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| El Siglo de Tucumán, Tucumán (Argentina)
Martes, 26 de septiembre del 2006

FONTANARROSA, AMIGO DE LAS BIBLIOTECAS POPULARES

El reconocido humorista y escritor rosarino, autor de Inodoro Pereyra y Boogie el Aceitoso, recibió esa distinción el viernes último. El premio le fue otorgado por la CONABIP.


El escritor y humorista rosarino Roberto Fontanarrosa trazó un divertido panorama de los libros de su vida —los primeros, los más recordados y hasta los más aburridos— en una nueva demostración de su buen sentido del humor, festejado por un público que desbordó la sala donde fue distinguido el viernes último como «amigo de las bibliotecas populares».

«Tengo que admitir que yo no tuve demasiado contacto con las bibliotecas porque, afortunadamente, en mi casa había libros, mi madre siempre fue una lectora apasionada. Lo que no recuerdo es verla a ella comprándolos. Yo creo que los robaba», bromeó Fontanarrosa, cuyos libros (tanto las novelas y cuentos como los relatos e historietas) están en las casi dos mil bibliotecas populares del país.

Una atenta y emocionada audiencia prosiguió cada palabra de este rosarino futbolero, apodado «El Negro», quien a los 61 años y en silla de ruedas debido a una enfermedad que lo afecta, demostró un inamovible sentido del humor, ya desde el comienzo, cuando se proyectó a sus espaldas un video de las bibliotecas que no pudo ver por su ubicación. «Muy lindo el video, me dejó de la nuca», soltó.

El creador de Inodoro Pereyra y Boogie, el Aceitoso recordó que en la época escolar uno asociaba la lectura con el «aburrimiento».

«Al menos esa fue mi experiencia con Platero. Cuando finalmente se percataron de la indiferencia que mostrábamos los niños con el mencionado burro, entonces nos dieron el Mío Cid. Ahí sí que notaron nuestro entusiasmo».

Los aplausos se repetían una y otra vez en la colmada sala de Representantes de la Manzana de las Luces, mientras Fontanarrosa recordaba las primeras lecturas que encontró atractivas: las historietas, que luego lo conducirían a la emblemática colección de Robin Hood, y ahí fue cuando empezó a «disfrutar y a relacionar la lectura con el placer».

«En la escuela nunca pude estudiar, era un vago, también fui siempre un lector vago; de todas maneras, lo mucho o poco que aprendí fue en los libros y si le enseñé a mi hijo a leer no fue para que se convierta en un intelectual, sino para que se divierta y enriquezca», señaló el humorista, mientras su primogénito lo escuchaba desde los palcos.

En este sentido, Fontanarrosa señaló que no le preocupan las pocas palabras sino la pobreza del lenguaje. «Hoy escuchás a un pibe y te dice: ‘había una cosa con otra cosa, con dos cositos para abajo’».

Fontanarrosa señaló que «hubiera sido más justo darle este premio a los lectores» y que sus libros predilectos son «los de letra grande y muchos capítulos».

«Yo siempre bromeo, ante aquella famosa pregunta de qué libro te llevarías a una isla desierta: yo me llevaría un televisor», disparó el rosarino en otra de sus muchas bromas.

El humorista se mostró «agradecido» y «gratificado» por el reconocimiento que tomó «como una demostración de cariño».

«Espero que las bibliotecas populares sigan poniendo al alcance de cualquiera ese mundo inmenso, maravilloso e interminable de los libros», concluyó ante una tribuna que lo aplaudió largamente de pie.

La distinción fue entregada por María del Carmen Bianchi, presidente de la Comisión Nacional Protectora de Bibliotecas Populares (CONABIP), que depende de la Secretaría de Cultura de la Nación.

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