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Agencia Efe

Miércoles, 12 de octubre del 2011

El español criollo de Filipinas quiere borrar su imagen ordinaria


El español criollo hablado al sur de Filipinas, llamado chabacano, quiere dejar atrás el estigma de idioma barriobajero que arrastra desde hace siglos y dar el salto a la letra impresa con una ortografía definida.


«Conocemos el significado de la palabra chabacano en español pero no nos gusta que prevalezca esa visión de idioma vulgar. Queremos darle una identidad definida», afirma a Efe Bert Torres, profesor de la Universidad de Mindanao Occidental y uno de los mayores impulsores de este idioma en Zamboanga.

Situada en el extremo sur de Filipinas, Zamboanga está considerada como «la ciudad latina de Asia» por ser casi el último bastión de este español criollo hablado por el 80 % de sus cerca de 800.000 habitantes.

Nacida hace casi 400 años entre los trabajadores de México y de diversas partes de Filipinas que fueron reclutados para construir una fortaleza, esta lengua comparte hoy el 60 % de su vocabulario con el español.

«Recuerdo que una vez iba hablando en chabacano con mi esposa en un avión y una pareja de extranjeros nos miraban sonriendo. Resultaron ser españoles y podíamos entendernos a la perfección», relata Torres.

A pesar de ser el idioma más empleado en la ciudad de Zamboanga y sus alrededores, el chabacano nunca ha sido considerado una lengua de pleno derecho sino un dialecto popular sin valor académico.

«Hay algunos padres que saben chabacano pero hablan a sus hijos en inglés o tagalo porque lo consideran más refinado. Queremos combatir esa mentalidad y hacer que la gente esté orgullosa de su idioma», dice el profesor.

Torres ha escrito El primer alfabeto chabacano, un trabajo para fomentar la enseñanza del idioma entre los niños, y está enfrascado junto a sus colaboradores en la redacción de una ortografía.

«Será un libro que ayude a todo el mundo como punto de referencia de la lengua escrita, estoy trabajando en ello con amigos lingüistas», subraya el docente.

Esta iniciativa académica está acompañada de un impulso institucional, con la colocación de algunos carteles oficiales en chabacano y un proyecto piloto de enseñanza en esta lengua en cuatro escuelas de primaria de la ciudad.

«Es el idioma español de Asia, no hay otra ciudad en el continente en que la mayor parte de los residentes puedan entenderse con hispanohablantes», afirma a Efe en castellano el alcalde de Zamboanga, Celso Lobregat.

Este político descendiente de españoles destaca el avance que supone que las televisiones y radios locales hayan comenzado a difundir sus telediarios en chabacano.

«No hay periódico, porque sigue siendo una lengua más oral que escrita», lamenta el edil.

Pese a la buena salud de la lengua hablada, Bert Torres advierte de que sólo los mayores de 60 años conversan en chabacano puro, mientras que las personas de entre 30 y 60 años lo mezclan con otros idiomas regionales y los más jóvenes lo adulteran aún más por influencia de los numerosos inmigrantes de otras zonas y de la televisión nacional, en tagalo e inglés.

En cuanto a las diferencias con el español, al margen del vocabulario tomado de dialectos filipinos, Torres aclara que la estructura gramatical está simplificada, sin distinción de género en las palabras ni tiempos verbales.

«Para marcar el pasado usamos la partícula ya y para el futuro ay, por ejemplo, he comido se diría ya come yo y casi siempre usamos el artículo el: el vaso, el silla, el camisa», explica el profesor universitario.

«Solemos decir que el chabacano no es un español simplificado sino que el español es un chabacano complicado», bromea Lobregat.

La primera variante de este idioma nació en la base naval española de Cavite, cercana a Manila, a principios del siglo XVII, entre los trabajadores traídos de México y otras partes de Filipinas que mezclaron sus idiomas con el español que empleaba el capataz.

En 1635, cuando la colonia española llegó a Zamboanga, a unos 890 kilómetros al sur de Manila, se produjo el mismo fenómeno durante la construcción del fuerte de San José.

El idioma sigue siendo utilizado por comunidades de las convulsas islas de Basilan y Jolo, al sur de Zamboanga, pero durante el siglo pasado se extinguió casi por completo en Cavite, en el barrio manileño de Ermita y en zonas del sur del país. 

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