Noticias del español

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| Luz Nereida Pérez
claridadpuertorico.com, Puerto Rico
Miércoles, 18 de febrero del 2009

HABLEMOS ESPAÑOL: CANICAS

¿Corotes, cocoses o bellas? ¿Collotes, metras, chibolas o catotas? Son las canicas, las bolitas de cristal. Ésas, las de jugar bolita y hoyo o corote.


Yo nunca las jugué porque me decían que era juego de varones. ¡Vaya con la enseñanza igualitaria y equitativa! Mi hermano sí jugaba bolita y hoyo y tenía una fundita de malla repleta de ellas. Me encantaba mirar sus colores, sentir su textura, observar sus diseños y seleccionar las más grandes, a las que llamábamos bolones. Mis hijos, en cambio, apenas jugaron bolita y hoyo.

Probablemente su contacto más frecuente con estas fascinantes bolitas de cristal fue con las canicas de las damas chinas —chinese checkers—. Intuyo que si no nos ocupamos de transmitirles la tradición, mis nietos no jugarán bolita y hoyo. (Los dos, que conste. Tanto Miguel Eduardo como Ana Isabel. Ana tiene todo el derecho del mundo de ñangotarse para jugar bolita y hoyo porque su mundo no habrá de ser machista.)

Como puertorriqueños —aunque nacidos en Oregon, USA— no pueden perderse la oportunidad de jugar bolita y hoyo, al chico, a las cintas, guillotina, toco palo… Ana debe algún día caminar con zapatos de tacos de latas de refrescos y Miguel deberá aprender a jugar gallitos. Porque su puertorriqueñidad no la determina el sitio donde nacieron, sino su ascendencia de padres, abuelos y bisabuelos y la cultura e idioma que les transmitamos. («Yo sería borincano aunque naciera en la luna.»)

El vocablo canica llega al español procedente del francés canique y a este idioma le llegó del neerlandés knikker. El Diccionario de la Real Academia Española indica que el término es alusivo al 'juego de niños que se hace con bolas pequeñas de barro, vidrio u otra materia dura'. Se trata de un juego universal que repite las mismas reglas en casi todo el mundo. Su historia se remonta al antiguo Egipto, de cuyos tiempos (3.000 años a. de C.), los arqueólogos han encontrado una tumba de un niño egipcio en cuyo sarcófago había canicas. Se jugaban en tiempos tan lejanos como los de Creta (Grecia), en la Roma clásica y en la Edad Media, épocas en que se usaban aceitunas, avellanas y castañas para este juego.

El Tesoro lexicográfico del español de Puerto Rico señala que al juego de bolita y hoyo también se le denomina mediante el indigenismo corote, palabra paralela a corozo, tipo de semilla que algunos usaban para este juego. Se define al corote como 'juego de niños con canicas. También conocido por bolita y hoyo' y luego nos remite a la infancia en nuestros campos boricuas al describirnos el acto como: 'juego de los niños campesinos, consistente en apilar los ‘matos’ de cinco en cinco en el suelo, a una distancia relativa, impulsar con el dedo pulgar sobre el mismo suelo un llamado ‘mato picador’, para derribar las pilas. Los matos de cada pila le pertenecen en su turno si las derriba; si no, pierde y es el turno del otro jugador. Corote es cuando el ‘mato picador’ derriba una pila.' Entendiéndose por matos las 'semillas duras y de colores que utilizan los niños en sus juegos'. El juego, según esta fuente, recibe en nuestra tierra los nombres de bolita y hoyo, bolihoyo, hoyito y hasta embique —palabra que identifican como arcaísmo—.

Dentro de las modalidades del juego, encontramos la cuarta en la que, una vez la bola ha rebotado lo más lejos posible, el próximo debe acercarse con la suya a una distancia equivalente a la medida del dedo pulgar al meñique. El próximo jugador tira y si hace cuarta con alguna canica, ésta pasa a su poder. Cuando queremos obtener canicas dándoles con la nuestra, entonces se trata de chili, quiña o cholín. Cuando se juega combinación de las anteriores, suele llamársele chili y cuarta o cuarta y cholín. También se juega al caldero o la olla, que se hace tirando a un círculo hecho en la tierra tratando de alcanzar el centro.

Es interesante consignar que México realiza el 80 % de la producción mundial de canicas, desde donde la empresa Vacor de México, S.A. las exporta a 42 países. Venezuela les llama metras; el interior de México, catotas; El Salvador, chibolas; y en Palma de Mallorca se les llama collotes. En Puerto Rico, hemos observado que en Vieques les llaman bellas —como nos lo ha señalado Carlos Prieto Ventura— y en San Sebastián del Pepino dicen que las canicas son cocoses, como con gran entusiasmo y cara de niño en juego, nos ha dicho el amigo y poeta pepiniano Julio Soto.

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