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| Miguel Lorenci (COLPISA)
diariodenavarra.es
Martes, 26 de diciembre del 2006

ENTREVISTA A VÍCTOR GARCÍA DE LA CONCHA, DIRECTOR DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA

«Los políticos tienen la obligación de hablar claro, pero a menudo no lo hacen».


Víctor García de la Concha, (Villaviciosa, Asturias, 1934) inicia su tercer y extraordinario mandato al frente del Real Academia Española (RAE). Afronta retos como la nueva ortografía, la nueva gramática y el diccionario histórico. Seguirá con la política panhispánica que ha marcado sus dos primeros mandatos.

Reelegido por práctica unanimidad. ¿Orgulloso?

– Es un honor. De 33 votos, hubo 30 a favor y uno en blanco: el mío. Se creyó conveniente que la mano que ha llevado hasta ahora asuntos de envergadura continúe. A mitad de mi segundo mandato se planteó la necesidad de hacer posible un tercero, de carácter extraordinario a través de un cambio estatutario y así fue.

¿Qué retos le aguardan?

– La gramática, la ortografía, el Diccionario Histórico, los nuevo estatutos de la Asociación de Academias, y la ampliación física de este viejo caserón que se nos ha quedado pequeño.

¿Cómo va la gramática?

– Trabajamos en ella desde hace 10 años y está en su recta final. La última gramática académica es de 1931. Por primera vez no será una gramática del español peninsular. Será panhispánica, del español total. Tendrá una versión amplísima, a la vista de todos los avances gramaticales, y otra de compendio para uso popular. Por primera vez la redactarán las 21 academias hispanas.

Revisión ortográfica

¿La ortografía está a punto?

– Sí. El último congreso de la Asociación de Academias nos pidió una revisión de la ortografía que tuviera en cuenta todos los fenómenos novedosos, como ámbito informático. Ha de ser más didáctica, simplificada, clara y precisa. Es la ortografía del siglo XXI. No tendrá grandes cambios, aunque afrontaremos aspectos muy novedosos.

¿Y el Diccionario histórico?

– Es el proyecto más importante, y estamos en la fase de despegue de un proceso lento y complejo.

Dicen que ha convertido la Real Academia en Academia real.

– Lo dijo Gonzalo Celorio, secretario de la Academia mexicana, pero el gran cambio viene de atrás, de Pedro Laín y Alvar. El renovador básico fue Fernando Lázaro Carreter, con quien fui secretario. A mí me tocó continuarlo, sobre todo en la relación con las academias americanas.

Ese panhispanismo ¿ha sido su máxima?

– Sí. Fue el mandato que recibí de la Academia, de Lázaro Carreter y del Rey. «No te pido más que atender a América», me dijo su Majestad. He recorrido todas las academias e iniciado nuevas relaciones que han cuajado en ese política lingüística panhispánica. Todo se hace en la RAE con las academias de América y Filipinas.

¿Está más cerca que nunca el español de las dos orillas?

– En efecto. La lengua la hacen los hablantes. Las academias ayudan, encauzan y dirigen. Cuando cifra una norma, la Academia consagra lo que es normal en el uso de los hablantes. Lo convertimos en norma. Contribuimos así a reforzar la unidad del español mediante orientaciones y publicaciones.

¿Los hablantes van por delante de los académicos?

– Sí. No puede ser de otra manera. La lengua la hacen los hablantes. Nosotros podemos decir, ¡ojo!, que tal o cual formulación no es correcta, no es acorde a lo que se llama el genio de la lengua. Es evidente que los nuevos sentidos o acepciones los crean los hablantes. Son los grandes creadores. La Academia está atenta, reconoce y recoge.

Mujeres en la academia

¿No son muy pocas tres académicas entre una treintena?

– Queremos que sean más. Lo que no querríamos y no haremos, espero, es proceder de acuerdo con la cuota. No lo haremos por respeto a las mujeres. Está bien que los políticos apliquen la paridad, pero a nuestro criterio, sería una ofensa designar académicas por cuota. Lo será quien tenga mérito suficiente y responda a las necesidades de la casa en cada momento. Tengo en la cabeza una veintena de personas que, creo, deberían estar en la Academia. Aquí se discuten y acuerdan los nombres como en cualquier corporación democrática. Que haya más mujeres es un deseo vivísimo. En la plantilla de esta casa, entre filólogos y técnicos, hay más mujeres que varones.

Quienes acusan de machismo a la RAE ¿son injustos?

– Desde luego, es una acusación injusta. El equipo básico del Diccionario panhispánico de dudas es de mujeres. Profesionales de alta capacitación y comprometidas con el feminismo en muchos casos. Se nos pidió un informe sobre el desdoblamiento de fórmulas como profesor/profesora y lo elaboró el equipo de filólogas del diccionario.

También se les acusa de perpetuar un lenguaje sexista.

– De nuevo de forma injusta. Reitero que el pueblo es soberano y es el que hace la lengua. No podemos imponer términos que el pueblo no utiliza. Los desdoblamientos como alumno-alumna que reclaman algunos son absolutamente innecesarios. No podemos imponer esa fórmula que tanto satisface a los políticos. Los hablantes preguntan «¿cómo están tus hijos?», no «¿cómo están tus hijos y tus hijas?» o «tu descendencia». No creo que Amparo Rubianes, que batalla por estos desdoblamientos, logre imponer el día del espectador y la espectadora o la unión de consumidores y consumidoras. La gente no habla así. Hagamos la política de igualdad más absoluta, pero no convirtamos la lengua en algo distinto de lo que habla el pueblo.

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