Noticias del español

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| María Luisa García Moreno
Periódico Granma, Cuba
Del 1 al 15 de abril del 2009

EL ESPAÑOL NUESTRO: IRRESPETUOSAMENTE E IRRESPONSABLEMENTE

Un lector, acucioso estudioso del idioma y sus curiosidades me envía palabras de 17 y 18 letras: irrespetuosamente e irresponsablemente, ambas de siete sílabas, y también de siete sílabas y 15 letras: indirigibilidad, en la que la vocal «i» se repite seis veces. Otra muy larga es multidireccionabilidad, nueve sílabas y 22 letras.


Se refiere el lector a la palabra más corta, con dos sílabas y dos letras: , en la cual hay hiato y que, muy probablemente, sea el vocablo bisílabo más corto que existe en nuestro idioma.

Las palabras indexar e indizar son variantes de un mismo concepto: «hacer índices, registrar ordenadamente datos e informaciones, para elaborar su índice». Por supuesto, proceden de índice, que etimológicamente significa «tabla de un libro» y «dedo índice» y procede del latín index, hoy término prácticamente en desuso. Durante la Edad Media, el Index era el conjunto de obras prohibidas por la Inquisición, entre las cuales figuraron algunas de las mejores del pensamiento humano. Hoy, la Unesco tiene un Index Translationum o repertorio de obras traducidas en todo el mundo. También la especialidad de enfermería cuenta con su índex bibliográfico.

Con respecto a inicialar me cuenta un lector que desde antes del triunfo revolucionario, era común en los bancos que cada operación interna diaria fuera inicialada al asentarse en las hojas de trabajo. Cada trabajador tenía su contenido de trabajo y debía inicialar las operaciones —rutinarias o no— en las que participaba. Ello lo identificaba, pues entrañaba una responsabilidad. Cada persona tenía una especie de garabatico propio —que no necesariamente eran sus iniciales—, perfectamente conocido por los demás. Y se empleaba también el término refrendar, cuando un superior, en señal de chequeo o autorización, inicialaba una operación a realizar o ya hecha por un subordinado.

Entre los errores más comunes en el uso de la preposición a se encuentra el emplearla como nexo de un complemento directo, a no ser que este indique persona. Debemos decir: golpeó la pared y golpeó a su oponente, vi un ferrocarril y vi al nuevo compañero, por ejemplo. En muy raras ocasiones se permite el uso de la a con el fin de evitar ambigüedad: Sostiene a la voluntad la esperanza. En este ejemplo, si no usáramos la preposición, no podríamos definir cuál es el sujeto y cuál el complemento directo. También es correcto usarla cuando el complemento directo es un nombre propio geográfico sin artículo (Visitamos a Santiago de Cuba.), aunque es bastante habitual en América no emplear esa a (Visitamos Santiago…).

Según el DRAE, el adjetivo endémico, -a, término biológico, define aquello que es «propio y exclusivo de determinadas localidades o regiones». Científicos cubanos precisan el término en diferentes trabajos: Fernández Milera y Martínez Fernández: «especies animales o vegetales propias o exclusivas de una región geográfica determinada»; Berovides Álvarez y Gerhartz, «especie u otro grupo taxonómico que solamente se distribuye en una localidad, zona, país o región específica»; Lourdes Mugica y otros, «especie que solo vive en un país o región»; González Alonso y otros: fauna endémica: la «que habita exclusivamente en determinada región»; Rodríguez Schettino y otros: endemismo: «condición de las especies que viven solamente en determinados lugares. Puede ser en el ámbito regional, nacional o local».

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