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Francisco Mora 

huffingtonpost.es 

Martes, 23 de octubre del 2012

EL CUCHILLO DEL IDIOMA


El lenguaje se encuentra en la raíz más profunda de la naturaleza humana, no en vano son códigos que se han venido construyendo en el cerebro a lo largo de los 2 últimos millones de años de proceso evolutivo. El cerebro tiene, al nacimiento, los circuitos «duros», genéticamente programados, capaces de grabar en ellos cualquier idioma. Y es la lengua de los padres la que reconstruye, transforma y modela esos circuitos en un proceso lento a través de la física y la química, la anatomía y la fisiología. 


 Todo esto lo sabe casi todo el mundo. Pero lo que no sabe todo el mundo es que no es lo mismo grabar en esos años tempranos un idioma que otro. En esos años tempranos se captan y aprenden matices sensoriales y emocionales que son transferidos con las palabras de un determinado idioma como no lo serán nunca por ningún otro que se aprenda después. Y es este idioma temprano el que queda mas profundamente anclado en el cerebro y con el que el niño definitivamente, dibujara el mundo y sus gentes.

Ningún otro idioma será plenamente equivalente. Y es con ese instrumento que el niño nombra sin esfuerzo el mundo y «lo diferencia» de otros mundos, lo que incluye «matices» de las cosas, sucesos y personas. Con el idioma más genuino, aquel que se escucha tras el nacimiento, se expresa la intimidad de una manera diferenciada y única. Por eso un idioma «unifica» emocionalmente a las gentes pero también y al tiempo las desune, las separa. Es un bisturí, un cuchillo, que corta emocionalmente y aun cognitivamente lo que es «ajeno y diferente».

La sintonía emocional sutil que proporcionan las palabras de un determinado idioma jamás puede ser traducida fidedignamente a otro. Que se lo digan a los poetas y escritores. Y ni aun siendo auténticamente bilingüe, en donde desde el nacimiento se haya oído hablar en el seno familiar dos lenguas distintas, sigue existiendo una con un color emocional más profundo y sutil, quizá el idioma de la madre. Idioma este último que viene reforzado por el entorno familiar, el de la calle y el de todos los días.

Color emocional posiblemente no detectable ni por el individuo, ni por tests psicológicos sofisticados, ni tan siquiera tal vez por las técnicas de imagen cerebral hoy disponibles, pero existir, existe. Hoy, con la neurolingüística, comenzamos a conocer las profundidades abisales en las que el lenguaje está anclado en el cerebro y su tremendo significado no solo para la solidaridad y la agresión entre los seres humanos sino para lo que resulta todavía más sorprendente, para la propia concepción del mundo y con ello compartirlo plenamente.

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