 de febrero del 2011

Jorge Edwards reflexiona sobre el «extraordinario misterio cultural» del español


El escritor chileno Jorge Edwards, Premio Cervantes 1999, se ha hecho hoy eco en la ciudad española de Valladolid del «extraordinario misterio cultural» que representa la unidad de la lengua castellana en un espacio geográfico «tan grande».


«Somos una lengua unida pero posiblemente atrasada en ciencia y tecnología, ámbitos donde el habla anglosajona imponen la norma. Es cuestión de aplicar voluntad para resolver esa cuestión», manifestó el autor a los periodistas antes de inaugurar unas jornadas en la Universidad de Valladolid.

Sobre la penetración en el español de términos relacionados con internet, dice que «hay que mantener el idioma» mediante la progresiva implantación de términos con un significado equivalente.

El escritor hizo estas declaraciones antes de la apertura de «Encuentro y Bicentenario», un seminario de análisis y debate sobre la situación de Iberoamérica ante los bicentenarios de independencia de varias repúblicas (1812-2012), con la participación de profesores universitarios de diversos países hispanoparlantes.

La emancipación en el siglo XIX de las colonias españolas en América «fue política pero no cultural porque la lengua nunca se perdió», e incluso se realizaron esfuerzos en favor de ésta como en Chile ocurrió con el humanista Andrés Bello (1781-1865), añadió el autor de La casa de Dostoievsky (2008), quien desde hace dos años goza de la nacionalidad española.

Dos siglos después, en palabras de Jorge Edwards, se ha verificado un «misterio cultural bastante interesante: la lengua se ha mantenido con la misma sintaxis aunque con pequeños matices, cambios y giros» propios de cada país y sin que afecten a su entendimiento.

«En el resto del mundo es muy difícil que se produzca un fenómeno similar al del español: es la misma lengua desde el norte de México hasta el sur de Chile y eso lo tenemos que aprovechar», agregó este escritor, periodista, crítico y también diplomático de carrera que tuvo en París, de 1962 a 1967, su primer destino en una legación.

Ese «misterio cultural» ha redundado, en opinión de Edwards, en la «democratización del mundo hispano» al permitir una comunicación «más libre» y contribuir a «un mundo literario más fructífero e interconectado».

Además, considera, se ha producido «una comunicación extraordinaria en los países de habla hispana que antes no existía».

Dentro de esa patria común que es el idioma, Edwards no cree que exista una determinada «capital del idioma», ya que lo «son todas: Quito, La Paz y Valladolid».

«El español no es sólo de Castilla. Tenemos una lengua mestiza, llena de matices mezclas e influencias que la enriquecen», precisa sobre el papel que juega el ciudadano de a pié en la fijación y evolución de un idioma, por encima de las Academias.

«La lengua la hace el pueblo, la gente. Resultaría muy optimista pensar que la hacen un grupo de caballeros sentados alrededor de una mesa (académicos). En sus diccionarios y gramáticas, con toda la buena voluntad, las academias reflejan esa evolución», concluyó. 

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