Noticias del español

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| Fabio J. Guzmán Ariza
Academia Dominicana de la Lengua
Agosto del 2009

¿ES EL ESPAÑOL UN IDIOMA MACHISTA? (2 de 3)

En nuestro artículo anterior, describimos como ciertos aspectos del idioma español —el masculino genérico, el salto semántico, los duales aparentes y muchos refranes y adagios— revelan su carácter machista o sexista. En la presente entrega, entramos en la discusión de las diversas propuestas o técnicas de redacción presentadas a partir de los años 80 con el propósito de combatir ese mal, evitando que las mujeres, que constituyen más de la mitad de la población hispanohablante, sigan ocultas tras el genérico masculino como seres inferiores y dependientes.


La lengua determina como piensa una sociedad. Mientras la lengua cotidiana continúe despreciando o haciendo invisibles a las mujeres, jamás lograremos ni acercarnos al ideal de la igualdad de los sexos que la Asamblea Revisora de la Constitución acaba de consagrar en la reforma constitucional en curso.

Hay quienes opinan —en su gran mayoría, si no todos, varones y con más de cuarenta años— que no se puede catalogar a la lengua española de sexista, dado que todo idioma es sólo un instrumento sin alma ni vida, al servicio del hablante que debería cargar por sí solo con el epíteto. Sería machista, entonces, la población hispanohablante o una parte de ella, no la lengua en sí.

Semejante sofisma, ingenuo sólo en apariencia, no resiste el más leve análisis. Nadie discute el carácter cerradamente machista de la casi totalidad de las sociedades humanas durante milenios hasta hace apenas unas décadas, por lo que no es de extrañar que el español, como producto de esa historia, refleje todavía en su estructura y en su léxico resabios de esa larga época de predominio masculino. Sostener que no es sexista el idioma, sino quienes lo hablan, pues, es una necedad, al igual que lo sería pretender que la sociedad humana no ha sido y sigue siendo machista en gran parte del planeta, sino sólo los hombres que han vivido y viven en ella.

Pero volvamos a nuestro objetivo inicial: describir las técnicas de redacción propuestas para hacer visible a la mujer en un idioma que la esconde a diario mediante el uso del genérico masculino. La técnica más socorrida —y la menos feliz— es la de los llamados «desdoblamientos».

Se conoce como «desdoblamiento» al proceso mediante el cual se descompone un genérico masculino en su equivalente masculino y femenino, como en estos ejemplos:

En vez de decir:

1) Está prohibido a los gerentes y a los socios contratar préstamos con la sociedad.

2) Son dominicanos todas las personas que nacieren en el territorio de la República.

3) Los niños no podrán salir del recinto sin el permiso del director, salvo aquellos que sean minusválidos.

4) Los franceses no son tan hospitalarios como los dominicanos cuando se encuentran con un extranjero.

Se dice:

1) Está prohibido a los y a las gerentes y a los socios y socias contratar préstamos con la sociedad.

2) Son dominicanos o dominicanas todas las personas que nacieren en el territorio de la República

3) Los niños y las niñas no podrán salir del recinto sin el permiso del director o directora, salvo aquellos y aquellas que sean minusválidos o minusválidas.

4) Los franceses y las francesas no son tan hospitalarios y hospitalarias como los dominicanos y las dominicanas cuando se encuentran con un extranjero o una extranjera.

En todos los textos a la derecha aparece «transparentada» la presencia del sexo femenino en el genérico y queda resuelto indudablemente el problema de su invisibilidad. Sin embargo, también se manifiesta de manera palpable en esos textos que el desdoblamiento trae consigo el grave inconveniente de convertir al español en una lengua recargada, redundante y carente de elegancia. Por esa razón, no se recomienda su uso sino para los casos en que no sea posible emplear una de las otras técnicas que analizaremos más adelante.

Resulta igualmente criticable, por los mismos motivos, combatir el genérico masculino mediante el uso de la barra, del paréntesis o del símbolo de la arroba, como ilustramos a continuación:

– Los/las niños/as no podrán salir del recinto sin el permiso del/de la director/a salvo aquellos/as que sean minusválidos/as.

– Los (las) niños(as) no podrán salir del recinto sin el permiso del (de la) director(a) salvo aquellos(as) que sean minusválidos(as).

[email protected] niñ@s no podrán salir del recinto sin el permiso del/de la [email protected], salvo [email protected] que sean minusvá[email protected]

Tanto el sistema de dobletes como el de la arroba, no sólo afean el texto, sino que dificultan enormemente su lectura. De hecho, el símbolo @ no sirve para nada en el campo de la expresión oral, puesto que es impronunciable.

Ante la evidente insuficiencia de estas técnicas, hay que recurrir a otras opciones como el sustantivo genérico o colectivo, la metonimia y las perífrasis, entre otros.

Sustantivos genéricos o colectivos

El español dispone de una gran cantidad de sustantivos colectivos que a pesar de tener género gramatical masculino o femenino se refieren claramente tanto a hombres como a mujeres. Entre los sustantivos genéricos más comunes, tenemos los siguientes: pueblo, población, gente, humanidad, clase, grupo y equipo. El uso del sustantivo colectivo es siempre preferible a la utilización del masculino genérico o del desdoblamiento, como queda claro en los ejemplos a continuación:

En vez de decir:

1) Los franceses no son tan hospitalarios como los dominicanos.

Los franceses y las francesas no son tan hospitalarios y hospitalarias como los dominicanos y las dominicanas.

2) Los profesionales dominicanos ganan buen dinero.

Los y las profesionales dominicanos y dominicanas ganan buen dinero.

3) Son dominicanos todas las personas que nacieren en el territorio de la República.

Son dominicanos o dominicanas todas las personas que nacieren en el territorio de la República.

Se dice:

1) El pueblo francés no es tan hospitalario como el pueblo dominicano.

2) La clase profesional dominicana gana buen dinero.

3) Son de nacionalidad dominicana todas las personas que nacieren en el territorio de la República.

Respecto del uso secular del vocablo «hombre» como genérico equivalente a la humanidad entera, compuesta naturalmente de hombres y mujeres, la UNESCO decidió en 1991 y 1993 desterrar para siempre la expresión «derechos del hombre» y sustituirla por «derechos de la persona» o «derechos del individuo» o «derechos de la humanidad» o «derechos del ser humano», y recomendó sólo usar la palabra «hombre» cuando aluda directamente al sexo masculino.

Continuaremos con otras técnicas en la próxima columna.

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