Noticias del español

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| Marcelo Arduz Ruiz, de la Academia de la Lengua
La Prensa, Bolivia
Viernes, 13 de agosto de 2010

CURIOSIDADES EN EL LENGUAJE: CALAMAR

Del italiano del siglo XV Calamaro, derivado del latín Calamarium: tintero portátil; etimología cuyo sentido resulta adecuado al referirse a la «tinta» o líquido negruzco segregado por el animal mediante una glándula recubierta por un cartílago interior, alargado y parecido a la pluma de un tintero, que cuando el animal es hostigado o perseguido, lo expulsa para enturbiar el agua de su entorno mientras huye velozmente. Los chipirones (crías) o «calamares en su tinta» constituyen uno de los más cotizados platillos de la cocina española.


Se trata de un cefalópodo (etimología que se refiere a tener las patas en la cabeza) provisto de diez tentáculos, a diferencia del pulpo que solamente cuenta con ocho, de los cuales dos son largos y delgados, terminados cada uno en una punta ensanchada y cuatro hileras de ventosas con anillos de borde duro y dentado, que los utiliza para capturar los peces y crustáceos de los que se alimenta. Los ojos, casi tan complejos como los humanos, están situados a ambos lados de la cabeza. Esta especie puede propulsarse hacia atrás expulsando agua por un sifón situado debajo la cabeza, y nadar rápidamente ondulando sus dos aletas caudales, contrayendo y relajando el manto, o simplemente dejándose llevar por la corriente.

Existen cerca de 400 especies de esta familia, variando su largo desde algo más de un centímetro, hasta alcanzar proporciones gigantescas en una variedad que habita en las profundidades oceánicas y casi nunca sale a la superficie. Es probable que en los fondos abismales existan ejemplares de tamaño capaz de hundir navíos enteros capturados por sus poderosos tentáculos, según lo muestran algunos grabados o estampas antiguas.

Entre las criaturas desconocidas de las que se ocupa la criptozoología, ciencia especializada en el estudio de la fauna oculta, en cuya lista se incluyen enormes serpientes marinas, el monstruo del lago Ness, el abominable hombre de las nieves (Yeti) e inclusive el J'ichi, que se supone habita en el fondo de las lagunas de la Amazonia boliviana; en el siglo XVIII, el obispo y naturista noruego Erik Pontoppidan, añadió en su manual de historia natural el Kraken, recogiendo relatos de los marineros del lugar, una colosal criatura provista de largos tentáculos…

Dos siglos más tarde, el 30 de noviembre de 1861, un navío francés cerca de Tenerife intentó capturar un gigantesco calamar de más de 20 metros que confirmaba la veracidad de aquellos relatos, siendo bautizado como Calamar Gigante (Architeuthis princeps), el mayor de los invertebrados existente en la actualidad; aunque todavía falta precisar si el gran cefalópodo permitió reinterpretar la leyenda o si el mítico animal condujo a deducir la existencia de una especie hasta entonces desconocida.

Contra lo que piensan los más escépticos, junto con el canguro, ornitorrinco, equidna, okapi, las ranas gigantes del Titicaca o el prehistórico celacanto, éste es un claro ejemplo de lo que con cierta regularidad la ciencia descubre y consigue clasificar como especies “nuevas”…

Más adelante se encontraron cadáveres arrojados por el mar que medían más de 20 m, y a juzgar por la amplitud de las cicatrices dejadas por sus ventosas sobre los cachalotes, algunos biólogos consideran que su tamaño podría sobrepasar de 60 metros, aunque ninguno de esos ejemplares ha sido sorprendido vivo al sostenerse que son capaces de detectar la proximidad de submarinos y refugiarse en simas donde la oscuridad es total y la presión resulta insoportable para otras especies…

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