Noticias del español

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| Manuel Corrales, de la Academia de la Lengua
Diario Hoy, Ecuador
Miéroles, 3 de marzo del 2010

GAZAPOS Y TROPEZONES: SOFISTICADO

Me preguntan que eso de sofisticado qué es, qué significa realmente. Parece que hay personas a quienes este adjetivo les suena un tanto raro.


Desde luego, lo primero que hay que decir es que lo registra el Diccionario académico, y nos dice de él lo siguiente: en primer lugar, que proviene del participio del verbo sofisticar. En segundo lugar, que es un adjetivo. Y aquí tal vez convenga recordar que no pocos participios de nuestros verbos hispanos funcionan también como adjetivos. Y, en tercer lugar, nos da de él tres acepciones: (1) «falto de naturalidad, afectadamente refinado»; (2) «elegante, refinado»; (3) «dicho de un sistema o de un mecanismo: Técnicamente complejo o avanzado».

Es quizás la tercera significación la que tenemos en nuestra mente cuando usamos el adjetivo sofisticado (o su femenino, sofisticada). Por ejemplo, hablamos de instrumentos o máquinas en cuya fabricación se han incorporado los últimos avances de la ciencia y de la tecnología, y decimos que tales instrumentos o máquinas son «muy sofisticados». Pero también aplicamos el adjetivo a una persona de talante raro, complejo, con la cual el trato, por ejemplo, no es fácil. Por supuesto que también decimos que es sofisticada la persona que reúne las características de la primera acepción («falta de naturalidad, afectadamente refinada»), o de la segunda: elegante, refinado.

Pero podemos profundizar un poco en la historia de este adjetivo. Y lo primero que parece oportuno decir es que su uso, con las tres significaciones dichas, no es muy antiguo en nuestra lengua. El Diccionario de autoridades, por ejemplo, no lo registra (y recordemos que tal diccionario se publicó —en varias entregas— en el siglo XVIII).

Nos entretendremos un poco más con este asunto en próximas entregas.

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