Noticias del español

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| Javier Franco Altamar
eltiempo.com, Colombia
Miércoles, 28 de marzo del 2007

«EL ENEMIGO DEL IDIOMA ESPAÑOL NO ES EL INGLÉS, SINO LA POBREZA»

La sentencia fue pronunciada por el escritor Antonio Muñoz Molina durante la sesión solemne inaugural del IV Congreso de la Lengua, pero retumbó en la plenaria de ayer.


Esta vez fue en boca del chileno Antonio Skármeta, quien entregó la ponencia más aplaudida de la jornada en la que alertó sobre la necesidad de ser muy cuidadosos en la expansión de nuestro idioma.

El dilema es que si bien nuestra lengua se está expandiendo con mucho dinamismo, y ya es la segunda en número de países hablantes y en culturas, es que es exactamente lo que se está enviando al mundo en riqueza, significados y contenidos.

«La educación no ha sabido fusionar la tradición con la verdad, ni lo clásico con lo espontáneo. Lo que no es actual es visto más con tedio que como fundamento», apuntó Skarmeta.

El chileno fue el último que habló en la ronda de comentarios. Fue obligado a resumir la gruesa intervención que traía escrita, pero ya lanzado a las aguas de la improvisación resaltó la novela Cien años de soledad de Gabriel García Márquez como un ejemplo de la fusión que él propone.

«Su lenguaje potente recoge la ambientación local impregnando lo que vive cada personaje, y tiene el doble efecto de la espontaneidad y la reverencia que obliga el estar en presencia de un clásico de la literatura», dijo.

Escritor preocupado

La principal preocupación de Skarmeta es que el Español que se expande no sea el de Ortega y García Lorca, sino una variante que él llamó el «pañolito», matizado con el hecho de que los medios masivos abominan los libros.

En ese sentido, dijo que le preocupa «el español que no se habla» dado que «lo que se calla es más rico que lo que dice» con lo que se puede afirmar que nuestro idioma pertenece más a unos que otros.

Más adelante, en los comentarios de la ronda de intervenciones complementarias, insistió en los peligros de que el expandido resulte ser un español instrumental que no respetará la grandeza del idioma.

A la final, la preocupación real no debería ser la calidad del lenguaje que se expande, sino de que a la postre, vayan a resultar innecesarios los traductores, «y resulta que la traducción es un arte maravilloso que llega a equivocos geniales», como el que resultó de confundir, en un poema erótico, el significado de la palabra «lengua» como órgano gustativo para trasladarla a «lenguaje», con lo que se ocasionó la simpática situación de que con el lenguaje podían hacerse cosas inimaginables.

El punto de partida había sido una ponencia del periodista Juan Gossaín, director de noticias de RCN, quien luego de lanzar una diatriba contra la diversidad poniendo como ejemplo los diferentes significados de la palabra «jíbaro» en Latinoamérica (¿será que cada vez nos comprendemos menos?), aseguró que el español es «vivo y palpitante» en el sentido de que la lengua es el pueblo como algún día expresó Rufino José Cuervo, y llamó a asumir la diversidad como un desafío, con el apoyo de los vínculos con los medios masivos y la tecnología moderna del Internet.

También hizo votos, para asumir esa diversidad, la de que cada academia nacional divulgue, en su propio territorio y a los medios masivos, los boletines de la Real Academia Española con los añadidos propios, y que eso sea producto de intercambio.

Eso, acompañado de una cruzada desde Latinoamérica a la Madre Patria. «El Internet y la televisión son los medios más atractivos, y debemos utilizarlos para la difusión de la gramática», señaló Gossaín.

El resto de intervenciones (la de Juan Luis Cebríán, de la Real Academia Española; y la de Enrique Durand de la CNN es Español) recordaron la autoridad del pueblo en la definición de los contenidos de la academia, y lo interesante que resulta, desde un Consejo de Redacción, dirimir conceptos para llegar a un lengua universal.

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