Noticias del español

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| Roberto Guzmán
Clave Digital, (Santo Domingo)
Martes, 11 de marzo del 2008

DE PALABRA EN PALABRA: GASTAR *CON

GASTAR *CON


«... que devolvió todo el dinero que gastó CON fondos de las entidades IMPLICADAS».


Si lo que hizo fue que reembolsó todo el dinero que gastó y que no le pertenecía, sino que pertenecía a fondos ajenos, de esas instituciones, entonces lo que hizo fue que devolvió el dinero que gastó DE los fondos de las instituciones implicadas.

Gastar «con» se usaría en los casos en que la persona gasta en compañía o con la compañía de otra. «Gastar con» puede utilizarse en los casos en que se indican los modos en que se gastaron los dineros. El ejemplo es, «gastó la fortuna con largueza».

Presumo que en casos como éste, se trata de una errata (o es ratón), pero como la redacción que se publica pasa a ser muchas veces modelo para quienes tienen dudas, fácilmente un pequeño error se convierte en un modelo a seguir. Lo anterior se menciona por aquello del efecto bola de nieve.

*NUTRICIONISTA

El vocablo del título está aceptado hoy como bueno y válido para designar la persona que ayuda a otras personas a confeccionar una dieta, especialmente aquellas personas que necesitan someterse a un régimen especial alimentario.

El diccionario de la Academia no registra la voz del epígrafe en su catálogo de vocablos de la lengua. De esta familia de palabras tenemos varias que son muy útiles en el lenguaje diario: Nutrir, nutrirse, nutricio, nutritivo, nutrimento, nutrición y otras que se alcanza a recordar.

El DIETISTA, según el Repertorio oficial de la lengua es: «Médico especialista en dietética». Hay que convenir en que en los tiempos que vuelan (ya no corren), las personas especialistas en las dietas no necesitan ser médicos para que se les reconozca autoridad profesional para confeccionar dietas para los enfermos y para los sanos también.

Como se puede apreciar mediante la explicación anterior, el término que debe preferirse para referirse a la persona de las dietas es DIETISTA y no el otro. La forma en que ha llegado la voz a nuestra lengua es desde los predios del inglés, porque los Estados Unidos de Norte América es el país que se mantiene a la cabeza en estos menesteres.

En algunos casos hay hablantes del español que usan la palabra *nutriólogo para mencionar al mismo personaje autor de las dietas. Este vocablo está más desconectado aún del espíritu de la lengua española que el anterior.

OFICIALES

«Los OFICIALES de la lotería dijeron que era difícil estimar el premio…»

Este vocablo, «oficial, oficiales», se usa de manera abusiva en los Estados Unidos entre las personas que hablan español. Entre otros casos, se le emplea en lugar de AGENTE, en las filas de la policía, por ejemplo.

Aquí tenemos otras opciones que se presentan para mejorar, o para hacer castizo el español que se usó. Estos no eran OFICIALES en el sentido que lo entendemos en nuestra lengua, por oposición a «oficioso», sino que se trataba de personas, por lo tanto se cree que lo conveniente era usar REPRESENTANTES.

Se recuerda que en otros tiempos a estas personas se les llamaba PORTAVOCES cuando tenían como misión hablar en nombre y representación de una organización. Como asunto curioso noten ustedes por favor como la evolución de los conceptos ha hecho cambiar la palabra usada para designar a estas personas.

En épocas pasadas se les llamaba PORTAVOCES porque se insistía en su capacidad para producir declaraciones en nombre de las instituciones. En la actualidad se les considera REPRESENTANTES porque no solamente ofrecen declaraciones para el público, sino que su persona misma está asociada a la institución a la cual «representan». De lo que se puede estar seguro es de que nunca van a ser «oficiales». No se puede olvidar tampoco que a algunos empleados que tienen como funciones establecer relaciones con los medios de comunicación de masas, se les llama RELACIONADORES PÚBLICOS, también se ha leído RELACIONISTA PÚBLICO. En el caso de la Lotería, si la persona desempeña un cargo público, a esa persona se le llama «funcionario», apuntó un amigo interesado en el asunto.

Pueden estar tranquilos los lectores, pues antes de expresar lo que antecede se revisó el Diccionario de la Lengua de la Real Academia de Madrid.

OPERACIÓN *QUIRÚRGICA

«… fue sometido a una OPERACIÓN QUIRÚRGICA en la que se le implantó…»

Después de escribir «operación» ya no hace falta usar lo de quirúrgica, porque en el inventario oficial de la lengua española consta que operar, en su segunda acepción, en materia de cirugía es: «Ejecutar sobre el cuerpo animal vivo, con ayuda de instrumentos adecuados, diversos actos curativos, como extirpar, amputar, implantar, corregir, coser, etc., órganos, miembros o tejidos».

Se piensa que tras transcribir el significado no vale la pena más que ponerle nombre al pecado en que incurrió aquí quien escribió el desacierto, eso es un «pleonasmo». No se olvida como el siempre recordado profesor Rafael A. Rojas llamaba este vicio: «repetición inútil».

En el caso del texto citado bastaba escribir: «… operación en la que se implantó…»

Tengo un amigo con fino sentido del humor que asegura que las personas que no llevan a la práctica lo aprendido en las aulas es porque «escriben de día, pero estudiaron de noche». De nada le sirven las lecciones aprendidas porque no las pueden aplicar durante el día.

Ahora un poco de humor para endulzar las penas del idioma. ¿Qué pez es el que lleva corbata? – El pescuezo. Esta broma sirve bien en el ámbito americano donde perdimos la diferencia en la pronunciación entre la zeta y la ese.

