Noticias del español

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| Jorge Eduardo Arellano
elnuevodiario.com.ni, Nicaragua
Lunes, 22 de diciembre del 2008

EL GÜEGÜENSE Y SU DEBATE ORTOGRÁFICO

En la Memoria del Coloquio-Debate, organizado por el INC en mayo de este año sobre El Güegüense, se concluyó que es un hecho consumado la escritura con s del título de la obra y el nombre del protagonista de nuestra anónima obra colonial.


Así figura en la reciente edición del excelente Coloquio-Debate que convocaría a más de 80 asistentes y a los estudiosos Carlos Mántica, José Daniel Prego, José Manuel Plaza (español residente en León) y Jorge Eduardo Arellano. Sin embargo, Mántica se aferra al arcaísmo ortográfico de la c, negándose a discutir el tema.

Como ya ha sido expuesto en trabajos de Enrique Peña Hernández y del suscrito, el vocablo Güegüense es un nahuatlismo incorporado desde el siglo XVI al español de Mesoamérica, mejor dicho: un sustantivo o nombre propio originado de huehuentzin (de huehue: viejo y tzin: partícula reverencial que en su traslado al castellano cambió por ch, como en el caso de Malitzi”: Malinche).

En su tratado Del náhuatl al español (1939), José Ignacio Dávila Guridi registra esa etimología y su significado en el actual México: el nombre de «ciertos viejos que elijen las danzas de los indios en los templos católicos, particularmente en los santuarios en los que van en romería» y el de «los danzantes que forman la danza llamada de los huehuenches o güegüenches». Pero en Nicaragua el vocablo carece de tal significado.

Escudriñando su etimología, Mántica atribuyó otra al vocablo: cuecuetzin (de cuecuech: travieso, desvergonzado), concluyendo que puede traducirse «gran sinvergüenza». Mas esta interpretación está reñida con la de «anciano venerable», procedente de la acepción tradicional de huehue o viejo en las culturas indígenas de Nicaragua, donde los viejos ejercían la función de sabios y caciques, como los nahuas del Istmo de Rivas. Además, entre los chorotegas constituían el Monéxico que gobernaba la tribu y elegía un jefe guerrero, a quien mandaban a matar si intentaba rebelarse.

El mismo Mántica advierte que en el proceso de conversión del náhuatl al castellano de las partículas tzin y tz corresponden a cin y c, como en tzinco: cinco y tzipil: cipe. Pero también especifica que tzin puede transformarse tanto en c como en s. En los parlamentos 2 y 5, el manuscrito más conocido de la obra presenta pilce (indistintamente noble caballero o hijito mío), corrupción de piltzin, escrito con c y en el parlamento 130 con s. O sea que, aplicando el criterio ETIMOLÓGICO, el título y el protagonista de nuestro bailete dialogado pueden escribirse con ambas grafías. Tal es la conclusión de Mántica en su artículo sobre el tema de 1971.

Pero él siempre ha optado por la c, continuando el uso que inició el alemán Berendt (1874), prosiguió Brinton (1883) y en 1942 Pablo Antonio Cuadra, aunque éste se haya decidido por la s en el capítulo sobre El Güegüense de su libro El Nicaragüense (1967) y en su última aproximación al tema: Entre una ideología y una cultura (1988). Sin embargo, hay que tomar en cuenta otro criterio –el FONÉTICO– que autoriza la grafía s de nuestra comedia y de su singular protagonista. Como es notorio, los «nicas» no ceceamos, es decir, la articulación interdental es ajena a nosotros; y si alguna persona la practica es por afectación. «Lo natural, espontáneo y usual nuestro es la articulación alveolar» —anotó—, alguna vez, Enrique Peña Hernández, para indicar nuestro característico seseo, realidad fonética hispanoamericana aceptada como correcta desde 1956. Escribimos Cecilia y pronunciamos Sesilia. La s (y no la c) es la que utilizamos cuando decimos cepillo, cerote y cereguete. El ceceo sólo se ha detectado en una reducida población de la ciudad de El Viejo, departamento de Chinandega.

Por tanto, sustento que Güegüense puede y debe escribirse con s, aplicando el criterio fonético. La forma Güegüence, que realmente pronunciamos Güegüense, no refleja gráficamente la realidad fonológica del vocablo. A ello agrego lo más importante: como la tendencia lingüística es escribir como se habla, al tratarse de una dicción españolizada formada en nuestros lares, lo adecuado y lógico es la grafía güegüense (con s). En junio de 2006, Guillermo Rothschuh Tablada afirmó que «la mejor regla gramatical es el oído, dejando abiertas así las puertas para una oficialización de la S como grafía correcta para escribir el nombre Güegüense».

