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| Juan Solís
El Universal (México)
Lunes, 27 de febrero del 2006

«HABLAR BIEN, UN VALOR A RESCATAR»

Fernando Serrano Migallón, nuevo miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, enfatiza que la institución no es una camisa de fuerza para el idioma, y que en la sociedad está el equilibrio


Sin ser una camisa de fuerza, una academia de la lengua debe mostrar que hablar bien es un valor, y reflejar que aunque hay varias formas de decir las cosas, no todas son correctas.

Así piensa Fernando Serrano Migallón, quien acaba de ser designado miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.

Abogado y director de la Facultad de Derecho de la UNAM, Serrano encuentra esos vacíos del lenguaje en distintos escenarios en el México actual, uno de los que señala es el discurso político que encuentra lamentable en forma y fondo.

«No es solamente lo que se dice, sino cómo se dice -asegura-. Siempre ha habido violaciones a las leyes y a las normas, a la lengua, y siempre ha estado mal visto. Estamos en un momento en que ya no importa que un ama de casa diga que ella siempre ha dicho a sus hijos que hagan lo que les dé la gana siempre y cuando sean los mejores. Me preocupa la falta de valores en el discurso político y el no concebir que decir las cosas bien es también un valor.»

El consejo maternal, expresado en pasados días por Marta Sahagún de Fox, le preocupa tanto a Serrano como la pobreza del vocabulario de los jóvenes, la peculiar ortografía manejada en el chat o los mensajes instantáneos enviados a través de los teléfonos celulares.

Serrano, colaborador de El Universal, sabe que la sociedad maneja la lengua de acuerdo con sus necesidades y que el papel de la Academia apunta a ser un órgano que vigile los cambios y acepte aquellos ineludibles.

El pasado 9 de febrero, la institución lo nombró académico de número, en sustitución de Salvador Díaz Cíntora. Será el noveno ocupante de la silla IX, que en otros momentos fue ocupada por José Peón Contreras y Juan de Dios Peza.

Desde su oficina en la dirección de la Facultad de Derecho de la UNAM, en la que curiosamente hay muchos libros aunque ningún diccionario, Serrano Migallón habla sobre la función de la Academia en la preservación de la lengua, así como de los escollos a los que se enfrenta el idioma en el siglo XXI.

Desde que me avisaron no he dejado de pensar en ello, pero aún no lo hago. Tengo los aspectos fundamentales. Soy un abogado y tendré que enfocarme a los aspectos jurídicos relacionados con el idioma, pero no tengo una idea muy clara de hacia dónde voy a llegar.

Tampoco se le puede exigir a una Academia, por importante que sea o por distinguidos que sean sus miembros, modificar u orientar la forma de hablar de todo un pueblo. Eso tiene reglas propias de desarrollo social, de comunicación o lingüístico.

«La Academia muestra la necesidad de que hablar bien es un valor, un valor que debemos preservar. Eso no significa que sea una camisa de fuerza que no permita a los idiomas evolucionar.»

El equilibrio está en la propia sociedad. Hay neologismos que echan raíces y son aceptados, hay formas novedosas en la sintaxis, que con el transcurso del tiempo también son aceptadas, pero hay otras que nunca lo son. Modas pasajeras que tienen lustre, palabras que se trasladan sin ningún filtro de otros idiomas al castellano, donde quieren decir cosas distintas.

«Hay una pobreza en el idioma. Hay muchachos pertenecientes a determinados grupos que no salen de dos o tres muletillas. Pueden decir lo mismo de una manera más rica.»

Es notable la diferencia de un alumno de primer ingreso a uno del último semestre. Los que llegan tienen una visión del derecho y de México, así como una forma de expresión bastante limitadas, que es completamente distinta a la que tienen nueve semestres después. Es notable lo que hace la universidad con sus alumnos.

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