Noticias del español

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| Mercedes Hidalgo Asís
La Opinión de Murcia, España
Miércoles, 24 de junio del 2009

EL DÍA DEL ESPAÑOL

Cada día del año está lleno de significados con los que cada uno de nosotros podríamos inundar el planeta de palabras, pero bien está que el instituto que tiene entre sus cometidos el de dar a conocer nuestro idioma, hacer que éste se expanda por todo el orbe y conquiste nuevos territorios, no al modo de los antiguos imperios, sino como medio o vehículo de conocimiento y entendimiento entre los pueblos, dedique un día al año para festejar el idioma que hablamos en veintiún países y pronto los haremos más de quinientos millones de personas.


Dieciocho años, aunque representen la mayoría de edad, apenas es nada para un proyecto tan vasto y de tanto futuro, pero que el español sea el segundo idioma de comunicación de todo el mundo o que haya unos quince millones de personas que lo estudian en la actualidad, parece que es motivo más que suficiente para que nos sintamos orgullosos de nuestra lengua y se le dedique un día al año para festejarla. Entre las muchas actividades que lleva a cabo dicho Instituto, desde el once de mayo hasta la madrugada del veinte de junio, puso en marcha la página web www.eldiae.es visitada por más de setenta y tres mil ciudadanos de todo el mundo, en la que más de cincuenta mil, de ciento diez países votaron las palabras para el día E, de español. Aunque sin perder la perspectiva de que éste, el Español, se habla en veintiún países y, por tanto, no es sólo el español de España el que enriquece la lengua de Cervantes en el mundo. Una muestra de que esto es así lo ratifica el resultado de la votación: malevo, un argentinismo, sobre más de dos mil seiscientas palabras propuestas.

Otro análisis requerirían las palabras que siguieron a este término tanguista y porteño en la votación, tales como «chapuza», mientras que la primera palabra que hace referencia a los afectos, «cariño» figure en séptimo lugar. O por qué, «malabarista» (en cuarto lugar) ha interesado tanto a los votantes. Tal vez por su sonoridad, tal vez por su significado y larga trayectoria. Porque si bien del malabarismo hay imágenes egipcias que ilustran de la práctica de destrezas en la época de los faraones ya era un hecho, el término al español no llega hasta el siglo XVI, con origen en la región Malabar en la India, aunque traído hasta la península por los navegantes portugueses de quienes los adoptó el castellano. Lo cierto es que, hoy día, los únicos malabaristas que amenizan los grandes o pequeñas celebraciones son, sobre todo, los músicos. Que ciertamente, a veces, también hacen juegos malabares.

Si la palabra más votada del diccionario ha resultado ser malevo, que puede producir una cierta extrañeza, en la votación del Ficcionario (neologismos que tanto cuesta a las academias incorporar al vademécum de la lengua) los internautas han estado mucho más cercanos a la realidad y a las preocupaciones del momento, eligiendo «ambientólogo». Bien entendido que queriendo resaltar la importancia que hoy se da al conocedor, al experto en el medio ambiente, puesto que cada día son más los ciudadanos de todo el mundo, en español o en cualquier otro idioma, convencidos de que el medio ambiente está realmente enfermo y hay que aplicarle con urgencia todo tipo de antídotos y remedios. Y desde luego que en el Manual de buenos usos y costumbres tienen que estar prescriptas y dirigidas por los ambientólogos o climatólogos, no vaya a ser que, ciertos malabaristas, nos hagan que sigamos funcionando como marionetas, como aquellas con los que ya jugaban los niños griegos en el siglo V a. de C., títeres de madera tirados por hilos para moverlos a placer.

Tal vez entre las muchas seleccionadas esté la palabra «gozo». Pero el gaudium latino, el gaudiis exultare, que diría Cicerón, estar desbordante de alegría, de satisfacción, de regocijo, de tener un sentimiento de complacencia, fue lo que sintieron muchísimos españoles a saber que en el cielo de Tokio a Nueva York, de Manila a Pekín, de Brasilia a Nueva Delhi , de El Cairo a Sydney, de Damasco a Reykiavik y desde prácticamente todas las capitales u otras ciudades de Europa el pasado sábado, como un buen augurio de la llegada del solsticio de verano, llovieran palabras en español.

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