Noticias del español

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| Leonor Mayor
El Mundo, España
Martes, 2 de diciembre del 2008

EL TRADUCTOR AUTOMÁTICO QUE REBAUTIZA

El Diario Oficial de la Generalitat publica una lista de opositores con nombres y apellidos castellanos traducidos al catalán. La máquina cambió los sustantivos e interpretó a su manera los apellidos que pueden ser verbos. Carrasco se convirtió en Garric, Riscos en Cingles, Erice en Estarrufi, Vega en Horta y Pimpollo en Brot.


Ya se sabe que el hombre no es perfecto, pero las máquinas, de momento, tampoco. El aparato que usa la Generalitat para traducir del catalán al castellano es útil, pero no infalible, como demuestra la publicación, el pasado 14 de noviembre, del resultado de un concurso de traslados en la Administración de Justicia, dirigida por Montserrat Tura, en el Diario Oficial de la Generalitat de Cataluña (DOGC).

Más de uno de los agraciados debió de quedarse con la boca abierta al ver cómo su nombre o su apellido, a veces sus dos apellidos, se transformaron radicalmente en la versión catalana de los mismos. La máquina traductora, por ejemplo, rebautizó a Yolanda Hidalgo Cumplido como Yolanda de Gentilhome Complert o a Teodosia Vega Conejo como Teodosia Horta Conill.

Más de un centenar de los 294 apellidos contenidos en la lista fueron transcritos incorrectamente. La intervención del traductor automático de la Generalitat afectó especialmente a las personas apellidadas con gentilicios. Así los Navarro se convirtieron en Navarrès y los Soriano en Sorià. También están los Segovia convertidos en Segòvia; los Romero en Romaní, y los Murcia en Múrcia.

Más llamativo es el caso de los afectados cuyos apellidos están relacionados con la naturaleza. Barranco fue rebautizado como Barranc; Otero se convirtió en Turó, Carrasco en Garric —que es un arbusto de hojas verdes y espinosas—; Gómez-Pimpollo se transformó en Gómez-Brot (ramita tierna); Pinos acabó por ser Pins; Riscos apareció en la versión catalana como Cingles, Valle se quedó como Vall y Manzanares como Pomars.

La mayoría de los apellidos que pueden ser sustantivos fueron objeto de la actuación de la traicionera máquina. Castor Nieto pasó a ser Castor Nét; Daniel Calvo salió en la lista catalana como Daniel Calb; Francisca Muro, como Francisca Mur, y Aranzazu Puente, como Aranzazu Pont. Del mismo modo, el apellido Casado se convirtió en Casat; Guerrero en Guerrer; Palo en Pal; Polo en Pol; Delgado en Prim; Rojo en Vermell; Redondo en Rodó; Camarero en Cambrer; Hierro en Ferro; Rubio en Ros; Salido en Sortit; Mesa en Taula, y Sabroso en Saborós.

El traductor mecánico tampoco tuvo piedad con los apellidos que incluye en la supuesta categoria de formas verbales, por lo que el señor González Ares renació para la versión catalana como señor González Llauris (segunda persona del presente de subjuntivo del verbo labrar, como ares lo seria del verbo arar). Más retorcido es el caso de María Pilar Vila: la máquina interpretó que el apellido tenía alguna relación con el verbo ver, así que lo

lo vio muy claro y redenominó a la afectada con un nombre tan original como poco corriente: Maria Pi1lar la Vaig Veure (Maria Pilar la vi).

Algo por el estilo le sucedió a la señora Erice, a quien seguramente se le pusieron los pelos de punta al ver como pasó a llamarse señora Estarrufi, una palabra que procede, ni más ni menos, que del verbo estarrufar, algo así como erizar. Y, por la misma regla de tres, uno de los concursantes llamado Marchan pasó a ser Marxen y otro, apellidado Reverte, se convirtió en Reveure't (volver a verte).

Puede que la máquina de marras haya metido la pata hasta el fondo, pero no puede negársele que tiene un nivel de catalán del que pocos pueden presumir. Para muestra un botón: la señora Ingles pasó a ser la señora Engonals, un cultismo para designar en catalán a esa parte del cuerpo. Y Esther Colmena se transformó en Esther Rusc, mientras que a Josefa Pardo le tocó en suerte convertirse en Josefa Bru, una palabra que define algo de color terroso oscuro con un matiz rojizo.

El traductor no ahorró en cultismos que hubieran hecho las delicias de Joan Marti, el filólogo del Institut d'Estudis Catalans, que propone que se multe a los periodistas que no hablan bien el catalán. Y es que la maquinita no falla una. Nada de castellanismos: al contrario, traduce correctamente Auró por Arce, Merlet por Almena, Lamana por Amana o Éssers por Seres.

Lo que no queda claro es cuál es el criterio del aparatejo con los nombres propios. Respetó la mayoria, como los Jorge o los Francisco, que no transformó en Jordi o Francesc. Pero, en cambio, sí convirtió a todas las Dolores en Dolors; a las Mercedes en Mercès; a María del Dulce Nombre en Maria del Dol?; a Amparo en Empara; a las Nieves en Neus, y a Felicidad en Felicitat. Pero la más agraviada fue una Lidia que pasó a llamarse Toreja (Torea).

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