Noticias del español

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| Luz Nereida Pérez
claridadpuertorico.com, Puerto Rico
Miércoles, 1 de abril del 2009

HABLEMOS ESPAÑOL: DE GRINGOS Y GRINGADAS

A la voz gringo, por lo general, le acompaña un matiz despectivo o despreciativo. Son muchas las personas que se preguntan de dónde proviene este uso y son abundantes las teorías que le atribuyen su origen a una u otra circunstancia histórica o de lenguaje.


En el Diccionario crítico, etimológico, castellano e hispánico, obra monumental del catalán Joan Corominas, se indica que para los siglos XVIII y XIX es que aparece por primera vez el vocablo gringo en uso en España, como deformación del gentilicio ‘griego’. Se explica también que ante la divulgación del latín eclesiástico que la Iglesia Católica practicaba, se contraponía el griego como lenguaje incomprensible. Se dice igualmente en esta fuente que dicha alteración era aplicable solamente al lenguaje.

Martín Alonso resalta en su Diccionario del idioma que en América se generalizó la aplicación de esta palabra para designar a toda persona que hablara un lenguaje incomprensible para los hispanohablantes, especialmente si su lengua era la inglesa. En Argentina, originalmente designaba a los italianos y en México, Colombia, Guatemala y Venezuela denomina de modo particular a los estadounidenses. En toda América Central y en las Antillas, su valor es despectivo y es equivalente al gentilicio ‘yanqui’. En Puerto Rico, su uso es tan despectivo como la creación boricua cangrimán, de la que se afirma en el Tesoro lexicográfico del español de Puerto Rico que es palabra procedente de la expresión inglesa congress man y que se refiere a 'persona de gran poder e influencia política', al 'tipo listo y hábil' y ha habido quien lo use en alusión a un policía.

Entre las acepciones que recibe el sustantivo gringo o gringa, hay uno alusivo a 'persona rubia y de tez blanca' que aparentemente y, según se indica en el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), es de uso en Bolivia, Honduras, Nicaragua y Perú. El Diccionario de uso del español actual Clave, por su parte, incluye una sola definición para esta palabra como aplicable a 'persona nacida en los Estados Unidos de América', señala que su origen es incierto y su uso despectivo. Iguales matices reciben las palabras gringada y gringaje para mencionar de modo despreciativo al conjunto de los gringos. El verbo agringarse se acoge y define como propio de América —'tomar aspecto o costumbres de gringo'— y es agringado o agringada quien tiene tal aspecto o costumbres. Es decir, quien es pitiyanqui, vocablo que recoge el DRAE —del francés petit y el inglés yankee— y es definido como 'imitador del estadounidense'. En versiones anteriores de esta misma fuente se atribuía su uso y origen a Puerto Rico, sin embargo, una enmienda que aparecerá en la próxima edición (2013) lo identifica con Venezuela.

Una de las versiones más generalizadas para el uso del gentilicio despectivo gringo en América es la asociada con la historia de México.

Los mexicanos aducen que el vocablo procede de la frase inglesa green go que traduciría literalmente como 'verde, váyase'. Se afirma que durante la guerra entre México y Estados Unidos, los estadounidenses utilizaban uniformes militares verdes y que en repudio a estas huestes los mexicanos gritaban green, go, frase paralela a Yankee, go home. Esta última se ha utilizado invariablemente por parte de los habitantes de los países invadidos por los estadounidenses, los que tanto usted como yo sabemos que no han sido pocos, dada la manía intervencionista de los gringos. Esta versión etimológica de la voz gringo, aunque no es oficialmente citada por las fuentes lingüísticas que hemos podido consultar, está bastante generalizada en las tierras aztecas.

La normativa léxica académica acoge también entre sus páginas al sustantivo americanada, paralelo a gringada en cuanto a lo despectivo. Ocupa lugar en esta fuente desde la edición de 1992 y recibe dos acepciones: 'película típicamente estadounidense' o 'dicho o hecho propio de los angloamericanos'. Certera palabra, sin duda, en lo concerniente a las películas porque mire que hay gringadas en las películas producidas en Estados Unidos: tan predecibles como sellos de goma. Por ejemplo, la escena repetitiva de comer mantecado directamente del recipiente en que lo envasan, que suele ser un candungo con un litro o más de mantecado, suficiente para una familia. Vergonzoso acto de gula, unido a la falta de delicadeza y mesura al no servirse en un plato o escudilla para entonces proceder a consumirlo.

Otra escena repetitiva es cuando dos personas se van a trabajar a una casa después de horas de oficina. Dé usted por descontado que cenarán comida china en envases cuadrados con manguitos de alambre. Y, ¡por supuesto!, no se servirán en platos, sino que comerán directamente de los recipientes con los palitos para ello.

En cuanto al cliché beso-cama, también puede darlo por sentado. Un beso —¡uno solo!— y al instante se zumban en la cama. Y también será totalmente predecible lo que sigue: el hombre se levanta y se pone los pantalones (¡sin calzoncillos!) y se va. Seguidamente ella estira la mano palpando la cama y con cara de plena satisfacción, después de haber copulado con aquel cheche, para entonces abrir los ojos como macos al no encontrarlo allí porque el niño ya cogió las de Villa Diego.

Y ni qué decir de las gloriosas escenas de los impolutos y heroicos ejércitos de Estados Unidos: defensores de los intereses de las corporaciones gringas (alias democracia y libertad). Son héroes sin par y reciben medallas relucientes sobre sus impecables uniformes, pero nada se dice de la secuela que dejan a su paso de enfermedades sexualmente transmisibles, de la ristra de hijos bastardos, de su falta de respeto a las mujeres de otras culturas, de los agentes contaminantes que esparcen por doquier… ¡Qué americanadas, mi gente! ¡Vaya con las gringadas!

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