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| Agencia Efe

Aurora Egido: La falta de mujeres en la RAE se arreglará por la fuerza de la gravedad

La filóloga guadalajareña Aurora Egido, elegida académica de la Lengua, cree que en una institución de tanto prestigio como la Real Academia Española se debe entrar «por méritos». Es «una evidencia» que hay pocas mujeres en ella, pero «eso se irá arreglando por la fuerza de la gravedad».

Aurora Egido nueva académica

La filóloga guadalajareña Aurora Egido. Foto: ©Archivo Efe/Ángel Díaz

«Es mejor que los méritos primen por encima de cualquier otra consideración y, como cada vez hay más mujeres que tienen muchos méritos, llegarán a la Academia y adonde sea», asegura Egido en una entrevista telefónica con Efe.

Experta en el siglo de Oro, sobre todo en autores como Gracián y Cervantes, Egido (Molina de Aragón, Guadalajara, 1946) vive «ilusionada» su elección como académica, pero más que como la coronación de su larga carrera profesional, lo ve como «un momento duro de responsabilidad, como algo que empieza y que debe merecer todos los días» con su trabajo.

En el caso de la Real Academia Española, Egido, catedrática de Literatura Española de la Universidad de Zaragoza desde 1981, espera que «lo poco» que haya hecho en el ámbito del hispanismo y de la Filología, pueda «ponerlo al servicio de la RAE con la mejor voluntad y con humildad, porque a los sitios hay que ir, no a enseñar, sino a aprender cada día», asegura esta mujer que ha merecido premios como el Baltasar Gracián o el Nacional de Investigación en Humanidades «Ramón Menéndez Pidal».

También le hace especial ilusión ocupar el sillón «B», que perteneció al cineasta José Luis Borau, una persona a la que siempre admiró y con la que mantuvo una cierta amistad.

Cuando ella fue a Los Ángeles de profesora visitante, Borau acababa de dejar la ciudad después de haber trabajado en Hollywood y de rodar la película Río abajo (On the line).

Egido es «bastante cinéfila» —también le gusta «mucho el teatro»— y le encantó conocer «a todo el grupo de amigos de Borau y vivir un poco el ambiente que él había dejado».

«Todo va unido: la ‘B’ de Borau y, puesto que es mayúscula, la ‘B’ que yo querría de buena y bella, que es a lo que aspira la literatura, a ese ámbito donde la ética y la estética se hermanan», afirma la nueva académica.

También trató «un poco» a Fernando Fernán Gómez, el anterior ocupante del sillón ‘B’, y «no digamos a Alarcos Llorach», su antecesor en esa misma plaza y cuya obra cita «constantemente en clase», comenta Egido, presidenta de honor de la Asociación Internacional de Hispanistas y de la Asociación Internacional Siglo de Oro.

La nueva académica es consciente de que la incorporación de una mujer a la RAE siempre suscita interés, pero cree que «no es bueno, incluso para las mujeres, insistir tanto en ese tema, porque lo que se debe preguntar la sociedad es si la persona, que es lo más difícil de ser en este mundo, como decía Gracián, reúne los méritos suficientes».

«Yo, en todos los sitios a los que he entrado, siempre ha sido por mis méritos», deja claro.

En el caso de la Academia de la Lengua, «es una evidencia que hay pocas mujeres, algo que también ocurre, por ejemplo, en la Academia británica», pero afirma que «eso con el tiempo se arreglará porque ya no hay obstáculos, como sí los hubo en el pasado».

Egido alude con sus palabras a aquella época remota (mediados del XIX y principios del XX), en la que la Academia rechazó a aspirantes tan ilustres como Gertrudis Gómez de Avellaneda o Emilia Pardo Bazán con el siguiente pretexto: «no hay plazas para señoras». Tampoco dejaban entrar a las mujeres en la Biblioteca Nacional.

«Afortunadamente, el tiempo, “gran arquitecto”, como decía Marguerite Yourcenar, va construyendo otros parámetros», añade esta gran experta en Gracián, que en el 2001 fue comisaria del IV centenario del nacimiento del escritor barroco.

Lleva décadas como profesora y, desde la Universidad, la crisis «se vive con tristeza porque se ven muchos recortes en la investigación y en todos los ámbitos».

En el plano educativo, no se fijaría tanto en la universidad como en la primera o la segunda enseñanzas, en las que «ha habido indudablemente un declive que ha sido culpa de todos, y especialmente de no haber puesto la educación por encima de cualquier consideración política», opina.

En la universidad española, añade, el plan de Bolonia «está siendo demoledor con algunas disciplinas».

«Yo creo que la literatura tendría que tener una presencia mayor en los planes de estudio», asegura Egido que, en los últimos años ve en sus clases cómo, «ahora que hay Erasmus, preguntas básicas de la lengua o de la literatura españolas te las contesta un alumno de los países del Este, una italiana, un francés, y los españoles no saben hacerlo».

«Y la culpa no es de ellos. Es de los padres, maestros, políticos y de todos los que formamos parte del ámbito de la enseñanza, que no les hemos dado lo que merecían», asegura.

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