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| Rafael Marrón González
correodelcaroni.com, Venezuela
Jueves, 24 de julio del 2008

CONSEJOS PARA ADECUAR EL LENGUAJE PERIODÍSTICO

Por su importancia para la depuración del lenguaje periodístico, cedo la página al profesor Alexis Márquez Rodríguez de incuestionable solvencia en el asunto para difundir las primeras cuatro entregas de la serie «Errores frecuentes en el lenguaje periodístico venezolano», que ha venido publicando en Noticiero Digital.


Advierte el profesor Alexis Márquez

«Los errores más frecuentes en el lenguaje periodístico y en el de los demás medios de comunicación residen en el mal uso de las preposiciones, quizás debido a que en nuestro idioma hay demasiadas preposiciones, muchas de las cuales tienen, además, numerosos y muy variados usos.

– Algunos errores de este tipo, por mal uso de las preposiciones, son sumamente conocidos, y hasta famosos. Uno de ellos es el llamado dequeísmo. Consiste en emplear la fórmula de que cuando la sintaxis exige que sólo se emplee la partícula que, sin la preposición de. El problema se da con ciertos verbos, por lo que para evitar el error hay que observar el verbo de que se trate, y saber si dicho verbo admite la fórmula de que o no. Generalmente se trata de verbos transitivos.

Recordemos que los verbos transitivos son los que llevan complemento directo, y su identificación es fácil si sabemos cómo conocer si está presente este complemento y cuál es. Supongamos que se trata del verbo decir. La conjugación de este verbo generalmente supone que hay «una cosa dicha», que es precisamente el complemento directo. Si construimos la frase «Yo digo que eso está mal hecho» observamos que hay «una cosa dicha», que es la frase «que eso está mal hecho»; ese es el complemento directo. Esta frase no lleva preposición de, en consecuencia, será un error decir «Yo digo de que eso está mal hecho». Lo mismo ocurre con el verbo pensar. Este verbo supone una cosa pensada, que sería el complemento directo: «Yo pienso que no conviene hacer eso». La cosas pensada, es decir, el complemento directo, «que no conviene hacer eso», no lleva la preposición de. Por tanto, sería un error decir «Yo pienso de que no conviene hacer eso».

La norma básica es que los verbos transitivos no admiten la preposición de antes de la partícula que con la cual empieza el complemento directo. Distinto es el caso de los verbos pronominales, que son los que se conjugan con ciertas formas del pronombre, como me, te, se, nos, os y se: «Yo me llamo», «Tú te equivocas», «Él se alaba», etc. Es frecuente que al conjugar estos verbos exijan la fórmula de que: «Yo me alegro de que vengan a mi casa”; «Tú te complaces de que ellos se vayan»; «Ella se acuerda de que tú la dejaste esperando». En los tres casos es obligatoria la preposición de seguida de que. Sin embargo, por temor a cometer el vicio del dequeísmo es frecuente que se suprima la preposición, con lo cual se cae en otro error, tan grave como el dequeísmo. Este nuevo error se comete por lo que los gramáticos llaman ultracorrección, y no hay duda de que se procede así por ignorancia. Pero poniendo un poquito de atención al hablar o escribir, ambos errores pueden evitarse.

El error se evita fácilmente observando que, en los ejemplos citados, «Yo me alegro de algo…», «Tú te complaces de algo…», «Ella se acuerda de algo…», y en todos esos casos ese algo comienza con que: «que vengan a mi casa», «que ellos se vayan», «que tú la dejaste esperando».

Error frecuente por mal uso de las preposiciones es la frase en base a

Se trata de usar la preposición a en lugar de otras que son las adecuadas: en base de…; con base en…; sobre la base de…. Una simple aplicación del sentido común mostrará el error.

Error frecuente por mal uso de la preposición hasta

Con la preposición hasta son muy comunes algunos errores.

Por ejemplo, en la frase «Estaremos en huelga hasta que no nos paguen lo que nos deben» se dice lo contrario de lo que se quiere decir: «Estaremos en huelga hasta que nos paguen…». En este caso se trata de señalar un plazo para que cese una acción: la huelga durará un tiempo determinado, como lo señala la preposición hasta.

