Noticias del español

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Isabel Garzo

Yorokobu.es

Jueves, 24 de enero del 2013

El dardo en el correo electrónico


La comunicación interna es la última pulga del último perro del último… Bueno, os hacéis una idea. Total, ¿qué más da? Un correo interno no tiene que cuidarse. Y para los correos dirigidos a otras empresas, más de lo mismo: basta con que «se entienda». O ese es el sentir más generalizado. El problema radica en que, a veces, ni eso. Y otras veces se entiende, pero se entiende mal.


A pesar del guiño a Lázaro Carreter en el título de mi artículo, no voy a hablar aquí de las incorrecciones de ortografía y puntuación en los correos, porque son las mismas que encontramos en la prensa o en otros documentos. Más bien expondré algunas reflexiones sobre «malas costumbres en las formas» que me he ido encontrando en miles de correos electrónicos de varias empresas.

1. ABUSO DE LA PALABRA «GRACIAS»

Ser agradecido está muy bien, pero hay casos en los que escribir «gracias» puede tener un efecto negativo. Sí, como lo lees. Debemos reservar esa palabra para dos casos:

1. Alguien ha hecho algo por ti y se lo agradeces. Ejemplos: «Gracias por dejar las revistas encima de mi mesa»  o «está muy bien el informe, gracias por enviármelo». Sencillo, ¿no?

2. Por tu puesto, te corresponde pedir a determinada persona que haga algo. Sabes con certeza que lo hará porque es su cometido, así que se lo pides y se lo agradeces de antemano. Por ejemplo: «Necesito las cuentas de los últimos dos trimestres. Gracias». Hablamos solo de superiores que se dirigen a un subordinado.

Pero hay otros casos en los que escribir «gracias» puede volverse en tu contra:

1. Cuando la otra persona no ha hecho nada por ti. Por ejemplo: te han pedido algo, lo has realizado y al final del correo informativo pones «Gracias»: «Te envío los informes que me pediste. Gracias» o «Ya he terminado la presentación. Gracias». Es una coletilla que ahí no aporta nada y, además, resta sentido a las veces en las que pongas «gracias» de verdad. Pero es cada vez más frecuente. Tanto, que no sorprende. Que hay que leer este párrafo despacio para darse cuenta de que, en efecto, no tiene ningún sentido poner «gracias» en esos casos.

2. Cuando pides un favor a un compañero que no está bajo tu mando y lo que le solicitas no está estrictamente dentro de sus funciones. En ese caso, tu «gracias» puede interpretarse como una orden, como una muestra de que das por hecho que lo va a hacer y no esperas ni siquiera su respuesta. Por ejemplo: «Estoy muy ocupado, ¿podrías hacer tú este mes el resumen de la campaña? Gracias». La solución es tan sencilla como sustituirlo por un «por favor». Un «por favor» es humilde. Un «gracias», cuando no hay nada que agradecer, parece una orden.

[…]

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