Noticias del español

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| Magí Camps
lavanguardia.es, España
Lunes, 26 de enero del 2009

EL ENCANTO DEL SALDO

El castellano puede y debe inventar palabras, pero a veces basta con emplear una ya existente.


Una frase: «Muchos abuelos acaban haciendo el papel de padres». Otra: «El barrio de la Sagrada Família fue testigo de un caso singular de violencia sexista». ¿Alguien ha tenido algún problema de comprensión de estas dos secuencias? Si en lugar de papel y de violencia sexista se hubieran empleado rol y violencia de género, ¿se habrían entendido mejor las frases?, ¿habrían ganado algún matiz? La respuesta, creo, es no.

En los últimos años, y en especial desde que en el 2005 las 22 academias del español publicaron el Diccionario panhispánico de dudas (DPD), las directrices lingüísticas quieren hacer valer el genio del idioma frente al extranjerismo fácil. Las normas emanan de las autoridades académicas y, por extensión, de los departamentos lingüísticos universitarios y periodísticos; pero donde se bate el cobre es, de manera especial, en los medios de comunicación, en todos sus grados de popularidad y de calidad. Así lo reconocía la flamante académica Inés Fernández-Ordóñez. Los periodistas, pues, tenemos una responsabilidad lingüística ineludible; no podemos caer en la tontería.

En el mundo del fútbol convive el córner con el saque de esquina, invento posterior a la palabra inglesa, pero que ya hace tiempo que arraigó. Por ello, ahora, el DPD no ceja en su empeño, y algunas de sus recientes propuestas, como superventas, supermodelo o sobrecontratación, conviven en buena vecindad con best seller, top model y overbooking.

El mensaje es sencillo: ya no vale el que inventen ellos; el castellano también puede y debe inventar. Y en muchas ocasiones no es necesario ni inventar, basta con emplear una palabra que ya existe. Así lo razonaba el presidente de la agencia Efe, Álex Grijelmo, en una entrevista reciente en el Diario de Burgos: «El complejo de inferioridad que sentimos nos hace creer más prestigiosas otras lenguas, especialmente el inglés. Y por eso usamos tantos anglicismos, porque nos parece más prestigioso hacer un planning que un plan, y nos resultan más atractivos los outlets que los saldos».

Y muchos más, claro: antiaging en lugar de antiedad; brainstorming en lugar de lluvia de ideas; full time en lugar de a tiempo completo… Al emplear esos extranjerismos, algunos piensan que impregnan su discurso de glamur. Y lo triste es que no añaden ni una gota de encanto.

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