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| Álex Grijelmo (El País.com, España)

«Depurar responsabilidades», qué difícil

La frase representa en nuestra mente una abstracción mientras esconde a los autores.

El verbo «depurar» remite a la limpieza, pero el uso lo ha ensuciado bastante en los últimos tiempos.

Su origen remoto lo encontramos en el indoeuropeo peu(a) («purificar», «limpiar». Diccionario etimológico indoeuropeo; Roberts-Pastor). Y de ahí salen (tras pasar por el latín purus) términos como «puro», «purificar», «purista», «puritano» o «apurar». Sí, «apurar»: limpiar el vaso hasta vaciarlo.

En la misma línea se sitúa el término «purgar», que a veces funciona como sinónimo de «depurar». «Purgar» se forma en latín con la ya conocida base purus (limpieza) y el verbo ago (llevar, hacer). Por tanto, purgar es «llevar a la limpieza» o «hacer limpio» algo. De donde obtenemos «expurgar», con similar sentido.

Vale la pena, pues, observar el vocablo «depurar» junto con sus familiares, para perfilarlo mejor al través de la historia.

 

En nuestros días comprobamos a veces que alguien se queda más ancho que largo ante un caso de corrupción tras anunciar que «se van a depurar responsabilidades». Y cuando un significado se fuerza, cuando no responde a lo que el Diccionario viene diciendo de él, conviene reflexionar al respecto. Sobre todo si la manipulación semántica procede del poder, ya sea político, económico o sindical: cuando viene de los que pontifican ante el micrófono, y no de lo que circula entre el pueblo.

La Academia define depurar como «limpiar» o «purificar». No podía ocurrir de otra forma, pues tales son los conceptos que acompañaron al término durante toda su vida, como acabamos de ver.

Si hiciéramos caso del lenguaje político (y ya se ve que estamos lejos de ello), esa depuración a la que suelen referirse los personajes públicos significaría «limpiar las responsabilidades».

[…]

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