Noticias del español

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| José María Cruz Román
www.lasprovincias.es, España
Miércoles, 20 de octubre del 2009

ENTRE COMILLAS

La Real Academia de la Lengua va publicando diccionarios estupendos, cada vez más completos y eficaces. Pero nosotros, apenas les hacemos caso, porque escribir, lo que se dice escribir de manera artesanal, no suele ser ya una práctica conocida para casi nadie. Escribimos todos, picoteando el teclado del ordenador, actividad que no requiere pulso atinado, ni caligrafía perfecta, ni gusto por quedar bien y ser entendidos cuando alguien lea nuestros escritos personales.


Tales ausencias ocurren al escribir. Porque luego, cuando hablamos, como nadie nos ha enseñado entonación alguna o finas elegancias en el lenguaje oral, lo único que hacemos es echar mano de las manos, valga la redundancia. No para imprimir sentido declamatorio a nuestras palabras, sino para agregarles, de manera pobretona, algún gesto facilón, conforme corresponde a la indigencia expresiva que nos invade. Así pues, alzamos dos dedos de la mano derecha, igual que hacen los japoneses al fotografiarse, y alzamos también otros dos de la izquierda, mientras decimos ansiosamente: «!Entre comillas!».

Si a eso vamos, tendríamos que trazar más bien sendos paréntesis, ambos a la vez, con las manos curvadas, describiendo en el aire dos panzas, en medio de las cuales vocear nuestro grito caligráfico y potente: «!Entre paréntesis!». Y luego, cuando sea menester, con el dedo índice bien extendido, como si quisiéramos sacarle un ojo al oyente, podemos recalcar el fin de un párrafo gritando: «!Punto y aparte!». Que en el caso de que sea nada más punto seguido, bastaría con hacer un gesto semejante, pero moviendo sólo el dedo meñique, bien enfilado hacia el amigo que nos escucha.

Los perfeccionistas avanzados de esta nueva escritura oral y gesticulante, es seguro que llegarán pronto a pegar alegres manotazos en el aire cuando quieran marcar la coma. Y a trazar con la mano un cuatro en la atmósfera del salón de conferencias, si desean imprimir sobre el auditorio el sentido notable del gallardo punto y aparte. Cualquier cosa veremos ocurrir, menos expresarlo todo con la modulación y el énfasis y con los matices, ricos y elocuentes, del mero lenguaje oral.

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