Noticias del español

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| María Luisa García Moreno
Blog Correctores en escena, Cuba (Publicado en El diario digital de México, Cubaperiodistas y Cubahora)
Lunes, 19 de abril del 2010

HABLEMOS, SIN TEMORES NI COMPLEJOS, NUESTRO ESPAÑOL

Hoy, el español es la tercera lengua más hablada del mundo —detras del chino y el inglés—. Lo hablan como primera y segunda lengua entre 450 y 500 millones de personas. Es, además, el segundo idioma más estudiado en el mundo, después del inglés; el segundo en internet y uno de los idiomas oficiales del movimiento olímpico.


La Real Academia Española se apresta, cada vez más, a aceptar en el léxico oficial los americanismos surgidos en las diferentes variantes habladas por los pueblos latinoamericanos y en el V Congreso de la Lengua, suspendido por el terremoto que azotó al hermano pueblo chileno, una de las actividades previstas era la presentación del Diccionario de americanismos. Resulta lógico que así sea, pues en definitiva, en este continente radica la inmensa mayoría de los hispanohablantes; ello implica una aceptación más plena de nuestras identidades nacionales y de nuestra contribución al enriquecimiento de la lengua común.

Se llama variantes regionales americanas a cada una de las diferentes formas con que se presenta el idioma; su aceptación se aprecia en el Diccionario panhispánico de dudas, cuya primera edición fue aprobada en el IV Congreso de la Lengua Española, celebrado en Colombia.

Por otra parte, también se prepara un Diccionario caribeño que, como expresión de identidad cultural e histórica de la región, contiene vocablos típicos de República Dominicana, Puerto Rico, Colombia, Venezuela y Cuba.

El cubano —alegre y jaranero, pícaro y simpático, imaginativo y vivaz— se muestra de cuerpo entero en su forma de hablar, reflejo inequívoco de su idiosincrasia.

La variante cubana del español podrá ser popular —como reflejo de nuestra real y verdadera democracia—, y algunas veces, hasta vulgar, lo que en dependencia del contexto de que se trate podrá ser aceptable o no; pero es siempre pintoresca… De ahí los ocurrentes piropos, la fraseología popular, el reflejo de nuestro sistema sociopolítico en la lengua que, de esa manera, contribuimos a enriquecer. Si tiene alguna duda acerca de ello, piense solamente en términos como cederista y anirista derivados de siglas, lo que constituye un procedimiento bien original para formar nuevas palabras.

Es bueno recordar que —al decir de Nuria Gregori Torada, directora del Instituto de Literatura y Lingüística— «[…] el 'mejor' español madrileño se habla en Madrid, mientras que el ‘mejor’ español habanero se habla en La Habana y el 'mejor' español santiaguero se habla en Santiago de Cuba […]». No se debe confundir la calidad en el uso de nuestra lengua con la mala educación formal que muestran algunos sectores de la población.

Numerosos vocablos, resultado de nuestra idiosincrasia o de la otros pueblos hermanos caracterizan nuestras variantes. Por ejemplo, en Cuba se llama tranque a lo que en Colombia se nombra trancón, en Venezuela cola y en España embotellamiento o atasco. Nosotros decimos bocina a lo que un español denomina altavoz, un mexicano altoparlante y algunos baffle —anglicismo innecesario ante tantos términos en nuestro idioma para escoger, incluso, está aceptado bafle—. En Cuba y en Bolivia se nombra pila, a lo que en México llave (también en Cuba) y en España grifo.

Esas diferencias dan al idioma su diversidad y riqueza y, por supuesto, no obstaculizan el entendimiento.

La variante cubana del español es rica y hermosa. Seamos conscientes de ello y hablemos, sin temores ni complejos, nuestro español.

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