Otra razón fortalece nuestra propuesta: el uso histórico. Ya desde 1908 el alemán Walter Lehmann, quien transcribió el manuscrito más completo de dicha pieza —datado de 1867— denomina a su protagonista Güegüense (con s). Estudios y difusores nacionales prefirieron la misma grafía, por ejemplo Apolonio Palacio en su artículo «El Güegüense» (1929), Alfonso Valle en Filología nicaragüense (1948): y Alberto Ordóñez Argüello en su investigación El Güegüense o el primer grito del mestizaje americano (1952). Pero fue Francisco Pérez Estrada quien generalizó dicha grafía en sus múltiples trabajos, a partir de 1946.

Durante los años 50 en folletos turísticos y suplementos literarios también se escribió con s. Lo mismo hicieron en los 60 el folclorista diriambino Leopoldo Serrano Gutiérrez en su Crónica de las festividades de San Sebastián de Diriamba (1960), los cubanos José y Dolores Martí Cid en su Teatro Indio precolombino (1964), tanto en la transcripción de su texto como en el Estudio de El Güegüense (pp. 157-162), y Carlos Mántica en su Ensayo etimológico del Güegüense (1966). Dos años después, Franco Cerutti utilizaba la misma grafía en el Congreso Americanista de Sttutgart-München (1968).

Ya en los 70, el indigenista e intérprete revolucionario Alejandro Dávila Bolaños publicó su traducción anotada de El Güegüense / Drama épico indígena (1970), puntualizando: «Usamos la grafía Güegüense con ‘ese’ en la sílaba final y no con ‘ce’ siguiendo la costumbre de escribir Sébaco, tunanse, tacuase, pilse, cucyanse, etc. Además nuestro pueblo más bien dice el güegüense (e) con la ‘e’ final casi muda» (Dávila Bolaños, 1974: 23). Desde entonces, la grafía con s ya era un hecho consumado. Muy pocos, incluyendo el suscrito, optarían por la c, La mayoría ha recurrido a la s, entre ellos el historiador Carlos Molina Argüello (1968), por citar una respetable autoridad filológica.

Al mismo tiempo, desde los 60 se otorgaba el «Güegüense de Oro», un galardón anual a los mejores actores y actrices de teatro; y comenzó a funcionar la famosa «Radio Güegüense», dirigida por Salvador Cardenal Argüello. Posteriormente, creaciones literarias como las de Eduardo Zepeda-Henríquez (Timeo hominem unius libri), Octavio Robleto (El Güegüense enamorado), Julio Valle-Castillo (Viaje al estilo de La Nica) y José Coronel Urtecho (Romance del Güegüense), optaron también por la s. También lo hizo Ernesto Cardenal en su texto valorativo de la recreación de María López Vijil.

¿Y a principios del siglo XXI? El periodista Edwin Sánchez constató que «en la calle, el comercio, los medios de comunicación, la Internet, la Alcaldía de Managua, y algunos discursos de políticos, etc., han hecho de la s una tradición» (Sánchez, 2006). Existe, como es notorio en la capital, una «Rotonda del Güegüense» y en Masatepe una mueblería llamada asimismo «El Güegüense». ¿Y los recientes trabajos en inglés, por ejemplo los de Aragón, Reichhardt, etc., y el texto proclamatorio de la misma UNESCO? Todos han recurrido a la s.

En resumen, esta grafía con s se ha impuesto por su mayor uso y es la más recomendable por su fidelidad etimológica y afinidad fonética con nuestra habla. No se trata de sustituir la s por la c en palabras como Cocibolca, Nancite, etc., sino en normalizar la grafía de un vocablo que sólo usamos en Nicaragua. Y, aunque de etimología náhuatl, nunca se pronunció en ese idioma, resultando un ejemplo vivo del español de Nicaragua.

En fin, el profesor de la Universidad Americana (UAM), José Palermo Ruiz, consultando al departamento «Español al Día» de la Real Academia Española (RAE), acerca de la grafía con c o con s del vocablo, recibió esta contestación el 19 de junio del 2006: «Entre las dos variantes que nos plantea, la más usada, y por ello más recomendable, es güegüense».

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