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| Amando de Miguel
Libertad Digital (España)
Jueves, 24 de mayo del 2007

ERRORES DE SINTAXIS

Gabriel Ter-Sakarian Arambarri se siente irritado por el baile de tiempos verbales tan común en el "horterismo reinante". Pone como ejemplo este tipo de diálogo:


– ¿Qué haces cuando conoces que tu marido te abandona?


– Comentarte que le demando que no me deje, pero como no me hace caso me consigo una pistola.


– ¿Y entonces le disparabas un tiro y se moría?


Indicarte que cuando le disparo no tengo intención de matarle.


Carlos M. Padrón apunta esta frase mía: «Así lo dice, por ejemplo, un famoso presentador del tiempo atmosférico en televisión». Don Carlos me corrige: la frase debe escribirse así: «Por ejemplo, así lo dice en televisión un famoso presentador del tiempo atmosférico». Don Carlos opina que «tal vez en poesía pueda permitirse, como licencia, el hipérbaton, pero en prosa escrita es exponente de falta de lógica». No estoy de acuerdo con esa última afirmación. El hipérbaton (alteración del orden en el que habitualmente van las palabras) es una figura del lenguaje que puede resultar aceptable. La prueba es que la misma frase de don Carlos contiene ya un hipérbaton: «Tal vez en poesía puede permitirse, como licencia, el hipérbaton…». ¿No sería más correcto y ordenado decir «El hipérbaton quizá pueda permitirse, como licencia, en poesía»? De todas formas, la enmienda que hace don Carlos a mi frase mejora la claridad expositiva. Aun así, insisto en que el hipérbaton puede ser una figura lícita. Recordemos: «Estos, Fabio, ay dolor, que ves ahora, campos de soledad…». No es meramente una licencia. En ese caso el hipérbaton resulta bellísimo.

Manuel Herrera Jerez critica mi aseveración de que «kilo de peso» es un pleonasmo. No lo es, dice don Manuel, porque puede haber un «kilo de peso» y un «kilo de masa». Precisa: «el peso es una fuerza y la masa, una cantidad de materia». Antonio Peñarrubia Ibáñez (Albacete) confirma esa distinción: «100 Kg. de masa no pesan lo mismo en la Luna que en la Tierra; ahí entra el concepto de gravedad (g), que es distinta». De acuerdo. No sé por qué me viene a la memoria la frase de Ortega y Gasset: «O se hace Literatura, o se hace Ciencia, o se calla uno».

Juan Puyol arguye que debe decirse «La séptima arte», «arte poética» o «mucha arte», puesto que arte es femenino. Desde luego, en su origen (por el latín) arte es femenino. Ahora bien, ese género se mantiene decididamente en el plural: «las artes marciales». En cambio, cuando va en singular, la voz se hace masculina, bien por la cacofonía del artículo («el arte moderno») o porque decididamente cambia de género («el séptimo arte»). Ahora bien cuando el arte se refiere a «conjunto de normas, principios y técnicas», puede conservar el femenino («el arte poética»). Ese último uso pertenece más bien a un lenguaje elegante.

José Ignacio Sánchez Ruiz (Gaithersburg, Maryland, USA) me llama la atención sobre una forma de decir las cosas muy corriente en televisión. Es la utilización de la adversativa «o» como mal sustituto de la copulativa «y» en este tipo de listas: «A la cita acudirán afamados actores como Pepito, Luisito o Antoñito». Don José Ignacio entiende que esa «o» debería ser «y». Creo que tiene razón.

Javier Palacio (Zaragoza) insiste que las frases «una gran cantidad de personas acudieron» y «un numeroso grupo de personas acudieron» son incorrectas. En su opinión el verbo debe ir en singular, puesto que los sujetos son «cantidad» y «grupo». No estoy de acuerdo. No discuto lo que pueda prescribir la Gramática, pero mi oído me dice que, en cuanto introducimos «de personas» los respectivos sujetos se hacen plurales. Por lo menos lleguemos a la transacción de que las dos formas son correctas.

Carlos Andrés Zelaya (Tegucigalpa, Honduras) acepta la norma de que la palabra «solo» vaya sin tilde cuando es adverbio, pero se reserva colocárselo cuando haya peligro de confusión. Es la decisión ortodoxa y no la voy a criticar. Solo diré (y estoy solo al decirlo) que el lenguaje no solo sirve para comunicarnos. Algunas veces hablamos o escribimos para confundir al adversario, para no aclarar demasiado al contrincante, para despistar al opositor, para disimular ante el prójimo. En esos y otros casos parecidos no nos debe preocupar mucho el peligro de confusión. Se me dirá que los periodistas, los escritores o los científicos escriben siempre para exponer con claridad sus ideas. Nequáquam.

José María Navia-Osorio, tan coñón como siempre, insiste en que tengo un ánimo numantino, pues no me rindo ante lo del acento en «solo». Me ofrece una solución de consenso:

Usted admite la tilde en el sólo adverbio y le permitimos quitar la tilde en el «tú» pronombre porque la confusión con «tu» adjetivo es improbable. También puede quitar la tilde en «fé» aunque me parece que ya la han quitado. Incluso hasta le regalamos la tilde del «té». Más generosidad es imposible. A talante no nos gana ni ZP. La Alianza de civilizaciones no ha llegado nunca tan lejos.

A propósito de una discusión gramatical con su mujer, me pregunta don José María cómo se conjuga el verbo engreír (se). Muy fácil. Significa algo así como envanecer (se) pero con soberbia. Se conjuga como sonreír. Dichosas las parejas que mantienen discusiones gramaticales.

María Rosa Piñeyro Maseda Pérez me pregunta si es correcto empezar una frase (sobre todo la primera frase de un discurso, una respuesta o una intervención) con un infinitivo. Por ejemplo, «Decir que…». Se trata de una muletilla que cada vez se utiliza más, por mucho que sea una afrenta contra la sintaxis. A mí me resulta irritante, pero tendré que acostumbrarme a mi pesar. En el fondo soy un puro purista puritano, aunque presuma de libre liberal libertario.

Cándido Montero Gil recoge esa afectación de los avisos del Metro madrileño: «El tren va a efectuar su entrada en la estación». Don Cándido sugiere «el tren va a entrar en la estación». Bien visto. Recuerdo algún otro circunloquio cotidiano: «La lluvia hizo acto de presencia» o «la lluvia fue la protagonista de la jornada». Con lo fácil que sería decir: «Llovió».

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