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| Rodrigo Guerrero
elcolombiano.com, Colombia
Lunes, 21 de junio del 2010

CUIDADO CON EL LENGUAJE

No existe acuerdo en cuanto al momento en que los humanos comenzaron a utilizar el lenguaje, aunque la mayoría cree fue antes de las grandes migraciones africanas hacia Europa, hace 50.000 años. Lo que nadie niega es que el lenguaje es característica exclusivamente humana y que gracias a él la especie ha podido alcanzar altos niveles de desarrollo. Gracias al lenguaje podemos vivir en sociedad, declarar el amor y también la guerra.


Tanto la emisión de la palabra como su recepción son procesos de extraordinaria complejidad. Milisegundos después de escuchar una palabra, el cerebro ya la ha interpretado y nos ha transmitido la sensación o significado que asociamos con ella; luego, a través de una especie de directorio personal, le otorga el sentido preciso.

Al referirse a estas sutilezas en su libro La seducción de las palabras, Álex Grijelmo dice que la reacción a la primera palabra modifica hasta tal punto la reacción a la segunda, que ésta nunca podrá ya recuperar su sentido pleno, como no puede recuperarse totalmente el aroma de un frasco de perfume derramado.

El comportamiento es un rasgo propio de los animales y de los humanos, que tienen la posibilidad de actuar de una o de otra manera, pero nunca es propio de los eventos y por esa razón nadie habla del comportamiento de los terremotos. De esta peculiaridad del lenguaje se valen los políticos cuando hablan del «comportamiento de los homicidios». Al introducir el término comportamiento, de manera inconsciente y sutil, sugieren que los homicidios son independientes, que tienen la posibilidad de actuar por su propia cuenta y, de esa manera, liberan de su responsabilidad a quienes verdaderamente la tienen: los gobernantes.

Albert Bandura, un reconocido profesor de la Universidad de Standford, ha estudiado los mecanismos de desprendimiento moral, de los cuales se valen los humanos para perpetrar actos de barbarie contra miembros de su propia especie. Gracias a ellos el individuo anestesia su sentimiento de culpa cuando comete actos bárbaros, contrarios a sus creencias personales.

Entre los mecanismos descritos por Bandura están la justificación moral (son infieles, que merecen la muerte); o diluir o despersonalizar la responsabilidad (fue un acto de gobierno, o el conocido «¿quien mató al comendador? Todos a una señor»). Pero entre ellos hay algunos que se refieren especialmente al lenguaje como, por ejemplo, «desinfectar» el término, como hablar de interrupción del embarazo en vez de aborto; o minimizar los efectos destructivos de una bomba o acción militar, hablando del daño colateral.

Hay otro mecanismo que merece consideración aparte, dada la frecuencia con que se utiliza en Colombia, tanto por los insurgentes como por las autoridades civiles y militares. Se trata de «cosificar» al adversario, que gracias a un sustantivo lo despersonaliza y clasifica como un objeto despreciable del cual se puede prescindir. La guerrilla mata chulos, no soldados o policías. El ejército y la policía eliminan bandidos o terroristas, no ciudadanos colombianos, así estén al margen de la ley.

Qué bueno sería que con el nuevo Gobierno se inaugurara en Colombia una cultura de temperancia verbal en el cual el lenguaje reflejara la tolerancia propia del gobernante y no llevara mensajes sutiles que inciten a la violencia. Que se acabara el estilo camorrista que estimula la agresividad, como el de los publicitados insultos entre dos ex presidentes colombianos quienes, por la jerarquía de sus cargos, tienen la obligación de dar buen ejemplo, porque el pueblo los toma como modelos de identificación.

Qué bueno sería que los partes oficiales hablaran no de positivos sino de bajas causadas a personas al margen de la Ley, por parte de la Fuerza Pública en cumplimiento de la Constitución Nacional.

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