¿Cuándo concluye ese plazo? Cuando les paguen lo que se les debe, no cuando «no» les paguen. Este error se debe a un cruce con la expresión equivalente «Estaremos en huelga mientras no nos paguen…». En este caso sí va el adverbio de negación, no, pues el adverbio mientras se refiere al tiempo que durará la acción de estar en huelga; en el otro caso, la preposición hasta señala el momento en que terminará la acción y la condición para que termine.

Lo aquí explicado vale también para la frase «Estaremos en huelga hasta tanto no nos paguen lo que nos deben». Aquí también se dice lo contrario de lo que se quiere decir, y la frase apropiada es «Estaremos en huelga hasta tanto nos paguen lo que nos deben», es decir, sin el adverbio de negación no. Con hasta se comete a menudo otro error, bastante peculiar, un error que se origina en México, donde lo cometen incluso los más notables periodistas y escritores. En la frase «hasta ayer fue que lo supe» un oyente o lector no mexicano entiende que la persona que habla sabía algo, pero curiosamente dejó de saberlo el día anterior, lo cual carece de sentido. Lo que se quiere decir se puede decir más sencillamente y sin ambigüedad: «ayer fue que (o cuando) lo supe». Lo más lamentable es que este grave y feo error los mexicanos lo han exportado a otros países, y ya es corriente en algunos centroamericanos. En Venezuela ya es posible hallarlo, cada vez más frecuentemente, en periódicos y otros medios de comunicación.

Error con el verbo motivar

A este tipo de error por mal uso de las preposiciones corresponde también uno muy frecuente, en frases construidas con el verbo motivar definido como «1. Dar causa o motivo para algo. 2. Dar o explicar la razón o motivo que se ha tenido para hacer algo» (DRAE). Se dice, por ejemplo, equivocadamente «El asesino actuó motivado a los celos». Una atenta observación permite definir que allí la preposición a está mal empleada, y que lo propio es usar la preposición por: «El asesino actuó motivado por los celos».

Es posible también que frases con este verbo sean incorrectas por mal uso del propio verbo: «La profesora no viene motivado a enfermedad». Aquí no es sólo la preposición a lo que está mal empleada, sino también el mismo verbo, en cuyo lugar debe emplearse otros: «La profesora no viene debido a enfermedad». O utilizar otro giro: «La profesora no viene porque está enferma».

Errores por el mal empleo del significado de ciertas palabras

Ocurre, por ejemplo, con el adjetivo sendos, que significa 'Uno o una para cada cual de dos o más personas o cosas' (DRAE): «Traje sendos regalos para mis tres hijos»; «Ellos viven en sendos apartamentos». Su significado determina que se use sólo en plural. Pero en Venezuela, sobre todo los jóvenes lo han convertido en un adjetivo ponderativo, para exaltar las virtudes de algo o alguien: «Senda nave la que se gasta Fulano»; «¡Hola, Fulana! Sendo novio te conseguiste».

Un caso peculiar es el del adjetivo palurdo, que en el habla popular ha sido convertido en balurdo. De palurdo dice el DRAE: 'Dicho por lo común de la gente del campo y de las aldeas: Tosca, grosera (…)', que es, más o menos, el significado con que también sobre todo los jóvenes aplican el vocablo balurdo.

El cambio de palurdo en balurdo parece ser por influencia del francés, pues en esta lengua nuestro palurdo equivale a balourd.

Últimamente se viene usando indebidamente la palabra experticia, empleándola como equivalente a experiencia, lo cual es un disparate: «Los médicos venezolanos poseen una gran experticia»; «Se busca personal con experticia». La palabra experticia se define en el DRAE como una 'prueba pericial', y se registra, por cierto, como un venezolanismo.

En efecto, en nuestro país una experticia es un medio de prueba en un proceso judicial o administrativo. Consiste en un informe de uno o más peritos o personas con amplios conocimientos en alguna materia, después de examinar algo que se ha sometido a su observación. Es común, por ejemplo, cuando ocurre un accidente de tránsito, que el o los vehículos accidentados se sometan a una experticia o examen por uno o varios peritos, para determinar y evaluar los daños sufridos y así determinar el monto del siniestro que deberá cubrir el seguro. En un juicio se pueden someter a experticia determinados lugares, libros de contabilidad, documentos, etc.

Este error se origina, sin duda, en que en inglés spertise significa 'habilidad, pericia' (VOX Chambers: English Learner’s Dictionary; Barcelona; 1990), lo que en español equivale a experiencia. Pero en nuestra lengua experticia no es, definitivamente, experiencia.

También por influencia del inglés se usa mal el verbo aplicar, atribuyéndole valor de aspirar o solicitar: «Yo apliqué para un cargo en la Cantv»: «Ella está aplicando a una beca de postgrado». En inglés to apply significa 'aplicar', y también 'solicitar', pero en castellano aplicar es sólo aplicar. Peor aún es el uso de aplicar que se oye mucho en estos días, en una cuña de televisión que termina diciendo: «Ciertas condiciones aplican», expresión absolutamente disparatada y sin sentido. Quizás se quiere decir «Ciertas condiciones son aplicables».

El error de usar mal el vocablo nivel, en la frase a nivel de…

Esta se ha convertido en una especie de latiguillo, tanto en el lenguaje oral como en el escrito. Abundan las frases absurdas, y aun estúpidas, de este tipo: «a nivel de libro…», «a nivel de religión…», «a nivel de sanciones…», «a nivel de obstáculos…», «a nivel de lo dicho…», «a nivel mundial…», «a nivel de sentimientos», «a nivel de matero…».

Todas son frases leídas u oídas a través de los medios. La última de ellas la oí recientemente en un excelente programa de Vale TV, de divulgación sobre la prevención del dengue. Un médico, que, por lo demás, lucía muy competente en su materia, hablaba de evitar los depósitos de agua al aire libre, y ejemplificaba, entre otras cosas, con el agua que se vierte en un matero para regar una planta.

Quizás la más extravagante sea «a nivel de perfume…», oída hace algún tiempo a una bella animadora de televisión. La expresión a nivel de… generalmente se refiere a un plano horizontal con respecto a una escala vertical, es decir, un plano horizontal que se halla situado a determinada altura dentro de una escala vertical. En un edificio, por ejemplo, un apartamento puede estar «a nivel del 4º piso». En una montaña puede hallarse algo «a nivel de la cumbre…».

La escala vertical puede referirse a planos no espaciales, sino de tipo ideal: en la organización del Estado puede haber hechos «a nivel municipal», «a nivel estadal» y «a nivel nacional», referidos a las jerarquías de los órganos del Poder Público. Pero no es válido decir «a nivel nacional» con el significado de 'todo el territorio nacional', ni tampoco «a nivel mundial» queriendo decir 'en todo el mundo'. Igualmente no sería válido decir que una decisión esté «a nivel de sentencia», pero sí que un asunto está «a nivel del TSJ».

Otras expresiones erradas

Es general la expresión impropia veintiún por ciento o veintiún personas, en lugar de veintiuno o veintiuna. Igualmente se dice mucho «mal práctica médica», en lugar de «mala práctica…». También se ha generalizado la expresión «a las 12 del mediodía». No se trata realmente de un error, sino de una redundancia innecesaria, pues basta decir «a las 12 del día».

Pero sí es un feo error decir «la una pasado el meridiano» en lugar de «la una de la tarde». Este error se origina en creer que la palabra latina meridiem significa 'meridiano', cuando lo que significa es 'mediodía'. De modo que postmeridiem significa 'pasado el mediodía', y no 'pasado el meridiano'.

Otra redundancia del mismo tipo, también muy frecuente, la hallamos en expresiones como pero sin embargo o en donde. Pero y sin embargo son conjunciones adversativas exactamente equivalentes. Asimismo la preposición en y el adverbio donde indican la misma noción de lugar, por lo que su repetición es innecesaria y a veces chocante».

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