Noticias del español

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| Silvio Avilez Gallo
nicaraguahoy, Nicaragua
Lunes, 30 de agosto del 2010

¿HACIA DÓNDE VA EL ESPAÑOL?

El idioma español o castellano es el vehículo de comunicación de unos 500 millones de personas esparcidas a lo largo y ancho del mundo y es, después del chino mandarín, el idioma de mayor utilización en el mundo como lengua materna de la comunidad hispanohablante, que incluye también a Estados Unidos, Filipinas y Guinea Ecuatorial.


Su nacimiento, en la península ibérica, se pierde en la noche de los tiempos, pero generalmente se acepta que su evolución, a partir del latín vulgar del desaparecido imperio romano, se fortaleció alrededor del siglo XI de nuestra era, cuando aparecieron los primeros textos en dialecto románico castellano que se conservan en la iglesia de Santa María de Burgos. Pero su consolidación como futura lengua se dio en tiempos del rey Alfonso X de Castilla y León, llamado el Sabio, en la segunda mitad del siglo XIII.

Sin embargo, a partir del siglo VIII, los distintos reinos que integraban la antigua Hispania romana debieron hacer frente a la invasión y colonización árabes, principalmente en el sur de la península, donde casi ochocientos años de dominio musulmán lograron dejar una influencia y una impronta determinantes en la naciente lengua, que registra numerosísimos aportes culturales y lingüísticos que perduran hasta nuestros días. La lucha por la supervivencia de la fe y el idioma concluyó con la Reconquista en 1492, fruto de la cruzada emprendida por los Reyes Católicos, que afianzó definitivamente la importancia del castellano y su difusión planetaria con el descubrimiento de América ese mismo año.

El castellano vivió su apogeo durante el llamado Siglo de Oro a partir de la segunda mitad del siglo XVI, principalmente en el ámbito de la cultura y la literatura, que curiosamente se acompañó del declive progresivo del imperio español en el plano político. Simultáneamente, el idioma se fortaleció y enriqueció con los invaluables aportes de intelectuales y escritores americanos que lo revitalizaron y le infundieron nuevo brillo. En ese aspecto, muchos peninsulares y americanos reconocen en Rubén Darío al padre del modernismo y gran artífice de la renovación de la poesía y prosa en lengua española.

Pero cuando todo pareciera indicar que el español está firmemente anclado, he aquí que el futuro del medio de expresión de una vasta comunidad se ve amenazado por la fragmentación, no obstante la labor llevada a cabo por la Asociación de Academias de la Lengua. Lo que no pudieron lograr los invasores de la antigua Hispania —particularmente árabes, godos y visigodos— paradójicamente lo están consiguiendo los propios integrantes del conglomerado hispanoamericano que, cual caballo de Troya, socavan desde el interior la cohesión del idioma y ponen en jaque la supervivencia de su universalidad. Curiosamente a esto ha contribuido el auge de la comunicación instantánea y la falta patente de cultura de parte de algunos cibernautas, que se empeñan en inventar no sólo un vocabulario ad hoc sino también su propia sintaxis y ortografía.

Si a esto agregamos la contaminación de otras lenguas —particularmente del inglés, gracias a que se ha convertido en el vector vernáculo de la tecnología— se comprenderá que el peligro de fragmentación es real y que no pasarán muchísimos años antes que tengamos que hacer frente a un mosaico de dialectos vinculados muy laxamente con la lengua madre.

Pareciera una ficción científica pensar que las Academias de la Lengua pasarán a ser piezas de museo o, en el mejor de los casos, deberán editar y actualizar un sinnúmero de manuales para «traducir» al español las múltiples versiones de un idioma que hasta ahora ha sido común.

Es natural que una lengua que sirve de medio de expresión a una comunidad tan vasta y diseminada por los cinco continentes se haya enriquecido con los aportes de los pueblos hispanohablantes. Prueba de ello es la publicación del Diccionario de americanismos, que recoge más de 60.000 voces y acepciones propias de los diversos países que utilizan la lengua de Cervantes. Su uso generalizado permitirá una mejor comprensión de modismos y expresiones propias de cada país con la finalidad, entre otras, de consolidar la unidad en la diversidad. Pero otra cosa es que cada quien tire por su lado y se termine por fraccionar la universalidad del castellano.

Quiera Dios que no tengamos que preguntarnos, parafraseando al gran Rubén, ¿tantos millones de hombres hablaremos castinglés?

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