Noticias del español

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| Paula Corroto (Público.es)

García de la Concha: «Fiscala no existe porque no la piden las mujeres»

Mañana se lanza la Nueva gramática de la lengua española, elaborada por las 22 academias de la lengua. Es la primera desde 1931 e incorpora términos femeninos como edila y bedela.

La Nueva gramática de la lengua española no admite la palabra fiscala. El presidente de la Real Academia, Víctor García de la Concha, tiene su razonamiento. «No existe porque no la piden las propias mujeres», según confiesa a Público. El nuevo manual sí admite, sin embargo, otros términos femeninos como edila, bedela o concejala. García de la Concha también lo argumenta: «El lenguaje nace del pueblo y la valoración la hacen los hablantes. Ellos son los que han decidido que se utilicen también estos términos, y otros en cambio todavía no se han consolidado».

Estas nuevas normas del español, que la editorial Espasa pone a la venta el viernes y que ocupan más de 4.000 páginas, suponen una actualización del último manual de gramática, publicado en el año 1931. Han tenido que pasar casi 80 años para que la Academia Española, junto a las otras 22 academias que velan por el idioma español en todo el mundo, se ocupen de las normas. «Lo que ha ocurrido es que tras aquella Gramática llegó la Guerra Civil y después se intentó hacer en los sesenta y en los ochenta», aclara García de la Concha. Sin embargo, fue en 1998, durante una reunión de todas la academias en Puebla de los Ángeles (México), cuando por fin se puso en marcha el proyecto que hoy tenemos en nuestras manos.

Durante todas estas décadas, la sociedad ha sufrido ingentes cambios. Modificaciones que han hecho crecer la lengua en cuestiones de género. Las reivindicaciones feministas han conseguido lo que parecía imposible: alterar el diccionario. García de la Concha se apresura para indicar que «el lenguaje no es sexista, lo que es sexista es el uso». ¿Y el uso que se hace del español también es sexista? El académico Ignacio del Bosque, que ha trabajado activamente en este proyecto, reconoce la presencia cada vez mayor de la mujer en la sociedad e insiste que se incorporará con el tiempo. «Hay que insistir en que el lenguaje no es matemático».

La obra incorpora la gramática del resto de países hispanohablantes

Sin embargo, donde el cerrojo está bien echado es en el término miembra que hace dos años utilizó la ministra Bibiana Aído en una Comisión del Congreso. «A pesar de que en latín sí que existía el término membra, en español es contrario a la estructura del idioma». ¿Y con el tiempo podría asimilarse? Los académicos se miran circunspectos y remiten al ejemplo de la palabra carroza para explicar cómo las palabras nacen y mueren: «Los periódicos de los setenta están plagados de esta palabra para referirse a alguien mayor, a un vejestorio. Pero, ¿quién la usa hoy?», se justifica Del Bosque.

Este nuevo y gigantesco manual incorpora como gran novedad las gramáticas del resto de países donde el español es lengua oficial. Los volúmenes recogen las normas que nos unen y también las que nos separan. Los académicos reconocen que, en este sentido, se percibe una mayor homogeneización de los «diferentes españoles». Hay expresiones como, por ejemplo, detrás nuestro, procedente de Argentina, que cada vez se utiliza más en España. «Esto es muy normal porque hay cada vez más intercambios. De hecho, sólo en España tenemos 600.000 ecuatorianos. Algo tendrá que influir», admite García de la Concha. El presidente de la RAE también asegura que esto en absoluto empobrece el idioma. «Todo intercambio es enriquecedor», asegura.

No al spanglish

Sin embargo, lo que se queda fuera de toda gramática es el spanglish, ya que los académicos lo consideran una unión de códigos muy distintos. El inglés tampoco es una influencia en un nivel gramátical. «Sí lo es en el léxico, pero como en el siglo XIX lo fueron los galicismos y, anteriormente, los italianismos», manifiesta Ignacio del Bosque. En este sentido, algunas expresiones como ¿Qué tú dices?, que coloca al sujeto delante del verbo, no son un calco del inglés, sino que «se utilizan en regiones como Canarias, que tiene escaso contacto con algún país anglosajón», añade Del Bosque.

Las nuevas tecnologías no han producido grandes cambios

Al contrario que el inglés, el catalán y el gallego sí que han ejercido una influencia rastreable en el español.

Los académicos tampoco han notado un gran cambio en la norma del español con el uso de las nuevas tecnologías. Ni siquiera con las abreviaturas que se utilizan en los mensajes de los móviles. Es más, señalan que ya en siglos anteriores se solía utilizar la forma reducida q para abreviar que, debido a que soportes como las piedras o los papiros eran muy limitados.«El problema es que entonces sí existía un canon y hoy no. Hoy es un código privado», admite García de la Concha. «Y también que muchos chavales, además de en el móvil, lo escriben en los exámenes», asegura Del Bosque. Por supuesto, estas abreviaturas son agramaticales.

