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| Virginia Ródenas
Diario ABC, España
Miércoles, 14 de enero del 2009

FRANCISCO REYES: «MÁS PENAS PARA LOS GRAFITEROS Y LUEGO GALLARDÓN LOS PREMIA. ¿LO ENTIENDES?»

Su tesis doctoral, (cum laude) versó sobre el hip hop y convirtió esta cultura callejera, que es su vida, en asignatura universitaria de éxito. Su médula es un cóctel de grafiti, breakdance y rap. En el mundillo, su nombre es leyenda.


¿No es un contradiós meter en un aula algo que nace, crece y muere en la calle? Además, ni siquiera dan clases prácticas.

No doy clases prácticas precisamente por lo que dices, esto es algo de la calle, y quien quiera aprender a pintar, bailar, rimar o pinchar debe hacerlo ahí y no en un aula. En mis clases sólo cuento la historia del hip hop, que la tiene, y mucha.

¿Qué queda hoy de la moda break? ¿El street dance es hijo del hip hop?

La verdad es que después de aquel boom del breakdance en 1984, a finales de la década dejó de estar de moda, pero te sorprendería conocer el nivel de break que hay ahora en todo el planeta y la cantidad de campeonatos y profesionales. El street dance no sé ni lo que es. Ninguno de los que estamos metidos en el hip hop sabemos qué puñetas es eso, ni el arte urbano ni el street art ni esas sandeces que inventan los medios de comunicación para vender hip hop edulcorado.

Es un tipo educado y sensible. ¿Le parece bonito que alguien pinte trenes?

Pasapalabra. Bueno, no sé qué contestarte, soy persona y es evidente que pintar trenes es un delito, pero también entiendo a los grafiteros. Además, la mayoría de los trenes pintados ni siquiera circulan; los borran antes. Sí que te puedo decir que para RENFE y los que trabajan para ellos es un negocio muy lucrativo: pueden pedir 4.200 euros por limpiar un grafiti que no cuesta ni tres euros quitar.

Pues algunos grafiteros, como el grupo Desviados, que tanto pintan contra el Gobierno, los dejan «niquelados». Yo sólo digo que, como les trinquen, con la nueva ordenanza de Limpieza les cae la del pulpo.

El caso de Desviados es bastante singular. Se les conoce sobre todo por sus grafitis contra Gallardón, Botella, Aguirre o Rajoy, que suben las penas por pintar grafiti. Pero luego Gallardón les premia con 3.000 euros como los mejores grafiteros de Madrid. ¿Quién entiende eso?

Ya, pero el legendario Muelle dijo que grafiti es una firma decorativa que no genera un gasto. Pues a los madrileños nos cuesta seis millones de euros su limpieza…

He tenido ocasión de debatir en televisión con el edil de Limpieza y, hablando entre bambalinas, te puedo asegurar que no se gastan ni la sexta parte de eso, que sigue siendo mucho dinero, pero es que meten en el mismo saco las pintadas y el grafiti, y nosotros no tenemos la culpa. Y no lo justifico: me parece fatal que los chavales pinten las calles. O no, no sé…

Cada día leo en la pared de una curva «Carmelo cornudo». ¿Eso es grafiti?

En absoluto. Eso es una pintada en toda regla: mensaje anónimo hecho de forma ocasional por alguien y sin voluntad de estilo. El grafiti, sin embargo, no sólo no es anónimo, sino que lo que ves es la propia firma bien grande y a colores. En el grafiti no hay mensaje y sí voluntad de estilo. Como ves, en lo único que se parecen es que ambos se hacen en la pared.

Me encanta la silla que «grafiteó» para Gema Hassen-Bey en los Juegos Paralímpicos de Pekín. Sencillamente, una obra de arte.

Gema es una gran amiga y una gran deportista, tenía que hacérselo, ¿A quién conoces que haya participado en cinco Juegos Olímpicos? De todas formas, ya hablaremos sobre si el grafiti es arte o no; llevo muchos años estudiando y cada vez tengo menos claro qué es el arte. ¿Tú has ido a ARCO últimamente? Hay obras que me dan vergüenza ajena.

Si digo que la rapera más grande en España ha sido Lola Flores, ¿me casca un cero?

Te mando directamente a septiembre. Lola Flores, con todos mis respetos, no hacía rap, y si te refieres a aquella canción de 1991, el rap español ya llevaba dos años editándose en discos, y hay otros precedentes, como el de Pepe da Rosa en 1982 o Dj Ventura en el 83. Si hasta Leticia Sabater y Jesús Gil tenían su propio rap…

¿Nuestro universitario es de diez?

No. El universitario de hoy en día, salvo excepciones y sobre todo en la universidad privada, es un ser que deambula entre las clases, la cafetería, el «messenger»… y que no lee ni quiere leer. De ahí las faltas de ortografía.

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