Noticias del español

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| Marta Caballero (elcultural.es)

El español en cinco kilos y medio

García de la Concha expone los grandes logros de La nueva gramática de la lengua española, cuya presentación oficial se celebra hoy [ayer] en un multitudinario acto al que acuden los Reyes.

Los directores y presidentes de las 22 academias de la lengua española han celebrado, acompañados por los reyes y más de 600 personalidades, la salida a la luz, por fin, de la Nueva gramática española, una obra «colectiva, consensuada y ambiciosa» que refleja los aspectos más importantes del español y cuyo efecto en la comunidad hispanohablante «será lento pero firme», según destacan su responsables.

Este miércoles, en el mismo lugar y durante la presentación a la prensa, los directores de las academias se jactaban de que los dos nuevos volúmenes que ahora publica Espasa no tienen comparación en cuanto al consenso con la gramática de ninguna otra lengua. Y es que, según destaca el director de la Real Academia Española, Víctor García de la Concha, es ahí, en la labor conjunta, donde se encuentra la gran aportación de unos nuevos tomos que se han demorado más de 75 años.

Para empezar, y según expone García de la Concha, porque esta es la primera vez que se hace una gramática total, «universal» sobre el español. «Hasta ahora sólo se habían hecho sobre el español de España, no por falta de voluntad sino porque esta gramática no hubiera sido posible hace 20 años». Y alude con ello el lingüista al favor de las nuevas tecnologías, que son las que han permitido acceder a los repertorios léxicos y gramaticales específicos que antes no existían. «Hoy podemos comprobar de forma sencilla cuántas veces aparecen ciertas formas en escritores de Nicaragua», ejemplifica, y prosigue: «La informática ha supuesto un avance descomunal. Por eso, cuando en 1973 la comisión publicó el Esbozo, señalaba en la advertencia preliminar la conciencia de la falta de información. Sin embargo, hoy esa información está sobrepasada gracias a los corpus a los que me estoy refiriendo». Con la informática soplando a su favor, las academias han reunido fuerzas y hoy podemos hablar de unos volúmenes que al fin reúnen «una gramática que muestra la unidad común y las variedades de una construcción aquí y allá».

Esos aquí y allá a los que alude el director de la Real Academia Española son, en su opinión, relativos, puesto que se ha confirmado con este trabajo que «el español es una lengua que en un 90 % tiene un léxico común». Frente a este número hay un porcentaje diferencial referido a las costumbres, las plantas, etcétera. «Hemos podido constatar que la unidad morfológica y sintáctica del español tiene un valor muy elevado. En este sentido, la gramática lo que muestra sobre cualquier construcción es lo unitario y, después, las variedades». Y apunta: «Estas variedades no nos dan como resultado una contraposición entre el español de España y el de América, porque hay fenómenos gramaticales que se dan, por ejemplo, en Canarias, Andalucía y América que tienen mucha unidad entre sí y que difieren del español de Burgos». En este sentido, la segunda gran novedad de la Nueva gramática es que ha dejado de considerarse América como una suerte de país unitario.

Continuando con el capítulo de aportaciones, García de la Concha no quiere olvidar el hecho de que el libro se haya gestado entre todas las academias: «Es una obra colectiva y al mismo tiempo consensuada», sostiene, y continúa: «Consensuada no tanto en el análisis, porque éste es un ejercicio científico, pero sí a la hora de fijar la norma gramatical, porque esta gramática es descriptiva y normativa y ese consenso al que aludo reside en la norma».

La posibilidad de digitalizarla

Ya que la informática ha resultado ser un empujón definitivo para la creación de la Nueva gramática, García de la Concha adelanta que en un plazo de tiempo medio largo el volumen se editará en formato digital: «Llegaremos, pero no queríamos un PDF sino una página que permita navegar. Primero quisimos que quedara constancia el método tradicional, del libro, pero dennos un respiro para que no fenezcamos. Ahora estamos con la versión manual, que queremos sacar en primavera, y después con la básica, que saldrá en otoño. Este también va a ser un año de trabajo duro, porque ahí tiene que estar todo. Ignacio Bosque, el ponente, siempre ha dicho que no podíamos barrer debajo de la alfombra. En gramática hay muchas cuestiones dudosas o no aclaradas. Él ha querido descender a detalles, porque en su opinión el hispanohablante debe poder encontrar cualquier cosa».

Esto de la digitalización lleva directamente a otro asunto. Puesto que la versión online permitiría la rápida modificación de temas, cabe la pregunta de la celeridad con la que el español cambia hoy en día. «El lenguaje está siempre en ebullición, pero no es tan grande su evolución», resuelve García de la Concha. Preguntado, en cambio, por la polémica expansión del español en Estados Unidos, el director de la RAE concreta que, en ese caso específico, el problema es distinto. Esto es, que no hablamos de la evolución de la lengua sino de lo que en inglés se denomina code switching y aquí hemos popularizado como spanglish. «Un trabajador de Honduras que llega a Estados Unidos y que no habla inglés mezclará sus propios esquemas en castellano con la nueva lengua. Esa mezcla no será la misma en California que en Nueva York. Y dentro de Nueva York, variará del Bronx a la Quinta Avenida. ¿Dejará eso huella en el español? Probablemente sí, pero hoy todavía carecemos de perspectiva para entenderlo. Lo que sí se está modificando ya es el léxico, pero no la estructura: Es difícil extraer consecuencias», aclara.

