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| María Sáenz
rioja2.com, España
Jueves, 11 de septiembre del 2008

EL RINCÓN DEL BUEN DECIR: INSULTOS A LA RIOJANA

Que los riojanos somos únicos lo sabemos. Que tenemos una lengua propia y peculiar, también. Pero que nos llevamos la palma en cuanto a insultos se refiere, eso lo vamos a comprobar ahora.


Cualquier palabra puede valernos en un determinado momento para descalificar al que tenemos al lado. Da igual qué termino sea, si se utiliza con una intención incierta puede causar mayor impacto que el insulto más grave al que podamos enfrentarnos.

Desde siempre, en La Rioja, se han reinventado significados para palabras existentes, pero también se ha tirado de imaginación y se han creado nuevos términos dotándolos de un sentido un tanto malicioso que, en muchas ocasiones, pueden llegar a faltar el respeto de la persona que lo escucha. Dependiendo de la zona de La Rioja donde nos encontremos, serán más comunes unos u otros vocablos que agredan verbalmente al contrincante.

Frecuente es, por ejemplo, utilizar las partes pudendas del cuerpo humano, combinadas con apelativos cariñosos como tonto o bobo, dando formaciones léxicas tales como "bobochorra" o "tontochorra", que determinan la capacidad de entender de un individuo. Si seguimos con la formación de insultos mediante la acumulación de términos encontramos “gilipuertas”. El DRAE recoge este término, como un eufemismo coloquial y remite a la palabra gilí, 'tonto, lelo', que proviene del caló jili 'inocente'. La combinación con puertas puede ser casual, puesto que existe la popular variante gilipollas, también recogida en el Diccionario, sin embargo podemos aventurar un origen ancestral de este término que nos lleve hasta un individuo que chocase una y otra vez con las puertas al entrar, y de ahí “el tonto de las puertas”, es decir “gilipuertas”.

No debemos olvidar la formación “tontolaba”, que sirve para decirle a alguien que no es demasiado listo en sus quehaceres. De nuevo el término tonto se une con un apellido, en este caso haba, formando el apócope de la frase: “tonto del haba”. El por qué de este insulto, según fuentes consultadas en la red de redes, podría deberse al haba que se encuentra en los roscones de reyes. De esta forma, el que encuentra la sorpresa es el afortunado, mientras que el que se hace con haba es el “tontolaba” que tendrá que pagar el Roscón del año siguiente. Como digo, esto tan solo es una suposición que corre por las páginas de Internet.

Está visto que propio de españoles es hacer uniones de palabras. Investigando sobre el tema hemos encontrado un blog en el que se comenta que al que le digan que “es más tonto que chorralambrada” le están diciendo que tiene menos alcances que aquel de Haro que se dejó alambrar su partes íntimas por cuatro duros. Y también encontramos hipótesis que le sucedieron a un tal Pichote, que cuentan que vendió el coche para comprar gasolina y que hacen de él el más tonto del mundo.

CON OTRO SIGNIFICADO

El Diccionario de la Real Academia de la Lengua recoge la palabra ababol, en su primera acepción como 'persona simple, abobada', propia de zonas de Navarra o Aragón. En zonas de La Rioja como Calahorra, Entrena o Logroño también se puede escuchar dicho vocablo, acompañado muchas veces con el apellido “florido”, denotando, de forma cariñosa, el despiste de una persona: “Ay, que ababol florido eres”. Sin embargo, en otras zonas, esta palabra sirve como sinónimo de amapola, la flor roja que puebla los campos de la península en verano.

El DRAE recoge la palabra balarrasa como sinónimo de la coloquial tarambana, sin embargo los calagurritanos utilizan esta palabra para definir a una persona mala, que intenta hacer faenas a la gente. Y, por supuesto, nada tiene que ver la definición de la palabra cácaro que nuestro libro favorito da como propia de México, 'en un cine, operador de un proyector', ya que en zonas de Ojacastro y Ezcaray, la utilizan con el significado de 'persona a la que le falta un hervor, disminuido psíquico'.

Si seguimos mirando la diferencia de significados entre el DRAE y las definiciones riojanas, encontramos, por ejemplo, la palabra camandulero, que aparece recogida con el significado de 'hipócrita, embustero', cercana, aunque no similar, al sentido que le dan en zonas de Cervera de 'fisgón o pesado'.

En Igea se escuchan voces como jaudo, 'soso', que en Cervera o Calahorra mantiene el significado pero cambia ligeramente su forma, siendo jauto, ambas recogidas en el DRAE, indicando de la primera que es propia de nuestra comunidad.

PALABRAS PROPIAS

Dejando el Diccionario de la Real Academia a un lado, encontramos en determinados pueblos de La Rioja, diversas formas léxicas que se trasmiten de generación en generación como insultos al vecino. Algunas de estas palabras son, por ejemplo, “baburrio”, en Calahorra, como 'ignorante, tonto'; “cachimindanga”, también calagurritana, 'mujer sucia'; en Villavelayo o Viniegra, “camadas”, 'persona maliciosa e interesada que habla siempre a medias y con evasivas'; o la extendida por toda La Rioja “abutardo” con el significado de 'persona torpe, tarda en comprender las cosas' y que José María Pastor Blanco, en su “Tesoro léxico de las hablas riojanas” estableció en Rincón de Soto.

Para terminar, hablaremos de un término que el DRAE recoge como insulto, pero que en cierto pueblo de la zona serrana riojana sirve para llamar a sus oriundos. El Diccionario recoge la palabra zarrio con el significado de 'harapo', 'sucio, desaliñado'. Sin embargo, a los habitantes de Anguiano no creemos que les haga mucha gracia que, como sinónimo de su apodo, se utilice sucios o desarreglados, puesto que una de las formas por las que se conoce a los oriundos del pueblo es, precisamente, por “zarrios”.

Las palabras en este artículo mencionadas son tan sólo un breve ejemplo de los insultos que circulan por nuestra tierra. Estamos seguros de que este tema podría dar mucho que hablar. Invitamos a todos nuestros lectores a que colaboren con sus aportaciones, ya que seguro que en el ámbito personal se utilizan determinadas palabras únicas para decir que alguien es despistado o un poco falto de entendederas.

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