Noticias del español

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 J. Ors 

La Razón.es

Miércoles, 21 de noviembre del 2012

Español de primera


Un compendio para conocer mejor el idioma. Fundéu publica un libro para despejar dudas y aprender curiosidades del castellano de una forma amena 



«Todo Lo que quiso saber sobre la lengua castellana»

Fundéu. Lumen. 184 páginas. 14,90 euros 


El conocimiento tiene muchos caminos. La anécdota es uno de ellos. Por ejemplo, saber que «modem» es un acrónimo, la suma de las primeras sílabas de «modulación» y «demodulación»; que «wifi», como antes aspirina, celofán o kiwi, es el nombre de una marca que se ha convertido en un sustantivo común; o que «menstrual» es el vocablo más largo con sólo dos sílabas. La curiosidad es el aliento que empuja al hombre a indagar en una materia, en una especialidad. El libro «Compendio ilustrado y azaroso de todo lo que siempre quiso saber sobre la lengua castellana» (Debate) es un acicate, una forma de introducirse en el idioma y en la corrección lingüística. Unas páginas sencillas, de un volumen mínimo, que llama la atención sobre usos cotidianos, que hace hincapié en determinados puntos que deben estar esclarecidos para el hablante. Debe decirse «pasarela» en vez de «finger»; «vuelos nacionales» y no «vuelos domésticos»; «desfase horario» y evitar «jet lag». 

 

Una forma de aprender

Detrás de este libro, casi con forma de breviario, está la Fundación del Español Urgente, cuyo principal objetivo es velar por el buen uso del idioma. «Este libro surge de toda la documentación, conocimiento y contenido que Fundéu había acumulado sobre la lengua española –comenta Joaquín Müller, director general de la Fundación–. La intención es enseñar, a través de las curiosidades, muchas cosas que desconocemos de nuestro idioma. Se trata de recordar y recrear parte de los conocimientos que tenemos de una manera amena y divertida». 

 

Por estas páginas circulan usos, consejos y aclaraciones, como «repago» y «copago», «términos que están bien formados y su uso es correcto en español, aunque no figuren en los diccionarios». Pero también advertencias para los viajeros de un lado y otro del Atlántico: «Mientras que en España “cachas” es un término coloquial de uso extendido que se refiere a alguien musculoso y fornido, en Chile es una palabra malsonante. “Paloma”, además de una advocación de la Virgen, un animal y un nombre de mujer, se utiliza en algunos países de Hispanoamérica  para referirse al órgano sexual masculino, de la misma manera que “concha” sirve en Argentina para referirse al órgano sexual femenino». Conviene también recordar que «huracán» y «ciclón» son sinónimos, pero «tifón» designa únicamente a un «huracán que se da en el mar de la China». Para Müller, «el interés por la corrección ha crecido con las redes sociales. Que todo el mundo puede publicar, y que cualquier persona tenga la oportunidad de volcar su opinión o su pensamiento de una manera escrita para que sea leído por dos o por 100.000 lectores, ha hecho que la gente que esté interesada en publicar en internet se moleste en que sus textos estén bien escritos. El miedo a desprestigiar su opinión por una falta de ortografía ha crecido. Esta exposición en las redes sociales ayuda». 

 

Internet  y la lengua

Instante éste, muy adecuado, en el que es preciso subrayar un aspecto sobre la «@»: «El empleo de la arroba no es recomendable para evitar poner una palabra en masculino o en femenino cuando se alude a un grupo heterogéneo: querid@s compañer@s. No es un signo lingüístico, por lo que, según la norma, conviene no utilizarlo». Pero, en cambio, asegura: «”blog”, así como sus derivados , “bloguero”, “bloguear” o “blogosfera”, son válidos en español y por ello se recomienda escribirlos en redonda, sin comillas ni cursiva». La pregunta principal es si la sociedad actual, con su cruce y mestizaje de lenguas, culturas y tecnologías, ha aumentado o no las dudas del hablante y del escritor. «Las dudas son siempre las mismas entre los hablantes. La gente, al leer menos de lo que debiera, se olvida de lo poco que ha aprendido durante su época de formación. A los dieciséis años lo tenías todo fresco, pero cuando se han cumplido treinta o cuarenta, aumentan ciertas dudas sobre las tildes de algunos vocablos, porque esas reglas se han perdido con la edad o con su falta de uso», comenta Müller. Para él, no obstante, existe algo que es esencial: la formación literaria. «La falta de lectura es un problema. Es extraño que aquellos que leen mucho escriban o hablen mal». 

 

La siguiente cuestión es ¿cuáles son las dudas más normales? Müller explica que «la gente tiene  sobre las reglas ortográficas y de puntuación. También sobre las acepciones de ciertas palabras, sobre si puede usarse en un sentido o en otro. Las mayúsculas o minúsculas llaman la atención. Hay decisiones de la Real Academia Española, como la de no tildar, por ejemplo, adverbios como «solo», que le ha sentado mal a la gente, molesta por esas indicaciones, pero, en general, no hay unas dudas que te sorprendan. Son las normales». 

 

La ciencia, la tecnología y el deporte han difundido en el castellano palabras de origen inglés que ahora se utilizan de manera común. Algo que ha obligado a recomendar algunos usos: «Para referirse a los participantes en expediciones al planeta Marte, se recomienda emplear la denominación “martenauta» en vez de “marsonauta” (este último es un calco del inglés)». Pero no es la única curiosidad en estos campos. Hay que intentar usar «primera posición» y evitar «pole position»; «garaje» por «boxes»; «coche de seguridad» y no «safety car»; y «habitáculo» para eludir «cockpit». «Es evidente la influencia del inglés en estos campos. El inglés es una lengua franca, pero no nos debe preocupar que influya. Sí, en cambio, que recurramos a términos ingleses cuando los tenemos en español. Eso lo único que denota es esnobismo o complejo de inferioridad. Hay que reconocer que el  inglés tiene facilidad para crear nuevas palabra y conceptos. En ocasiones es complicado sustituirlas cuando a un invento se le da un nombre preciso y no se cuenta con una traducción. Si  una traducción es fácil, el español domina, aunque cuando tienes una que no recoge todos los matices… Pero no hay que tener una actitud beligerante con el inglés. Hay que usarlo, lo escribes con comillas para señalar que no es español». 

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