Noticias del español

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| Luz Nereida Pérez
Claridad, Puerto Rico
Viernes, 11 de julio del 2008

HABLEMOS ESPAÑOL: DE SARTAS Y RETAHÍLAS

Sí. Así como las ve: sarta y retahíla y no «ensarta», «retrahílaS o «retrajila»… Se oyen en conversaciones, se escuchan impecablemente pronunciadas —desde el punto de vista de la dicción— por parte de funcionarios, ejecutivos, periodistas, comentaristas y locutores, pero resulta que lo correcto en nuestra lengua materna no es una «ensarta» de disparates, ni una «retrajila» o «retrahíla» de mentiras.


Veamos, pues. El Diccionario de la Real Academia Española —tradicionalmente identificado como la «normativa léxica» del español, aunque algunos opinen que en su última edición (2001) más bien parece un diccionario de uso— establece que el sustantivo femenino sarta procede del latín sartum o atado. Seguidamente adscribe a éste tres acepciones: «serie de cosas metidas por orden en un hilo, en una cuerda, etc.»; «porción de gente o de otras cosas que van o se consideran en fila unas tras otras» y «serie de sucesos o cosas no materiales, iguales o análogas» como una sarta de desdichas, una sarta de disparates, una sarta de mentiras o una sarta de insultos.

Esta fuente codifica también al verbo ensartar, del cual señala que se forma de en- y sarta y le define de primera intención como «pasar un hilo, cuerda, alambre, etc. por el agujero de varias cosas»; luego como «espetar, atravesar, introducir» y en su tercera acepción alude a «decir muchas cosas sin orden ni conexión». Señala, además, el Diccionario de la Real Academia Española que en Honduras, México y Nicaragua este verbo aplica al «hacer caer a alguien en un engaño o trampa» y que en Cuba y Venezuela [igualmente en Puerto Rico] ensartar es «enhebrar la aguja».

Por otro lado, el también sustantivo femenino retahíla, formado de recta e hila, se define como: «serie de muchas cosas que están, suceden o se mencionan por su orden». En el Diccionario español de sinónimos y antónimos, obra monumental de Federico Sainz de Robles, se nos ofrecen como sinónimos para la voz sarta, las alternativas: retahíla, ristra -«conjunto de ciertas cosas colocadas unas tras otras», como una ristra de ajos-; ringlera, hilera -«orden o formación en línea de un número de personas o cosas»- y también contamos en nuestra lengua con la voz sartal.

Para retahíla, Sainz de Robles nos da como equivalentes a conjunto, serie o rosario. En este último sinónimo aplica la tercera acepción de la voz rosario que nos ofrece el lexicón académico como equivalente a «serie» y, como bien se indica en la fuente de la Academia, suele utilizarse expresiones como la figurada y literaria un «rosario de angustias», que en algo nos evoca a algún poema lorquiano o tal vez algo del romancero tradicional ibérico.

Es pertinente observar la acentuación de la palabra retahíla. Aquí aplica una regla de acentuación que al parecer confunde a muchas personas o no es bien explicada en el sistema educativo. De ahí, por ejemplo, que se vean tantos documentos que «prohiben» algo, cuando debió haberse acentuado: prohíben. Por ello, citamos a continuación la regla, tal y como está expresada en la Ortografía de la lengua española, documento emitido en octubre de 1999 por la Real Academia Española:

Regla 4.4.2 (p. 46) (prohíbe, rehúye, rehúsa)

La h intercalada entre dos vocales no implica que éstas formen un hiato. Tampoco impide que el hiato con h intercalada lleve tilde si es preciso. Ejemplos: vahído, ahínco, búho, rehúso, prohíben, ahúman, vehículo, turbohélice.

El primer vocablo aquí trabajado —sarta— nos produce evocaciones nostálgicas borradas por el progreso y las prisas con que vivimos. Desde que se han construido las autopistas, que nos obligan a obviar los centros de los pueblos o las carreteras menores para llegar más pronto a nuestros destinos, hemos dejado de ver —y de patrocinar— las ventas de pajuiles o cajuiles que nos ofrecían los agricultores o cultivadores desde la orilla de la carretera norte en ruta hacia el oeste de Puerto Rico para confeccionar con ellos dulces en almíbar o abrillantados o agua de pajuil. Era un espectáculo de colores ver estas sartas con los rojos y amarillos de las frutas en contrate con el marrón de la nuez que las corona.

De igual modo, ya es también escaso el toparnos con las sartas de jueyes, de cascos grisáceos o azulosos, que se ofrecían en venta a lo largo de la costa norte, en ruta hacia el este de la Isla Grande de nuestro archipiélago boricua. Aquellos jueyes, fascinantes a la vez que aterradores, recién capturados durante la oscuridad de la noche, deslumbrados por la luz de las linternas o el fuego de una tea, para acabar ensartados y en venta en las carreteras costeras del país en patética y móvil sarta. Mucho se gana, pero también mucho se pierde —y muchos pierden— con eso que llamamos progreso.

El sustantivo femenino retahíla, formado de recta e hila, se define como: «serie de muchas cosas que están, suceden o se mencionan por su orden».

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