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Miércoles, 30 de enero del 2008

EL CHAT, ¿A FAVOR O EN CONTRA?

Vino a revolucionar el cómo nos comunicamos; su uso, además de ciertas precauciones, requiere el conocimiento de una forma de expresión diferente: un lugar donde la palabra escrita toma otras formas y no cuenta con el respaldo de la voz, pero ¿qué más nos ha traído el 'chateo'?


Hace unos días, una amiga me decía que no tenía una cuenta del tan conocido Messenger, el programa de mensajería más popular en el mundo. Yo me sorprendí. Primero, porque en estos tiempos es normal que un niño de seis años tenga una cuenta para catear y mi amiga tiene ¡22!; y segundo, porque si no tienes una cuenta de ese tipo, simplemente quedas fuera de un mundo infinito.

El chat se ha convertido en una especie de «droga cibernética», principalmente entre los jóvenes de 15 a 29 años. No podemos negar su utilidad para comunicarnos con amigos en otras latitudes, para trabajos escolares en equipo (cuando ya no dio tiempo de ponernos de acuerdo en la escuela) o para intercambiar información, fotos, audio y video en minutos.

Originalmente chat significa trago. Hoy, según el Diccionario panhispánico de dudas, se refiere a un vocablo tomado del inglés chat (charla), que significa conversación entre personas conectadas a Internet mediante el intercambio de mensajes electrónicos. Este anglicismo ya es aceptado por la Real Academia de la Lengua Española, aunque las palabras cibercharla o ciberplática son algunas de las propuestas para sustituir chat.

Debo confesar que el «boom» de esta forma de comunicación —en la década de los noventa— me llegó hace poco y creo que tiene que ver con la defensa de nuestro lenguaje, lo cual, a mi parecer, no se hace en el chat.

El chat más allá de hacer ágil una conversación, que sería uno de sus objetivos, traba y confunde la charla; es un ritmo tan diferente al que normalmente utilizamos que cuando alguien entra por primera vez, simplemente no entiende mucho de lo que ahí ve/lee.

Sin embargo, al poco tiempo se convierte en una adicción cibernética. Durante ese proceso, el chat tiene el poder de modificar cualquier identidad y, en algunos casos, hasta fomentar el acoso cibernético, relacionarse con prácticas pornográficas o «piratería», así como con pérdidas económicas y laborales.

Para el investigador de la Facultad de Psicología de la UNAM, Manuel González Oscoy, el chateo en Internet es considerado como una adicción con características similares a las drogas, el tabaco y el alcohol, ello como resultado de los cambios de hábitos en los cibernautas.

Datos de la Asociación Mexicana de Internet indican que actualmente existen 23.7 millones de usuarios de chat en el país; a decir del especialista, estos millones de internautas pueden desembocar en una dependencia a la «plática virtual», pues interfiere significativamente en la vida normal de una persona.

Sin embargo, para Raymundo Morado, del Instituto de Investigaciones Filosóficas, este medio es utilizado como una nueva forma de expresión por niños y adolescentes, superior a la hablada y al escrito tradicional, al hacer uso de una taquigrafía contemporánea. Morado señala que su uso no desvirtúa el lenguaje, sino que lo potencia.

Este investigador sostiene que con los iconos y abreviaturas de frases se descubre una «taquigrafía contemporánea» y que ahora se tiene un tercer lenguaje además del hablado y del escrito, superior a los otros dos.

Lo que me parece curioso es que hay quienes dicen que nuestro lenguaje necesita revolucionar y modificarse para adaptarse a estas nuevas formas de comunicar, pero en la práctica y la cruda realidad es que escribimos y hablamos mal, no podríamos entender otro lenguaje si no tenemos claras las bases del que ya usamos.

Y no sé ustedes, pero yo me quedo con lo tradicional… Y ustedes, ¿ya son adictos al chat o se rehúsan a entrar a ese ciberespacio?

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