El nuevo manual, aunque no está dedicado a los usos del idioma ni las formas de habla, repasa a su vez expresiones como los laismos, leismos y loismos. En este sentido, se insiste mucho en que ahí no es la Academia la que dice si un laismo como la di un libro está mal o no, sino que «depende del prestigio que el laismo tenga. Evidentemente, hoy está desprestigiado, pero hace unos siglos no», argumenta Del Bosque. La Academia insiste: la norma la ponen los hablantes.

«Hay que insistir en que el lenguaje no es matemático»

La Gramática pone de manifiesto también que la lengua española no es la misma en toda España. Es más, por muchas expresiones «un andaluz está más cerca de un cubano que un leonés», manifiesta García de la Concha.

¿Se habla peor? ¿Utilizamos una sintáxis, descuidamos la morfología, no usamos bien los géneros, las concordancias? Los académicos no se quieren pillar los dedos. Según ellos, algunos hablan bien, otros mal. Tampoco quieren ceñirse demasiado a los términos de correcto e incorrecto.

Eso sí, como ejemplo de un país donde sí se habla un español cuidado es Colombia. «Allí tuvieron un presidente, que se llamó Marco Fidel Juárez, que además era gramático y que renunció a la presidencia por dedicarse a la Gramática», cuenta De la Concha. Sin embargo, los académicos insisten en que ya ha pasado a la historia esa expresión que señalaba las provincias donde se hablaba el español más correcto. «No tiene ningún sentido: la norma es policéntrica».

Una obra ambiciosa

¿Para qué sirve?

Según el prólogo de la primera gramática académica, publicada en 1771, «la Gramática (…) nos hace ver el maravilloso artificio de la lengua, enseñándonos de qué partes consta, sus nombres, definiciones, y oficios, y como se juntan y enlazan para formar el texido de la oración». En un sentido estricto, gramática es la parte de la lingüística que estudia la estructura de las palabras, las formas en que estas se enlazan y los significados a los que tales combinaciones dan lugar. En sentido amplio, la gramática comprende, además de lo anterior, el análisis de los sonidos del habla (la fonética) y el de su organización lingüística (fonología).

¿Cuándo fue publicada la última edición?

En el año 1931. Esta reproducía la de 1920, que, a su vez, se limitaba a añadir a la de 1917 un nuevo capítulo. La Guerra Civil paralizó los proyectos de la Academia Española y, aunque el proyecto gramatical nunca fue abandonado del todo, se retomó con fuerza a comienzos de los años sesenta, con Menéndez Pidal como presidente. Lázaro Carreter lo retomó a finales de los noventa.

¿Quiénes respaldan esta nueva obra?

El proyecto de la nueva gramática española es una obra colectiva, resultado de la colaboración, y también es una obra colegiada, fruto de la política lingüística panhispánica que la Academia Española y las 21 Academias hermanas llevan impulsando conjuntamente desde hace más de un decenio. Al haber sido consensuada y aprobada, es considerada «gramática oficial» para los hispanohablantes.

¿Qué la hace diferente?

La Nueva gramática de la lengua española es la más extensa y pormenorizada de las gramáticas académicas hasta ahora publicadas, y también una de las más detalladas. El número de cuestiones examinadas es bastante mayor que el de las que se abordan en otras análogas.

¿Cuándo y cómo estará disponible?

A partir de mañana se pondrán a la venta los dos primeros volúmenes.

Breve catálogo de dudas

Detrás nuestro

Según la Nueva gramática de la lengua española, la fórmula, muy utilizada, «detrás nuestro» o «detrás tuyo» no es correcta, sino que es un argentinismo. Lo recomendable es decir en su lugar «detrás de nosotros» y «detrás de tí».

Tiene narices la cosa…

Los llamados «nombres de objetos dobles» son sustantivos que designan cosas que se presentan por duplicado: tijeras, alicates, pantalones. Algunos, como «narices», pueden aparecer en singular «sangrar por la nariz», sin embargo, el plural es la única opción en muchas locuciones: «tiene narices la cosa», «nos dio con la puerta en las narices» o «ante mis narices».

Regenta

Igual que muchos femeninos se han incorporado a nuestra lengua con el paso del tiempo, otras han desaparecido. Es el caso de ‘Regenta’, la mujer del regente, un término que es tomado hoy como un arcaismo.

Mileurista

Lo normal de una palabra compuesta es que esté formada por otras dos por coordinación (agridulce), complementación (sacacorchos) o atribución (aguardiente). Pero, ¿de dónde sale una palabra como ‘mileurista’, ya que no existe ni ‘mileuro’ ni ‘eurista’? Se trata de una forma híbrida llamada ‘parasíntesis’. Lo son también, entre otras, ‘pordiosero’, ‘quinceañero’ y ‘plenipotenciario’.

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