Noticias del español

| |

| Luis Silva-Villar
www.impre.com (La Opinión, Los Angeles)
Lunes, 1 de junio del 2009

¿DE QUIÉN ES LA LENGUA?

Una reciente entrevista concedida por Víctor García de la Concha, presidente de la Real Academia Española (RAE) a la prensa de Costa Rica deja gran desazón. El deseo de que el español en el mundo sea uniforme choca con su diversidad.


El presidente de la RAE defiende tozudamente la unidad hispana de la lengua y trata su exuberante variedad como un enriquecimiento lícito. Por otro lado, conscientes de las diferencias dialectales, no debe de sorprender que haya extremistas que propongan eliminar de determinadas variedades lo discordante. Una especie de «limpieza étnico-lingüística».

Las palabras que el presidente de la Academia puso de ejemplo de diversidad referían a ciertos usos de «hasta» en México y zonas limítrofes: «En México dicen "Este comercio abre hasta las cinco", y significa que el comercio 'abrirá a las cinco', mientras que en España significa que 'cerrará a las cinco'». El presidente reduce la contradicción a separar «lo general» de «lo particular (de México)».

Las cosas empiezan mal cuando algunos califican un uso genuino del español —el del 'hasta' de México— como «vicio del idioma». Por ahí no vamos a ninguna parte. Estos autoproclamados «dueños del idioma» ven horrorizados que si todo es riqueza, como dice el presidente de la RAE, se da carta de naturaleza a «un vicio». Viene a cuento de la Nueva gramática académica del español, aún por publicarse.

La Nueva gramática es ejemplo mismo de un «quiero y no puedo». Si la gramática es descriptiva, se describe todo: el cómo es y el dónde se produce. Esta nueva gramática, sin embargo, es normativa y oficialista, esto es, que prima unos usos sobre otros. Y aquí es donde falla, pues se ordenan subjetivamente los diferentes usos.

La posición tradicional de la RAE no es muy democrática que digamos pues habitualmente se reduce a uso local el «abren hasta mañana» (con el significado de 'no abren hasta mañana'), que lo dicen cerca de la mitad de los hispanohablantes, pero no se hace lo correspondiente con, por ejemplo: «había muchas peleas», que lo dice uno de cada diez. ¿O sólo porque lo digan los de la Academia en España es aval suficiente? Que de ser verdad nos lleva a hablar de «hablantes de calidad» cuya opinión vale más.

La gramática de la lengua como «verdad» es más un asunto religioso que lingüístico. La lengua no es de nadie en particular, y por supuesto no es de todos pues significaría que sabemos lo que tenemos, lo que es falso. La lengua la aprendemos sin saber qué es lo que aprendemos ni cómo lo aprendemos, por eso nadie realmente la tiene en propiedad, ya que nadie puede mostrar qué es lo que realmente tiene. Ni siquiera los que la usan a diario y profesionalmente: académicos, periodistas y educadores, que se circunscriben a un amasijo heterodoxo-estilístico de costumbres heredadas, no de verdades.

Las verdades imposibles se entienden mejor si son tratadas como «objetos de estudio». Así, los que investiguen la lengua podrán llegar a saber algo de «su objeto», el resto es cosa de gusto y literatura.

La preocupación por la anarquía, por el miedo a «cada uno va a decir lo que le venga en gana», es sólo una postura teatrera. Nadie puede destruir la lengua porque tendría que saber primero cómo es, y además de ello, compartirlo con un colectivo que entendiera la magnitud de lo que se destruye. Y eso no entra ni en la ciencia ficción.

¡Hola!

¿Has buscado tu consulta?

Si no la encuentras, rellena nuestro formulario: