Noticias del español

| |

| Luz Nereida Pérez
Claridad - San Juan,Puerto Rico
Jueves, 12 de enero del 2006

GRIJELMO Y EL LENGUAJE

En estos días nos acompaña la lectura detallada de una de las recientes producciones del periodista español Álex Grijelmo, actual presidente de la Agencia Efe de noticias. Se trata de La punta de la lengua. Críticas con humor sobre el idioma y el diccionario, publicado por la Editorial Aguilar en el 2004. Leer a Grijelmo, tanto en sus escritos sobre el lenguaje como en lo publicado para la profesión periodística es entrar en un indiscutiblemente erudito mundo de aprendizaje, aunque comunicado de manera comprensible y asequible a cualquier persona interesada en el fascinante mundo de nuestra rica y emotiva lengua española.


El humor, creemos, empieza por la dedicatoria «A todas las tiendas de ultramarinos» -es decir, tiendas de artículos importados, que son sustituidas por supermercados y megatiendas-. Curiosa dedicatoria, ¿no? Sin embargo, a medida que nos adentramos en la lectura de las páginas de este libro comprendemos que no sólo llevan a España los productos de otros países, sino también el «producto» lenguaje que implica el que se generalicen innecesariamente términos -dizque técnicos- para denominar objetos, situaciones y acciones a las que puede aludirse con el acervo lingüístico hispánico o con sus creaciones a través de la composición y la derivación. De igual manera ocurre por estos lares cuando nos hablan del rebate, del performance del automóvil y de los gazebos. Parecería que el español no cuenta con la construcción posible de descuento de fábrica; el funcionamiento, la duración o el rendimiento del motor -sea lo que se quiera decir-; y con la hermosa palabra -que tanto usamos en nuestros años escolares- glorieta, para denominar al exótico gazebo. Hay quien piensa que glorieta no tiene el caché de la voz gazebo. Pues, mire, olvídese del esnobismo porque en la lengua de los habitantes originales de esta su «borikén», usted lo que ha construido en su patio no es otra cosa que un «guariquitén». ¡Zumba con el caché ahora!

A nosotros tal vez nos afecta demasiado la condición insular y nos creemos aislados y únicos en el mundo con nuestros problemas por la mala costumbre de mirarnos continuamente el ombligo -el dichoso insularismo-, ignorando que el mundo es ancho y ajeno (Ciro Alegría, peruano), olvidando que el sur también existe (Mario Benedetti, uruguayo). Sin embargo, el mismo problema lo tiene España y así lo expone Grijelmo en la sección de la introducción al libro subtitulada «Abajo ese complejo de inferioridad» donde afirma:

Muchas de las incorrecciones que se comentan en este libro nacen de un problema general que nos afecta a los hispanos: el complejo de inferioridad ante el mundo anglosajón. Lo adoramos como al becerro de oro, y eso nos lleva a emplear sus palabras o copiar sus expresiones para así sentirnos más importantes.

Para más adelante añadir unas palabras que nos deben lanzar a la reflexión por aplicar a tantos aspectos de la vida cotidiana -individual y colectiva- nuestra:

Que uno se sienta superior a otro no le hace superior. Pero sentirse inferior a alguien sí le hará inferior a él. Como pueblo hispanohablante, por tanto, el sentimiento de superioridad no nos hace superiores a nadie; pero el sentimiento de inferioridad nos convierte en inferiores a cualquiera. Por eso debemos acabar con él. Y vale la pena empezar por las palabras que lo representan.

Se trata, pues, de atajar mediante campañas de «despepsicocacolalización» de la vida, como bien le denomina el propio Grijelmo en su Defensa apasionada del idioma español para subsanar la sensación de patito feo que sufren miles de hispanohablantes respecto del mundo anglosajón. Palabras de Grijelmo paralelas al poema de nuestro Luis Llorens Torres, El patito feo, sobre nosotros y nuestros sentimientos ante la realidad colonial que vivimos bajo la bota estadounidense.

Grijelmo divide su libro «Administrativismos» , sección dedicada a los usos del lenguaje burocrático, donde resalta usos tales como «adjunto le envío» y «potencialmente peligroso». La sección siguiente la ocupan naturalmente los «Politiquismos», que van de la mano con los que dan nombre a la primera sección y donde alude a expresiones tales como «priorizar» y «amigo personal».¿No les suenan familiares, amigo lector, amiga lectora? Seguidamente atiende algunos «Perioditismos» como las «tabaqueras» para denominar a las empresas fabricantes de tabaco en lugar de las tabacaleras.

Dedica igualmente secciones a los «Medicanismos» -como el uso anglicado de severo -como en «dolor severo», en lugar de agudo- y el «cuadro febril», que no es otra cosa que una vulgar y común fiebre; a los «Avionismos» como los vuelos «domésticos» -por locales o nacionales-. Al capítulo VI lo ha titulado «Cancionismos» y en él da una amplia mirada a errores en la letra de algunas canciones -y no «lírica» como se empeñan en decir hoy los cantantes jóvenes por influencia del inglés lyric-. Aquí nos encontramos con toda una escuela de gramática y de usos correctos del lenguaje al irse enumerando, uno tras otro, errores de concordancia, sintaxis, uso de preposiciones, etc., que hemos repetido encandilados cantando las comentadas canciones, momento en el cual no nos percatamos de que se ha incurrido en malos usos del español para los cuales con un poco de reflexión -y conocimiento- se encuentran las soluciones, como bien propone Grijelmo.

Luego va a los «Anglicismos y galicismos» -como full time y pay per view y a lo que denomina «Clonaciones» -como «monitorear» y «jugar un papel»-. El libro cierra con capítulos dedicados a sus desacuerdos con el nuevo diccionario de la Real Academia Española (2001), a comentarios sobre algunos neologismos aceptables y con su capítulo XII titulado «Diccionario de palabras moribundas» -como «elepé» y «ambigú»-. Le acompaña al final una bibliografía.

Como una vez afirmó el lingüista y académico español Fernando Lázaro Carreter: «Una lengua que nunca cambiara sólo podría hablarse en un cementerio». Pero tampoco es para exagerar tanto en los cambios y mucho menos cuando éstos contienen la subyacente motivación de un absurdo complejo de inferioridad.

¡Hola!

¿Has buscado tu consulta?

Si no la encuentras, rellena nuestro formulario: