Noticias del español

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| Rodrigo Villacís Molina
www.hoy.com.ec, Ecuador
Vierenes, 16 de abril del 2010

ESCRITURA EN EL TIEMPO

La escritura es un fenómeno cambiante, no solo porque resulta diferente de una a otra persona, cada cual con su estilo, sino porque, a lo largo del tiempo, en un mismo idioma, registra ciertas mutaciones que dificultan la lectura de los libros antiguos.


Desde la ortografía hasta la sintaxis, pasando por el valor semántico de muchos vocablos, tales cambios hacen difícil el entendimiento de esos textos. Pero, actualmente, se da el caso de que resultan incomprensibles para los que no estamos en «la onda» los mensajes que se intercambian hoy mismo quienes sí lo están: o sea, nuestros muchachos, por medio de esos asombrosos cachivaches dotados de la tecnología «de punta». Y, por supuesto, la literatura se está contagiando de esos modos expresivos, y aquí mismo, en nuestro país, ya se han publicado novelas usando ese nuevo y críptico lenguaje.

Pero no solo se trata de esos mensajes formulados en confusos comprimidos, sino que también los registros de la redacción corriente han sufrido una metamorfosis evidente con las novedades tecnológicas aplicadas a la escritura. Cuán lejos estamos, por ejemplo, del antiguo género epistolar, su barroquismo y sus infaltables lugares comunes, que eran signo de buena educación; desde que se escribía a mano, hasta cuando se lo hacía en máquina eléctrica para confiar la misiva al correo, que se tomaba su tiempo para traernos la respuesta. Ahora, nos enojamos si el texto que enviamos electrónicamente no le llega casi instantáneamente a la pantalla del destinatario. Y, desde luego, la manera cómo redactamos ya nada tiene que ver con el pasado, que nos parece remoto. Hoy, nuestra correspondencia omite todos los antiguos aderezos de estilo y se acerca hasta casi identificarse con el lenguaje oral; además, el diccionario del procesador nos ayuda a evitar las faltas de ortografía y de concordancia y nos sugiere sinónimos para no repetir palabras.

Esto ayuda también al escritor profesional y a quienes ahora pueden escribir para un público tan múltiple y diverso como el del periodista, sin ser del oficio, gracias al «blog», considerado ya como un género: redacto un texto y, sin más, lo cuelgo en la web. Muy fácil. Pero también es cierto que el arte y la ciencia de la escritura no pueden estar ausentes de este ejercicio, aunque haya cambiado el modo. De lo contrario, es un lamentable atentado contra una lengua cultivada por siglos. Ya se ha recordado que mucha gente sustituyó las cartas por el teléfono cuando se inventó este aparato y que, gracias a la computadora y a Internet, hemos vuelto a comunicarnos por escrito, con los e-mails, sin las viejas formalidades. Pero también, de una manera aún más informal, con el chat y, extremando la economía del lenguaje, con el Twitter.

De manera que hoy, la escritura «ya es de todos»; pero, ¡favor!, no por eso le perdamos el respeto.

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