Noticias del español

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| María Luisa García Moreno
Granma, Cuba
Del 1 al 13 de diciembre del 2008

EL ESPAÑOL NUESTRO

Se habla de elección en términos del idioma cuando de una palabra existen dos variantes y corresponde al hablante escoger cuál prefiere.


Estos casos se dan, fundamentalmente, en palabras de doble acentuación o de simplificación de escritura, como por ejemplo: trasmitir y transmitir, así como todos sus derivados. Claro, no pierda de vista que otra tendencia —en todos los aspectos de la vida y también del idioma— es la de la economía: ¿para qué escribir de más?

Según el Diccionario panhispánico de dudas, «Nobel es el nombre de los premios instituidos por el químico sueco Alfred Nobel. En su lengua de origen, el sueco, es palabra aguda [nobél], y así se recomienda pronunciarla en español, a pesar de que la pronunciación llana [nóbel] está muy extendida, incluso entre personas cultas. No debe confundirse gráficamente con el adjetivo novel ('principiante'). Cuando se refiere al nombre del premio, se escribe con inicial mayúscula y es invariable en plural: ‘La ceremonia de entrega de los Nobel es muy vistosa’ —debe recordarse que los apellidos no se usan en plural: los García—. Cuando se refiere a la persona que lo ha recibido, se escribe con minúscula y hace el plural con -es: 'Al congreso acudieron cinco nobeles'.”

La palabra pantry, aunque no aparece recogida ni en el DRAE ni el Diccionario Panhispánico de Dudas, sí puede hallarse en el Léxico Mayor de Cuba, (1959) de Esteban Rodríguez Herrera, quien escribió: «pantry, del inglés pantry, «despensa, reposte. Esta palabra inglesa está de moda para muchos nuevos ricos que al fabricar, les piden a sus arquitectos un buen pantry, pero no alacenas ni repostes para guardar comestibles. Es uno más de los vocablos innecesarios en nuestra lengua». Y añade el linguista cubano que procede de panis, «pan». De 1959 para acá ha extendido y ampliado su uso; pero no ha ganado, hasta ahora, mayor reconocimiento académico.

Un lector amante de las curiosidades del idioma me envía la que, probablemente, sea una de las palabras más largas del idioma: electroencefalografista, diez sílabas y 23 letras; dos con sílabas de seis letras: truhan, monosílabo, y prehis- to- ria; otras donde se suceden cuatro consonantes: transgredir y monstruo, así como algunas en las que se repite varias veces la misma vocal: Cacarajícara, Sabanalamar, Saramaguacán, vehementemente, indivisibilidad y otorrinolaringólogo. Curioso, ¿verdad?

Acaba de ver la luz la segunda edición del Diccionario básico del escolar, de Eloína Miyares, publicado por el Instituto de Lingüística Aplicada, de Santiago de Cuba. Este texto constituye una magnífica oferta para los escolares y, ¿por qué no?, para la familia cubana. Sus deficiones se distinguen por su amenidad y apego a nuestras circunstancias; destaca los grafemas que pudieran generar errores ortográficos; incorpora frases, refranes, cubanismos y americanismos; incluye sinónimos, antónimos y términos afines, aumentativos, diminutivos y plurales… Con más de diez mil entradas y 18 000 acepciones, este diccionario viene —como el Diccionario esencial del español, del Instituto de Literatura y Lingüística— a ocupar un importante espacio.

El neologismo sostenibilidad aparece documentado por primera vez en el año 1997; se deriva, en última instancia, de tener y este del latín tênêre. Se usa generalmente referido al desarrollo económico sin merma de los recursos existentes y a problemas medioambientales. También de tener se derivan sustentar y sustentabilidad. Este último se usa con igual sentido que sostenibilidad. Ambos son neologismos y aún no aparecen el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE).

Mucho se oye o se lee por estos días, en diferentes medios de prensa plana o televisiva —incluido este diario—, el uso de frases como «salvataje financiero», «plan de salvataje», «operación de salvataje”, “salvataje humanitario”, y otras similares, empleadas en textos de carácter económico o medioambientales, las cuales constituyen un disparate, pues “salvataje” no existe en español. Parece una corrupción del inglés salvage, salvamento —«acción y efecto de salvar o salvarse» o «lugar en que alguien se asegura de un peligro»— o del francés sauvetage, salvamiento, con la primera acepción de la anterior, al igual que salvación. Las palabras que deben emplearse en español para trasmitir esa idea son: salvamento, salvamiento o salvación.

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