Noticias del español

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| María Luisa García Moreno
Granma, Cuba
Del 19 al 31 de mayo

EL ESPAÑOL NUESTRO: ARSENAL

Por su etimología, arsenal es el «lugar donde se construyen embarcaciones y se guarda lo necesario para equiparlas», de ahí «depósito de efectos de guerra». Procede del italiano arsenale, este del veneciano antiguo arzanà y este del árabe hispánico darsinaa, formado por dar, «casa» y sinaa, «obra de construcción». En este idioma, tiene un origen común con dársena, «zona resguardada artificialmente, empleada como fondeadero o para la carga de embarcaciones». Hoy, arsenal es empleado principalmente como «depósito de armas, municiones y pertrechos de guerra».


Algunas frases o locuciones adverbiales —así llamadas porque reflejan una circunstancia, en muchos casos la forma o modo en que se hace algo— se consideran también neologismos; unas no han sido recogidas aún en el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), otras sí, como ocurre con a todo gas, «de forma muy rápida o a gran «de forma incompleta, a medias, sin utilizar todo su potencial»; a capella que se pronuncia /a capela/— «cantar sin acompañamiento instrumental»; a contrarreloj, «que se hace con tiempo muy justo»; a la brava, «con violencia, sin contemplaciones ni miramientos». Por cierto, la palabra brava aparece recogida en el DRAE como cubanismo, al igual que bravata, y dar una brava, frase coloquial que significa «coaccionar».

Curioso resulta el parentesco del número cuatro, que viene desde la prehistoria y es la base de una numerosa familia de palabras. Procede del latín quatro, quattro o quattor, y estos de quattuor, a su vez, tomado de lenguas indoeuropeas. De él se derivan palabras aparentemente tan alejadas de su significado como cartabón, carné, cuaderno, cuartel, escuadra y trapecio, además de otras más evidentes, como cuadro y cuadrado. En cuanto a tetra-, procedente del griego, es en español un elemento compositivo, que también significa «cuatro»: tetrasílabo, tetrápodo. No es el único caso en que, desde tiempos remotos, la palabra latina y la griega se incorporaron a nuestra lengua.

Según la preceptiva tradicional, eran tres las figuras de dicción que se empleaban para reducir palabras: el aféresis, del griego, «supresión de algún sonido al principio de un vocablo, como en ora por ahora»; la síncopa, del latín syncopa, y este del griego, «supresión de uno o más sonidos dentro de un vocablo, como en navidad por natividad y la apócope, del latín apocope, y este del griego, «supresión de algún sonido al final de un vocablo, como en primer por primero. Resulta evidente que constituye un error afirmar que la escuela Solidaridad con Panamá es llamada Panamá, «apocopando el nombre», pues apocopar es «hacer uso de la apócope».

Tanto el DRAE como el María Moliner incluyen el adjetivo investigador, -a, del latín investigator, -oris, «que investiga»; mientras que el Breve diccionario de la lengua española, del Instituto de Literatura y Lingüística, y el Diccionario básico escolar, del Instituto de Lingüística Aplicada, de Santiago de Cuba, reconocen su doble carácter de sustantivo y adjetivo. Además, este útimo texto incluye el adjetivo investigativo, -a, «que pertenece o se relaciona con la investigación», el cual no aparece en los lexicones académicos, a pesar de ser palabra de uso frecuente en contextos bien formales. Investigador, -a se refiere a persona e investigativo, -a a la actividad.

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