Noticias del español

| | |

| Carlos Galán Lorés
eldiariomontanes.es, España
Jueves, 4 de septiembre del 2008

EL ESPAÑOL, ¿UNA INDUSTRIA?

Debemos desterrar eso de industria del español y tratarlo como enseñanza y difusión del idioma, unido a la cultura, la historia y la literatura de España.


¿De qué industria nos están hablando? Porque de un tiempo a esta parte no deja de oírse repetida la palabreja, incluso con una especie de unción, como si fuera un manto que recubre esta presunta dedicación a la enseñanza del español, o tal vez a la obtención de pingües beneficios con semejante actuación.

Uno siempre recuerda, recursos de la edad, a aquella joven y juvenil profesora que había sido contratada para enseñar nuestra lengua a los alumnos extranjeros llegados hasta nuestra Universidad Internacional. Se lo estaba pasando tan bien, eran tan trabajadores sus estudiantes, tenía unos compañeros tan agradables, y la ciudad con sus playas le parecía tan maravillosa, que no pudo por menos que asombrarse cuando, a mediados de mes, la llamaron para que pasara a cobrar su trabajo. Por ello exclamó sorprendida: ¿Y encima pagan!

Para esta profesora aquello no era una industria, sino una dedicación que le ganaba la voluntad a pasos agigantados. Aunque, si nos atenemos a lo que dice el diccionario de la lengua, industria es «maña y destreza o artificio para hacer algo». Ella y el plantel docente que la acompañaba poseía esa destreza para enseñan el español deleitando, pasándoselo bien y recibiendo por añadidura una retribución.

Pero esto de enseñar el español se ha ido convirtiendo sin duda en una industria, o eso se pretende: «conjunto de operaciones materiales ejecutadas para la obtención, transformación o transporte de uno o varios productos naturales», según la segunda acepción de la Academia. Nuestra lengua, al parecer, se ha puesto tan de moda en muchos países, que la llegada de estudiantes extranjeros en busca de esos rudimentos del español se ha hecho masiva. Y no es tanto que busquen deleitarse con nuestros clásicos o adentrarse en la poesía contemporánea. No, pretenden mucho menos. Tal vez adquirir un uso pragmático del español para conseguir entenderse en la vida cotidiana de los hoteles, bares y servicios públicos. O bien dotarse de la suficiente habilidad como para vender automóviles, frigoríficos u ordenadores en países de habla hispana. Se va a lo práctico y menos a una cultura que es poco productiva e incapaz de proporcionar dividendos estimulantes. Así se habla de los millones de estadounidenses que quieren conocer el español. Su puede crear una agencia importadora de lo que algunos llaman 'guiris'.

Por ello los centros de enseñanza del español proliferan por doquier, casi como antaño sucedía con los zapateros de portal. Un tabuco medianamente decente es susceptible de adaptarse para esos menesteres. En el cuarto de estar de un domicilio privado hemos visto organizar clases. Tampoco hace falta mucho más material que una pizarra, quizás un magnetófono, un mapa y ya. Claro que se necesitan profesores, pero que no exijan mucho sueldo. Para serlo será suficiente con que hable español, nativo a ser posible, y con eso ya se supone que podrá enseñar nuestra hermosa lengua. ¿Que él mismo no la entiende. Por favor Si se consigue una asociación con alguna entidad oficial de cierto supuesto prestigio, mejor que mejor. La industria, el negocio, resultará más rentable.

Pero no solamente son los centros privados los que han proliferado como hongos silvestres. También los oficiales que ostentan un marbete como más institucional se han abierto por todo el mundo. Buena falta nos hacían. Que harta envidia nos daban ingleses, franceses, italianos y alemanes con sus institutos. Ahora ya tenemos nuestros Cervantes como embajadores de nuestra lengua y nuestra cultura. Pero han de servir para eso, para ofrecer nuestra lengua por medio de profesores cualificados y con gestores competentes de la cultura. Porque habrá que optar por poner al frente a especialistas , no sólo a hispanohablantes, que para eso podría servir un cantante o un experto en comunicación, o algo similar. Tal vez un escritor jubilado. Pero estos, lamentablemente carecen de la especialización precisa para organizar estos centros y dirigir a sus profesores.

Y la programación ha de ser ambiciosa, que ofrezca al estudiante una gama suficiente de enseñanzas. Habrá que enseñar al estudiante nuestra lengua, por supuesto, pero también nuestra cultura, nuestra historia, nuestra economía, nuestra literatura, cómo somos y cómo hemos sido. Quizás sea muy caro, pero el estudiante tiene derecho y obligación de conocernos a fondo. Quizás esto no deba ser tanto una industria que produzca beneficios, dividendos golosos, sino una empresa cultural de primer nivel con predominio del altruismo sobre la explotación económica. Cierto que se pueden reducir gastos, adelgazar las enseñanzas ofrecidas, ceñirse a lo esencial, pero los estudiantes extranjeros entenderán poco español, pero tontos no son y elijan la mejor oferta. Entonces la industria puede entrar en crisis.

Por ello, por lo que parece revelar, por lo que induce a conjeturar, debemos desterrar eso de industria del español y tratarlo como enseñanza y difusión del español. Que nadie de los que se sorprendían al ver que les pagaban por realizar una misión tan bella, tengan que escandalizarse pensando que con esta actividad se persigue ahora solamente el lucro y no aquello que tenía mucho de misión evangelizadora. Pero qué tonterías. Seguramente estamos en otros tiempos menos idealistas y más realistas, en unos tiempos en los que la pela es la pela. Fuera los romanticismos.

¡Hola!

¿Has buscado tu consulta?

Si no la encuentras, rellena nuestro formulario: