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| M. De La Corte (granadahoy.com)

«Cuando a nuestro idioma se le quita algo es como si nos lo quitaran del bolsillo»

El secretario de la RAE, que participa hoy en el Congreso de Asetel, denuncia la posliteratura, un tipo de literatura comercializada como tal pero que está a favor de un discurso «de encefalograma plano».

De niño nunca puso los codos sobre la mesa para memorizar las reglas del idioma. Darío Villanueva (Lugo, 1950), secretario de la Real Academia Española, las aprendió leyendo: «La ortografía que sé la mamé de la lectura». El libro que ahora le ocupa es la última obra que se ha traducido al español del Nobel V.S. Naipaul, Guerrilleros. Hoy participará en Granada en el I Congreso Internacional de la Asociación Española de Teoría de la Literatura (Asetel) con una ponencia que titula Canon y posliteratura.

¿Hará en su ponencia un listado de los autores imprescindibles?

-No será una conferencia expositiva de un asunto tan complicado como el canon entendido como una lista y que ya hizo en 1994 Harold Bloom. Mi ponencia es un cuestionamiento de los movimientos que precisamente han destruido el canon y han dejado un terreno vacío que se está llenando en un porcentaje ya significativo por algo que parece ser literatura pero que yo no creo que lo sea. La relación que voy a establecer es que precisamente tenemos que rescatar la vigencia del canon para combatir ese fraude de la literatura que no lo es, y a la que yo llamo posliteratura.

Aunque no vaya a hacer ese listado, ¿formaría Francisco Ayala parte de ese canon de autores que deberían ser referencia?

-Ayala es un escritor que está precisamente en las antípodas de esa posliteratura que se caracteriza por la banalidad, por la ausencia de estilos, por la absoluta prescindencia de contenidos intelectuales, de ambición expresiva o de las formas narrativas en general. Son obras que están a favor de un discurso absolutamente chato, de encefalograma plano, aparentemente muy abiertas y legibles pero que en el fondo son literatura de usar y tirar. Es una literatura que desaparece enseguida mientras la literatura auténtica tiene la voluntad contraria, la voluntad de perdurabilidad, como demuestra el caso de Ayala. Por lo tanto, quizás él sea el ejemplo mejor que tenemos a mano para demostrar lo contrario a lo que pueda ser la posliteratura.

¿Se refiere a la literatura cuyo soporte es la red?

-No, no hablo de los blogs de literatura en Internet. Me refiero a literatura comercializada como tal, como un producto que se vende con la etiqueta de literario pero que en realidad no lo es.

Además de la sucesión de García de la Concha, la RAE hizo también públicos hace poco los nuevos cambios ortográficos. A partir de ahora, quien puntúe el sólo referido al solamente ¿comete una falta de ortografía?

-No. El texto de la nueva ortografía es un magnífico tratado, un libro de unas 700 páginas. No hay en ninguna otra lengua europea un tratado tan completo y exhaustivo y tan justificado, argumentado y razonado de las convenciones ortográficas. Allí lo que se dice, según la lógica lingüística, es que esa tilde no es necesaria para distinguir el sólo adverbio del solo adjetivo, pero que dado que existe una tradición en ese uso distintivo y algunos hablantes creen la necesidad de establecer esa distinción eso no constituye ninguna falta de ortografía. Recuerdo que hace años se decía que tomar una aspirina todos los días era bueno para prevenir el infarto y yo un día le pregunté a mi médico. Él me dijo: «científicamente está demostrado que no es así. Si te apetece tomarla, tómala, no pasa nada».

Esa posibilidad favorece a quienes no lo tuvieran muy claro. ¿Actúa la RAE para que se cometan menos faltas?

-Lo único que hace la Academia es definir la lengua, intentar mejorar su uso, fijarla, darle esplendor y limpiarla de todo aquello que es innecesario. Pero no tiene ninguna voluntad coercitiva ni tiene un instrumento ejecutivo para perseguir a los que no acepten sus normas.

Se han añadido palabras que usted sugirió, como emprendimiento, pero también han desaparecido letras como la -ll o la -ch. No cree que, como pasó cuando Plutón dejó de ser un planeta, ¿la sociedad se siente un poco ajena a todos esos cambios?

-Es cierto. Hay una reacción perfectamente comprensible porque la lengua es uno de los bienes más radicalmente democráticos que existen. Todos nos sentimos dueños de nuestro propio idioma y legítitamente lo somos, por lo tanto cuando a nuestro idioma aparentemente se le quita algo es como si nos quitasen algo de nuestro propio bolsillo. Pero la -ll y la -ch no son letras son dígrafos, dos letras. Por lo tanto no se han quitado. En este tema hay algo de tempestad en un vaso de agua.

¿Abrevia usted también en los SMS? ¿Cree que es algo que perjudica al lenguaje?

-Si usted va a los manuscritos medievales encontrará muchísimas abreviaturas por la misma razón que las hay en los SMS: el tiempo y el dinero. El manuscrito había que escribirlo a mano y significaba horas y horas de trabajo por parte de los copistas que costaba mucho dinero. En el caso del SMS, el soporte es electrónico pero tiene su coste. Yo soy profesor de Universidad y a mí hasta ahora ningún estudiante me ha hecho ningún examen o un trabajo utilizando las mismas abreviaturas que utilizan cuando me envían algún SMS. Nos entendemos, que es de lo que se trata, y están totalmente delimitadas las dos posibilidades.

¿Qué recomendaciones daría a quienes legislan o se encargan de la educación?

-Creo que lo fundamental es considerar que la enseñanza de la lengua es absolutamente básica porque la sociedad existe por la comunicación y la relación entre las personas. La democracia también. El instrumento que tenemos para defender nuestros argumentos en democracia es la palabra frente a la violencia primitiva, por tanto cuando nosotros enseñamos lengua estamos haciéndonos dueños de un instrumento valiosísimo que sirve para comunicarse pero además para ser ciudadanos en plenitud.

¿Cómo imagina a los escritores del futuro?

-Yo no soy nada apocalíptico. No creo que haya que pensar que esto se acaba. Entonces, si la literatura con mayúsculas existe desde Homero a Ayala, no hay ninguna razón para pensar que a partir de ahora todo eso se desmorone y desaparezca. Siempre ha habido literatura de consumo, mucho más liviana, lo que ocurre hoy es que la industria del libro es tan rica que parece que les está comiendo todo el espacio a la literatura. Pero yo creo que la literatura de siempre, la que Antonio Machado definía como la palabra esencial en el tiempo, va a continuar porque además está vinculada a esa capacidad individual de usar el idioma. No creo que sea aventurado pensar que mientras exista un hombre o una mujer con talento y con dominio de un idioma habrá literatura.

Ahora que estamos en tiempos de entrevistas y mítines políticos, ¿con qué clase de discursos se lleva las manos a la cabeza?

-Hace ahora un año publiqué en una revista un artículo sobre la eficacia retórica de Barack Obama, con los discursos más importantes que pronunció hasta llegar a la presidencia de EE. UU. Lo que sostengo es que Obama, que es un gran comunicador, hace un uso verdaderamente magistral de los artificios de la retórica griega. En la sociedad más tecnificada del mundo, alguien, Barack Obama, ha llegado a la presidencia de los EE. UU. utilizando los mismos recursos que utilizaba Pericles en la Grecia de la Polis.

¿Pero hablan bien nuestros políticos?

-Hay de todo en la viña del señor. Lo que me sorprende negativamente es cuando algún político hace un uso zarrapastroso del idioma, y no digamos cuando demuestra un cierto desprecio hacia él. Si tengo que decir algún nombre, para no entrar en disputas que puedan molestar por referirme a políticos en ejercicio, nombraría a un político como Julio Anguita, un magnífico usuario del idioma.

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