| | | | |

EL GERUNDIO Y LA COMA; CALAMACO, CACHIRULA, TILDATÓN

Efraín Osorio
La Patria, Colombia
Martes, 26 de Mayo de 2009

«El manejo del gerundio es uno de los puntos delicados del uso del español; el abuso de él revela siempre pobreza de recursos y su uso en algunos casos es incorrecto» (M. Moliner).


Valorar

1 Star2 Stars3 Stars4 Stars5 Stars

SIN VOTACIONES

0 valoraciones | 0,00 sobre 5

Hace muchos años, cuando aún ignoraba yo el significado de más del noventa y nueve por ciento de las palabras definidas en los diccionarios, me enseñaron algo que no he olvidado acerca del inmanejable gerundio: Como éste es activo por naturaleza, no se puede aplicar a cosas inanimadas o, mejor, inactivas. El profesor ilustró la doctrina con el siguiente ejemplo: «Recibí una caja "conteniendo" naranjas». De todos los ejemplos de gerundio mal empleado, éste puede ser llamado el ejemplo de los ejemplos. «…que contenía naranjas», corrigió el profesor. En su nota sobre el libro de Bonel Patiño Noreña (Confesiones de Media Noche), el columnista José Jaramillo Mejía señala como equivocado el gerundio "semejando" de la siguiente oración: «…y, por fin, desde una eminencia del carreteable, se apreció, en la lontananza, a Salamina, con la torre de la iglesia parroquial, semejando una blanca paloma que, con su pico, quisiera el cielo horadar…».

En su respuesta (LA PATRIA, V-14-09), el autor dice que es castizo. Gioconda Belli, casualmente, en su novela Sofía de los presagios echa mano del mismo gerundio: «Nubes zoomorfas semejando monstruos que guardarán el rumbo circular de la luna, dan a la noche una atmósfera espectral» (Cap. XIII). Según la doctrina general arriba expuesta, tales gerundios son incorrectos. Si, por algún recóndito porqué no lo son, no dejan de ser gerundios empleados sin fortuna. Sobre el gerundio han sido escritas páginas y páginas y páginas. Los autores, sin embargo, no han podido ponerse de acuerdo en todas y cada una de las normas que lo rigen. Hay algunos que, inclusive, han criticado al mismísimo Cervantes. El señor Cuervo, por ejemplo, acepta como buena una sentencia de El Quijote que para la Academia es incorrecta: «En un instante se coronaron todos los corredores del patio de criados y criadas de aquellos señores, diciendo a grandes voces…» (II-XXXI). Refiriéndose al gerundio, dice María Moliner: «El manejo del gerundio es uno de los puntos delicados del uso del español; el abuso de él revela siempre pobreza de recursos y su uso en algunos casos es incorrecto». Azorín, citado por la misma autora, dice: «Con gerundios se escribe a lo manga por hombro».

Anota también don José que la redacción de Confesiones de Media Noche se vuelve pesada por el uso abusivo y equivocado de la coma. No he leído la obra, pero en la misiva que me ocupa aparecen algunas comas que sobran, por ejemplo —y sin mencionar las de la oración arriba citada— en las frases siguientes: «Ocurrió que a José la contemplación del follaje, le impidió ver el bosque». «Apelando, comedidamente, al derecho de réplica…». En la primera, porque el sujeto («la contemplación del follaje») no se puede separar de su verbo («le impidió ver») mediante la coma; en la segunda, porque los adverbios de modo no deben separarse con comas, a no ser que pertenezcan a oraciones o frases incidentales. Además, emplea la expresión «a resultas», que no tiene lógica, en la siguiente frase: «A resultas de un encuentro ocasional». Como se trata de «procedencia», la preposición debe ser «de», así: «De resultas de…», expresión que significa «como resultado ulterior (no inmediato) de la cosa que se expresa: "Murió de resultas de un accidente"» (María Moliner). Borrador, señor, o un asesor de redacción.

Según Juan Corominas, don Cecilio, el vocablo «calamaco» comenzó a circular a comienzos del siglo XVIII. Y lo define: «Cierta tela de lana. Propiamente "poncho colorado": parece ser el araucano "kelü" ('rojo') mákun ('poncho, manto de hombre con abertura en medio para pasar la cabeza')». ¿El precursor de la ruana? Fui a un almacén de telas del centro de la ciudad y pregunté si tenían calamaco. Pensaron, creo, que yo estaba deschavetado. Por esto, Germán Ferro Medina lo incluyó en su Diccionario de palabras que mueren, con esta definición: «Tela ordinaria de lana delgada y angosta». La Academia la amplía: «Tela de lana delgada y angosta, que tiene un torcidillo como jerga y se parece al droguete». Lo usamos también para variar el refrán «por los gustos se venden los calambombos», así: «Por los gustos se venden los calamacos (o el calamaco)». Nota: En el diccionario citado de Germán Ferro (edición del 2004) se lee que «calamaco» viene de «cachirulo», variante mozárabe de «cacerola». Esto, evidentemente, tuvo que ser un error de transcripción, porque ésa es, según el autor, la etimología de la palabra inmediatamente anterior, «cachirula» ('Mantilla de punto o velo pequeño que usaban las mujeres para ir a la iglesia').

En El Tiempo están invitando por estos días a los colegios al XIV Concurso de Ortografía. En el aviso promocional dicen: «Entrénate para la gran tildatón» (V-17-09). No me había repuesto aún del trauma «tildatón». ¡Qué memos, don Napoleón!

Licencia de Creative Commons © MMXIV - Los contenidos elaborados por Fundéu que se publican en esta web lo hacen bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-CompartirIgual 3.0 Unported