OPOSICIÓN

En materia de deportes, así como en otras competencias, los participantes tienden a ganar, NO a que los demás pierdan. Es decir, a ser mejores, a superar a los demás participantes.

Como consecuencia de la consideración anterior no resulta aceptable escribir que alguien ganó una competencia pese a la OPOSICIÓN de los demás. Lo que ocurrió en realidad es que quien ganó superó a los demás gracias a sus habilidades, a su destreza.

Se leyó que en una competencia de natación alguien «pulverizó a la oposición». Eso no cabe, pues la palabra oposición sirve para definir a las personas, más bien grupos, que se oponen a algo. En los deportes se trata de ser mejor, no de oponerse a que los otros ganen.

Por otra parte, si la competencia fue en el agua, no los «pulverizó», sino que los «liquidó». No los redujo a «polvo», sino a «líquido». La última parte tiene la intención de hacerles esbozar una sonrisa.

*QUIMOTERAPIA – QUIMIOTERAPIA

En las conversaciones diarias se escucha la primera de las dos palabras del título de esta sección. Esa palabra no es la correcta. La correcta es la segunda.

Sin pretensiones médicas, el Diccionario de autoridades del español lo define así: «f. Método curativo o profiláctico de las enfermedades, en especial de las infecciosas, por medio de productos químicos».

En el mismo artículo en que se encontró la falta de ortografía de la palabra del comentario, también se detectaron otros vocablos que aunque no aparecen en el diccionario oficial de la lengua, son de uso diario y necesario: «lipectomía» y mastectomía.

La primera de las dos últimas, en español, podría reemplazarse por ADIPECTOMÍA, porque en la raíz de ésta está la palabra clave, «adiposo», es decir formado de grasa, que es derivada del latín culto «adeps», «adipis», que era la forma como decían grasa en esa lengua. La raíz de lípido, es también grasa, como compuestos orgánicos, de ahí que en español tengamos varias palabras derivadas de esta raíz, tales como lipodistrofia, lipóideo, y la más importante en estos días, «lipoma», que en patología es el tumor formado de tejido adiposo.

Quizás haya que esperar hasta que la Academia en la próxima edición del diccionario incluya muchos de estos términos científicos que claman por su inclusión en el repertorio oficial de la lengua. Quizás la Digna de Madrid decida que en lugar de «lipectomía» quiere que se escriba «lipoctomía». Démosles el tiempo a las autoridades para que se pronuncien sobre estos asuntos. Mientras tanto, las circunstancias empujan a los hablantes a usar las palabras que más se les parezcan a las que existen en la lengua de la ciencia.

En el artículo que provocó estas consideraciones se encontró un error que cometieron cuando ortografiaron a mastectomía, pues salió *masectomía. Vale la pena que se mencione porque como se trata de masas (en inglés masses), lo que en español llamamos tumores (connotación negativa), algunos hablantes podrían pensar que el término legítimo es «masectomía». El procedimiento quirúrgico que se designa con el último término «mastectomía», es el que consiste en la extirpación de la mama.

RALEA

«Con ella, cientos de miles, de distintas RALEAS y nacionalidades, esperaron caer la noche y…»

Como el uso del término llamó la atención, lo que se hizo en este caso fue recurrir al «mataburros» y cual no sería la sorpresa al comprobar que la Docta Corporación de Madrid para el vocablo del título se expresa de este modo: «Especie, género, calidad // 2. despect. Aplicado a personas, raza, casta o linaje». Además, la Real de Madrid consigna otra significación en su diccionario, pero en cetrería, por lo tanto no viene al caso.

Lo que confirmó las sospechas que se tenían con respecto al empleo de «ralea» es la abreviatura que usa la Academia, despect., que sirve para indicar DESPECTIVO. Aún más, cuando la misma Corporación define el verbo RALEAR, en su tercera acepción, escribe: «En algunas partes, manifestar, descubrir uno con su porte SU MALA INCLINACIÓN Y RALEA». Las mayúsculas son mías.

Se recuerda, con relación a la palabra sometida a estudio, que en República Dominicana se le llama RALEA a la última parte del excremento que expulsa una persona que está sufriendo de diarrea. Sirve para expresar de ese modo que la persona que padece está a punto «de botar el forro», que está perdiendo los últimos líquidos de los intestinos.

Durante largo tiempo se había escuchado en español insultar o referirse despectivamente a una persona con la expresión «de la peor ralea» como semejante a «de la peor calaña». Que Dios nos ayude a no usar esta palabra a menos que sea para ofender y no por error.

RECOPILAR

«Las 2,500 firmas que Ortega-Menéndez ha RECOPILADO con su…»

Son muchas las cosas que no se alcanzan a entender. El uso de este verbo en este caso es otro ejemplo de ello.

Se pasa uno la vida pensando, diciendo y escribiendo que las firmas se RECOGEN. Para salir de dudas se dirige el sujeto al Diccionario Oficial y claro, dice: RECOPILAR «tr. Juntar en compendio, recoger o unir diversas cosas. Se usa especialmente hablando de escritos literarios».

Al hacer esto, el autor de estos comentarios se percata de que es un RECOPILADOR de entuertos ajenos. Fíjense bien que el Diccionario Mayor reza: DIVERSAS COSAS, mientras que la señora estaba recogiendo la misma cosa de varias personas, sin ningún ánimo de hacer una antología, sino para otros fines. Hay que tomar en cuenta también la intención que se persigue al recopilar material.

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