Noticias del español

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| Luz Nereida Pérez
Claridad, Puerto Rico
Viernes, 4 de enero del 2008

EL LENGUAJE DE LA CONTABILIDAD

La contabilidad es definida en el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) como «sistema adoptado para llevar la cuenta y razón en las oficinas públicas y particulares». En el inciso donde se define este sustantivo masculino también encontraremos que aplica a la «aptitud de las cosas para poder reducirlas a cuenta o cálculo» y se nos define específicamente la contabilidad nacional como el «sistema de cuentas interconectadas para registrar las magnitudes básicas de la economía nacional, resultantes de las operaciones de los agentes macroeconómicos».


Entendiéndose por macroeconomía: «estudio de los sistemas económicos de una nación, región, etc., como un conjunto, empleando magnitudes colectivas o globales, como la renta nacional, las inversiones, exportaciones e importaciones, etc.». Es un término contrapuesto a microeconomía que se entiende como «estudios de la economía en relación con acciones individuales, de un comprador, de un fabricante, de una empresa, etc.».

Dentro de este amplio y esencial campo, tanto para el individuo como para el país, se revelan abundantes problemas en la redacción de opiniones de contabilidad y en usos específicos de palabras o frases, por lo general calcadas del inglés. En cuanto a la redacción, las denominadas opiniones suelen ser unas malas traducciones —generalmente realizadas en México— en las que se habla de «lineamientos» que «soportan» la evidencia, etc. Además, son generalmente unas parrafadas inmensas en una sola oración laberíntica y caótica con repeticiones continuas de expresiones tales como «estado financiero». Vea usted, por ejemplo, algún informe anual de banco y verá que la peor redacción se encuentra en la opinión de la firma que realiza la auditoría de la entidad.

En cuanto a usos específicos del lenguaje, nos encontramos en el campo de la contabilidad con las «cuentas delincuentes» o «préstamos en delincuencia», expresiones traducidas literalmente del inglés delinquent account o loan in delinquency. Al traducir del inglés al español, el término delinquency se refiere, además de a delincuencia o criminalidad a morosidad o a un préstamo en atraso, en demora… En español, la delincuencia tiene que ver con delinquir, cometer delitos, estar fuera de la ley y no, con la morosidad.

Otro término de uso frecuente en la contabilidad y las finanzas —y muy particularmente en la banca— es el verbo reversar, el cual es definido en las fuentes codificadoras del español como «vomitar» o «repetir la comida». No se reversa, por tanto, en las cuentas de los clientes, sino en los lugares apropiadamente discretos para ello. El término que podría emplearse en la contabilidad es revertir —y no reversar—, que es voz que aplica a volver algo al estado en que estuvo antes, verbo de alcance a muchos otros aspectos de la vida. A un cliente se le hace un ajuste en su cuenta o se le indica específicamente si el ajuste implicó una retención o una devolución de algo.

Suele ser también de uso incorrecto y muy frecuente el empleo de los verbos financiar y negociar conjugados de manera incorrecta. Políticos, periodistas, economistas y contadores suelen expresar con asombrosa frecuencia y perseverancia que una entidad «financea» un proyecto o que es preciso «negocear» un certificado de depósito. Ambos verbos se conjugan con la vocal i y no con la e, por lo que el banco financia un proyecto y es preciso negociar la venta de algo. Indica el Diccionario panhispánico de dudas que ambos verbos se conjugan como anunciar.

Algunas personas suelen repetir irreflexivamente conocimientos rígidos recibidos escolarmente e insisten en que la persona es contador y no contable porque contable es lo que se cuenta. Esta expresión carece de ubicación en contexto y es reveladora de que no se hizo consulta a las fuentes codificadoras del léxico que son los diccionarios, en este caso los de lengua española. Si vamos al DRAE 2001, veremos que el sustantivo contable —del latín computabilis— recibe tres acepciones: «que puede ser contado»; «perteneciente o relativo a la contabilidad» y «tenedor de libros». La palabra contador —del latín computator— recibe nueve acepciones entre las que se encuentran, por ejemplo: el aplicable a los contadores de agua o de electricidad —«mecanismo o sistema que indica el resultado de una sucesión numérica o del paso de un fluido». También se alude en la quinta acepción que un contador es un «tenedor de libros». Igualmente recibe otras definiciones que en este momento no vienen al caso.

Por tanto, con el mismo argumento tan repetido por el sistema de memoriza y repite que abunda en nuestro sistema escolar, de que lo contable es lo que se cuenta, podríamos argüir que tampoco sería contador porque contador es el del agua. Los conocimientos requieren búsqueda, consulta y ubicación en contextos y circunstancias. Lo cierto es que la persona que realiza la contabilidad puede denominarse tanto contador como contable desde el punto de vista general y amplio del idioma. Sin embargo, en Puerto Rico, el Colegio de Contadores Públicos Autorizados se inclina por el uso de contador o contadora para aquéllos y aquéllas que han pasado la reválida de conocimientos relacionados con la teneduría de libros de cuentas que administra el Estado.

No es con simplismos —tales como que las que ponen son las gallinas— que se educa a un pueblo, sino con verdades y con argumentos procedentes del estudio, de la consulta y de la validación del uso del lenguaje dentro de unas circunstancias.

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