Noticias del español

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| Jesús Cabrera
eldiadecordoba.es, España
Viernes, 26 de febrero del 2010

EL LÉXICO CORDOBÉS

HAY correos electrónicos que se eliminan nada más ver su enunciado y hay otros que se abren con expectación, se leen con ilusión y se reenvían a todo el mundo antes de mandarlos a la impresora si se carecen de prejuicios ecologistas.


Un mensaje titulado Palabras cordobesas tiene la evocación del buen rato garantizado. Encontrarse de golpe y porrazo con esta relación de términos es volver a escuchar la sonoridad profunda de palabras que no se escuchaban desde la infancia, porque al ser localismos no han pasado al mundo de la letra impresa.

Fartusco, avenate, borococo, pizco, farfollas, zarcillo, chuchurrío, charnaque, jardalaso, graílla, telera, miajón o ruilla forman parte de esa misma riqueza que en los últimos tiempos ha quedado anquilosada en pego o sipote como únicas palabras netamente cordobesas.

Además de los sustantivos están también los verbos con toda su riqueza expresiva: atacarse, achuchar, bichear, chusmear, averiguar o remear. Impagables. Son la expresión de la personalidad de un pueblo. Pese a que la lista es algo extensa, pues contiene más de medio centenar de términos, hay otros que se echan en falta y que vienen a redondear la riqueza léxica de esta ciudad, desde el muy común de saquito (prenda de abrigo que se le pone al niño cada vez que la madre tiene frío) al cultismo del alcandor, que aún se mantiene a duras penas. Esto demuestra que en Córdoba tenemos nuestro propio hecho diferencial. Ya podemos pedir la independencia, ea.

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