Noticias del español

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| Santiago Delgado
El Faro de Cartagena, (Cartagena España)
Jueves, 7 de diciembre del 2006

EL DICCIONARIO NO ES UNA LEY

Vuelven una y otra vez las feministas a pedir que el Diccionario de la Real Academia Española elimine las acepciones machistas del lenguaje. La cosa, bienintencionada, supongo, es una demostración de ignorancia supina, y que da vergüenza ajena o alipori. El diccionario no es sino un espejo que los académicos ponen a la lengua, y que refleja lo que la lengua es, lo que la sociedad usa como lengua. Son notarios, no legisladores lingüísticos.


Una cosa es el código civil y otra el diccionario. Si un diccionario pudiera cambiar costumbres, qué gran injusticia usarlo sólo contra el machismo. ¿Por qué no antes eliminar las palabras guerra, corrupción o asesinato? Por no decir pobreza, subdesarrollo o tsunami, terremoto o sequía. ¿A que tenemos claro que eliminando esas palabras no se eliminan sus correspondientes? Pues lo mismo pasa con los usos lingüísticos de las palabras.

Los Académicos hacen su oficio recogiendo los conceptos ligados a las voces, y no pueden ignorar unos y apreciar otros. Si en la sociedad la frase mujer pública significa lo que significa, la Academia no puede cambiarlo, porque la sociedad no lo analogue a hombre público. Y no lo analoga hoy por hoy. Si la sociedad evoluciona, y logra que nadie use la frase en tal sentido desgraciado, pues la Academia cambiará la explicación de la frase, Pero no antes.

Pero ocurre que la RAE ya ha cedido en un caso parecido. Sucede con las expresiones referidas a los judíos. Ha eliminado prácticamente todas ellas. Exactamente lo que piden las feministas con lo suyo. Muy mal. Se quiera o no, desgraciadamente, el vocablo se sigue utilizando con afán peyorativo. Recuerden el incidente del actor ultracatólico Mel Gibson, insultando con el apelativo de judío a los policías que lo detuvieron por conducir ebrio, creo recordar. Y no hablaba en español. Qué no pasará en nuestro idioma.

Lo que sí debiera hacer la RAE es marcar estas significaciones de los vocablos del diccionario como éticamente despreciables. Mediante un comité surgido dentro de la propia Academia, y regido por las Declaración de Derechos Humanos, se debería hacer la observación sobre lo injusto y rechazable de tal acepción. Del mismo modo en que se hace para advertir si estamos ante un vulgarismo o cultismo. Así los textos del diccionario de la RAE podrían advertir sobre la conculcación de los Derechos Humanos que el uso marcado supone. Y entonces sí podríamos disentir sobre si tal o cual acepción es machista o no. Pero no sobre su existencia. Palabras como coñazo, cojonudo, mujereta, mariquita y otras debieran figurar con esa entrada reveladora de la injusticia que su sentido conlleva. Y constituir una invitación a ir dejando de usarlas, tanto en privado como en público. Que su señalización en este sentido fuera el inicio de su expulsión de la sociedad, requisito para salir del diccionario. Vale.

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