Noticias del español

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| Luis Silva Villar
La Opinión, EE. UU.
Martes, 30 de septiembre del 2008

IDIOMA: EL iPod EN ESPAÑOL

Los tiempos que corren plantean nuevos retos al español, sobre todo mientras continúen importándose nombres exóticos que descuartizan la lengua. Con cada invento llega un anglo-capricho: ¿De qué género gramatical es «iPod»? Su ortografía peculiar perturba y agota los recursos convencionales.


Allí donde los expertos no se mojan el sorprendido hablante se ve obligado a improvisar soluciones, o callarse.

Los nombres sustantivos en español, y iPod es uno más, tienen todos género: masculino o femenino. Si se trata de dejar correr la lengua sale natural «el iPod». Las ocurrencias de los hablantes nativos nos dan matices curiosos.

Fíjense en este comentario: «no sé qué género ponerle 'al' iPod, si será 'el' o 'la'». ¡Escúchate hermano! ¿Por qué preguntarlo si ya lo sabes? Están los que quieren «la» para llevar la contraria. Dice uno que porque es «una máquina». ¿Quién se lo habrá dicho? ¿Y por qué no «un procesador»? Ese no es el camino. Ya vivimos la experiencia de «internet» y «la red». Sobre hacerlo nombre propio, que también se quiso hacer con «internet», hay comentarios sensatos: ¿quién diría «sacaron nuevo iPod»? O «súbele a iPod».

Hay quien asegura que como le dice a su novio «pásame la cosa», que tiene que ser «femenino». La inocencia y el candor no excluyen las alucinaciones. Y otro que dice: «prefiero nombrarlo así: un iPod o mi iPod, sin género». ¿Cómo que sin género? «Un…(¿)». Suéltalo que da calambre.

La pronunciación del nombre del producto: /áipod/, /ípod/, o /ipód/, condiciona su gramática. La mayoría, en EE. UU., se decanta por pronunciar /áipod/. Es importante decidirlo a tiempo porque si es /áipod/, ocurre que aunque fuera una palabra femenina, tendría que seguir siendo «el», pues sería un nombre como «agua». No decimos «el agua claro», sino «clara». ¿Qué se diría entonces, «el áipod 'nuevo', o 'nueva'»?

Yendo a Google encontramos estadísticas aproximadas: «el iPod», más de millón y medio; «la iPod», 76,900. Esta fase de la difusión del producto es esencial para la investigación porque, más adelante, el valor lingüístico de los datos se deteriorará con la manipulación de los correctores automáticos.

Un aspecto en el que se han fijado pocos es en la mayúscula interior: iPod. Esto es algo nuevo y revolucionario. Es razón suficiente para que no se quiera escribir en español «ex» pegado al nombre. Porque habría que escribir exRey. Lo contrario podría empequeñecer «al Rey»: Exrey.

La faceta creativa de la 'i', que empezó con iMac, ha fructificado imparable: iBook, iPhoto, iTunes, iLife, iJoy; y se extiende hasta el programa de TV iCarly.

La adopción del masculino «el iPod», con ser importante, no resuelve qué hacer con la mayúscula interior. Ni con la propia 'i'. Porque ¿cuál es la contribución de la 'i'?

La 'i' ha evolucionado a bandazos. La primera 'i' fue la de iMac, en 1998, (Dan Frakes, Macworld). Allí era la de «internet». El iMac se especializaba en su acceso. Después perdió ese valor hasta llegar a ser una identificación libre de producto y usuario. El iPod remite a un receptáculo que «yo» organizo como «a mí» más me place. Y sin intermediarios. La propaganda del iMac ya apuntaba tiempo atrás a esta «iDentidad». Había un anuncio —recuérdese— que jugaba con el «pienso, luego existo» cartesiano. Decía: I think, therefore iMac 'pienso luego «me hago con un» Mac'.

La 'i' tiene un significado preciso en inglés que en español es intangible; cómo sacarlo a flor de piel es una dificultad que habrá que resolver, pero sin apuros de espacio.

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