«Las autoridades no indican excelencia sino textos que documentan usos»

Lo cierto es que la Nueva gramática, mastodóntico volumen de indudables méritos, está recibiendo ya alguna que otra crítica que, como recalca García de la Concha, «la Academia ha estado esperando». En primer lugar, está el asunto de la presencia de las autoridades, de la aparición reiterada en obras consultadas de algunos escritores menores o desconocidos que en ocasiones iguala o supera al de clásicos históricos o a autores fundamentales del siglo XX.

García de la Concha defiende esta decisión premeditada: «Preveíamos que ocurriría y por eso en el prólogo, y después de un delantalito que lleva la nómina de autores, incluimos una advertencia muy clara en la que se dice que esto no es un canon de excelencia». Opinan así los hacedores del volumen que, aunque Nebrija dictase la necesidad de apoyarse en las citas de los grandes escritores, la gramática analiza y hace la construcción no sólo del español en su pureza de realización ni en el más culto, sino también en el de la calle, y hasta en el español vulgar. «Esta gramática no se queda en los niveles de excelencia sobre el que solían quedarse las gramáticas tradicionales. Las autoridades no quieren decir excelencia sino textos que documentan usos. Si analizo no sólo los niveles de cultura, sino también la cultura baja, tengo que citar textos que documenten estos niveles», contraataca García de la Concha.

La segunda razón que esgrime es de carácter científico técnico y apoya la anterior. Alude a los hechos lingöísticos. «Tal palabra, dígala Cervantes, Agamenón o su porquero, es un hecho lingüístico. Ahora, evidentemente en la gramática siempre están como referencias de altura los grandes autores clásicos. Si nos dicen que faltan poetas diremos que sí, pero es que el lenguaje de la poesía es un lenguaje anómalo, desviado del lenguaje estándar. No falta Góngora, pero sus hipérbaton se salen del lenguaje normal», concluye.

Fieles al hecho gramatical

Otro de los reproches clásicos que sufre actualmente la Academia y que se percibirá en la crítica a la Nueva gramática es la presunta vacilación a la hora de dictar la norma. Según García de la Concha, la obra contempla los conceptos de descripción y de norma. La segunda debe ser, a su juicio, una variable más de la primera. «Cuando yo analizo uno de los elementos que se tienen que describir he de tener en cuenta cómo los hablantes valoran esa construcción gramatical. ¿La consideran culta, coloquial, familiar, vulgar? Y también qué percepción tienen del registro de esa construcción. ¿Para ellos es correcto o incorrecto?», explica el director. Ante esta situación, la pregunta que se dibuja es ¿qué debe hacer la Academia? Así lo explica él: «La norma existiría aunque no existiera la Academia porque es básicamente la percepción que el pueblo hablante tiene de esas construcciones. La Academia estudia y en la descripción y el análisis de ese hecho dice: esto es incorrecto o esto es jerga. La Academia da fe notarial de eso, se convierte en un espejo. Y aquí es donde viene la crítica, que es sana, y dice que la Academia se ha vuelto laxa. Y nosotros decimos que no, que somos fieles a lo que perciben los hablantes. Porque hay normas que se están extendiendo».

Como ejemplo, cita el caso de la palabra francesa élite, que debiera pronunciarse como elite pero que, llegado un momento, ha comenzado a pronunciarse como esdrújula por boca de escritores de gran relieve. «Otro ejemplo es el caso de decir detrás nuestro, que a mí me suena fatal pero que en muchos otros países se ve totalmente normal. Además, aquí empiezan ya a documentarse usos en ámbitos extensos. Lo que estamos haciendo es ser fieles al hecho gramatical», concluye.

Finalmente, García de la Concha se defiende de la crítica felicitándose por el trabajo «bien hecho». Y admite que, si bien han podido equivocarse en valoraciones o han adoptado una línea que no es la mejor, es cierto que estamos ante un trabajo pensado y repensado hasta última hora. «Ignacio Bosque, el ponente, ha tenido dudas hasta en las pruebas de corrección. Cuestiones que hemos tenido que aclarar con todas las academias», alega. Con todo, lo que esta RAE más abierta quiere es que el volumen propicie la sana discusión sobre la lengua pero que a la vez «se reconozca la gran tarea» de estas instituciones. «Vamos a abrir un correo de sugerencias a través del que corregiremos, enriqueceremos y actualizaremos conceptos», finaliza.

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